Gustavo nunca había tenido problemas para relacionarse con las personas. Amable y sociable, sabía cómo encantar a quien se cruzara en su camino. Sin embargo, con Marcela, nada de eso había servido. Su desprecio lo había marcado profundamente, y aunque intentaba ocultarlo, el dolor seguía fresco.
En su nueva vida en otro país, lejos de todo lo conocido, Gustavo se refugiaba en el trabajo. Pero ni siquiera las largas jornadas podían distraerlo completamente de sus pensamientos.
—¿Gustavo? —La voz de Juan Pablo lo sacó de su ensimismamiento. Lo miraba desde el otro lado de la oficina con el ceño fruncido—. Te llamé tres veces.
—Perdón, estaba distraído. ¿Qué decías?
—Que esta noche vienen los chicos a cenar a casa. Alejandra quiere que tú también vayas.
—No lo sé, quizá pase un rato. —Gustavo fingió un interés que no sentía.
Juan Pablo se cruzó de brazos. —Deberías venir. Últimamente andas muy apagado. ¿Qué pasa contigo?
Gustavo suspiró. Sabía que su amigo no se conformaría con una respuesta superficial, pero no podía decirle la verdad.
—Nada. Me cuesta adaptarme. Extraño algunas cosas del país, eso es todo.
Juan Pablo lo miró con sospecha, pero decidió no insistir. Justo en ese momento, una joven pasante tropezó con Gustavo al entrar, derramando el café que llevaba en las manos sobre su camisa.
—¡Dios! —gritó Gustavo mientras intentaba apartarse la tela del cuerpo—. ¡Quema!
—¡Lo siento mucho! —balbuceó la joven, visiblemente nerviosa.
—¡Ya basta! Déjalo, no ayudas. —La impaciencia en la voz de Gustavo dejó claro que no estaba de humor para más contratiempos.
—Lisa, ve por una camisa de repuesto para Gustavo y llama a alguien para limpiar esto —ordenó Juan Pablo, intentando calmar la situación.
Lisa asintió y salió apresurada, mientras Gustavo bufaba de frustración.
—¿De dónde sacaste a esta chica? —preguntó, quitándose la camisa manchada.
—Es nueva. Está en periodo de prueba. —Juan Pablo sonrió de medio lado—. Aunque, si sigue así, tal vez no pase de hoy.
Antes de que Gustavo pudiera responder, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Alejandra y Marcela entraron juntas, pero fue Marcela quien se acercó rápidamente al percatarse del incidente.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó con una mezcla de preocupación y curiosidad.
Gustavo endureció su expresión al verla. Aunque no quería admitirlo, su presencia aún lo afectaba.
—Nada grave. Solo un pequeño accidente. —Su voz era fría, distante.
Marcela, sin embargo, no se dejó intimidar. Se acercó más y alzó una ceja al notar la camisa manchada.
—¿Estás bien? ¿Te quemaste? —Su tono mostraba una genuina preocupación que descolocó a Gustavo por un instante.
—Estoy bien, no te preocupes. —Desvió la mirada para evitar encontrarse con sus ojos.
Marcela dudó, pero antes de poder decir algo más, Lisa regresó con la camisa limpia.
—Señor, aquí tiene. De verdad, lo siento mucho. —Lisa extendió la prenda con manos temblorosas.
Gustavo tomó la camisa con brusquedad, pero al mirar a la joven, su semblante se suavizó.
—Está bien, Lisa. Solo ten más cuidado la próxima vez.
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No Eres Tú #03
ChickLitMarcela Peterson sobrevivió a un pasado lleno de sombras. Obligada a soportar lo impensable durante su infancia, logró escapar para reconstruir su vida, pero no sin pagar un precio: su corazón quedó encerrado tras muros de desconfianza y dureza. Aho...
