Si Gustavo pensaba que podría dormir tranquilo, estaba siendo un iluso. Su celular no dejaba de sonar insistentemente.
—¿Qué? —respondió molesto, sin siquiera mirar quién era.
—¿Dónde estás, Gustavo? —La voz de Alejandra lo obligó a mirar el reloj. Eran las siete de la noche.
—En mi casa, durmiendo... o al menos intentándolo —contestó con voz ronca.
—Sabes que te quiero mucho, pero no voy a soportar otro desplante. ¡Muévete, que te estamos esperando! —La famosa cena. La maldita cena de la que Juan Pablo le habló esa mañana.
—Hermano, de verdad, haz un esfuerzo. Está intensa, pero ven. Te necesitamos aquí —Ahora era Juan Pablo al teléfono.
—¡Carajo, Juan Pablo! Me choca que me hagan esto. —Se levantó de la cama malhumorado y colgó la llamada.
Casi al entrar al baño, el celular volvió a sonar.
—¿Qué pasa ahora? —gruñó, apenas conteniendo su irritación.
—Trae algo para tomar —pidió Alejandra con su tono habitual.
—Gracias a Dios no te hice caso cuando te conocí. De verdad, eres intensa. —Una carcajada se escuchó al otro lado de la línea, y, a pesar de todo, Gustavo sonrió.
—No tardes. —Y colgó.
Tras veinte minutos en el baño, ya estaba listo. Tomó una botella de vino del gabinete y, como por inercia, sacó un helado del congelador. No era para él, pero era un hábito que le había quedado desde su tiempo con Marcela. Este helado, sin embargo, tenía otro destinatario.
Al llegar, tocó el timbre. Una sonriente Alejandra le abrió la puerta.
—Gustavo, eres un amor. ¡Me muero de hambre, gracias por llegar! —Su tono sarcástico le arrancó una leve sonrisa.
—Perdóname la vida. Me quedé dormido. —Le entregó la botella de vino, pero mantuvo el helado en su otra mano.
—¿Y el helado? ¿No me lo vas a dar? —preguntó con una ceja levantada.
—No es para ti, es para... —Su frase quedó interrumpida por unos pequeños brazos que rodearon su pierna.
—¡Tiiitoooo! —La pequeña Paula entró en acción.
—¡Mi princesa! ¿Cómo estás? —La levantó con facilidad, sujetándola con el brazo libre.
—Bien —dijo ella, plantándole un beso en la mejilla.
—Mira lo que te traje. —Sus ojitos brillaron al ver el helado, arrancándole una sonrisa radiante.
Todos observaban la escena con ternura, excepto Marcela. Algo dentro de ella se removió. Verlo con Paula en brazos la hizo imaginar cómo sería Gustavo como padre. Este sería un momento difícil de sobrellevar.
—Buenas noches, disculpen la demora —dijo Gustavo al entregar a Paula a Juan Pablo y saludar a los presentes.
Alejandra, Camila, Lucía… y Marcela. A ella no la saludó con un beso. Solo un apretón de manos. La tensión entre ellos era evidente.
—Bueno, ¿me dirán por qué esta reunión tan obligatoria? —Preguntó con su habitual franqueza.
—Solo queríamos compartir con nuestros amigos —respondió Alejandra, pero Gustavo no le creyó.
—¿Y cuándo regresas a Venezuela? —La pregunta de Samuel cayó como un balde de agua fría.
Marcela tensó el cuerpo.
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No Eres Tú #03
ChickLitMarcela Peterson sobrevivió a un pasado lleno de sombras. Obligada a soportar lo impensable durante su infancia, logró escapar para reconstruir su vida, pero no sin pagar un precio: su corazón quedó encerrado tras muros de desconfianza y dureza. Aho...
