Capítulo 2.
Mi cabeza daba vueltas, no podía mover ni un solo músculo, sentía mucho dolor, cuando conseguí abrir mis ojos me encontré en una habitación color blanco, una vitrina con agujas de inyecciones me ayudó a saber dónde me encontraba, en la enfermería.
-¿Estás bien, cariño?
preguntó una dulce voz, asentí aunque no estaba bien del todo.
-¿Qué ha pasado?
pregunté mientras me sentaba en el borde de la cama mirando a la joven enfermera de algunos 35 años.
-Te encontraron desmayada en el baño de hombres.
¿Qué? No recordaba nada.
-¿En el ba-baño de hombres?
Levanté una ceja y ella asintió.
-¿Quieres que llame a tu padre?
Negué con la cabeza. No quería que él se preocupara, era un hombre muy díficil y mucho más hacerle decir una sola palabra.
-Me siento mucho mejor, gracias.
Me levanté de la camilla y salí de la enfermería, mi cabeza seguía dando vueltas, no sabía lo que me estaba pasando, miré el reloj mientras caminaba por el pasillo, indicaba la hora del almuerzo, así que debería buscar a Zeena en la cafetería, cuando llegué no fue fácil localizarla, busqué con la mirada por todas las mesas hasta encontrar una melena rubia brillante, mi querida hermana se veía muy feliz, su primer día y ya tenía su "bolita" de amigos, no me extrañaba de ella, pero entre ellos había alguien, uno de aspecto diferente que llamaba mi atención.
Zeena me miró entrecerrando los ojos, eso que me decía "¿qué carajo te ocurre?" me dí cuenta que todos se giraron de sus asientos para mirarme, estaba en una expresión congelada sin saber que hacer, me senté junto a Zeena cómo sí no hubiera pasado nada.
-¿Jeannie? ¿No te han enseñado a saludar? Oh, pero ¡qué tonta soy! He olvidado presentarte a Cedric. -Zeena le dedicó un guiño y una sonrisa de oreja a oreja, al callado chico que se encontraba sentado justo en frente mío y de ella.
Levanté la mirada tímidamente, noté cómo los ojos azules de este chico, Cedric, brillaban, parecían dos estrellas azules, aunque había algo familiar en ellos.
Él sonrió. Aunque su sonrisa no se veía amigable también traté de sonreír, pero no funcionó.
-Cedric también es nuevo en Whitclock, ¡cómo nosotras! ¿que coincidencia, no? -Mi hermana siguió parloteando acerca de él, se veía muy ilusionada.
Noté que él, me miraba fijamente, cómo sí tratara de encontrar algún secreto íntimo dentro de mí.
-Em, no me siento bien, creo que iré al tocador. -dije tratando de excusarme con urgencia de salir.
-Claro, yo te puedo acompañar. -intervino Cedric, yo no dije nada esta vez, y sólo salí de la cafetería caminando al baño.
El corredor era largo, me dolía la cabeza, me sentí débil, y Cedric no me daba buena espina, seguí caminando tratando de disimular que comenzaba a asustarme. Al llegar al baño fui a un lavabo y me lavé la cara, mirándome en el espejo. Las luces comenzaron a parpadear misteriosamente, traté de conservar la calma hasta que se apagaron completamente, busqué mi celular en mi bolsa pero no lo encontré.
-Ahora estamos solos.
Sentí un aliento cálido cerca de mi cuello, mi respiración ahora era agitada, ya no había calma.
-¿Quién eres? -dije firmemente sin moverme.
-Más bien, ¿qué no soy? puedo ser todo, Jeannie.
Cerré mis ojos para no dejar salir fácilmente las lágrimas.
-Dime, ¿qué hacías el otro día en el baño de hombres?
preguntó la misteriosa voz que se encontraba detrás de mí.
-No lo sé, me desmayé. -respondí y volvió la electricidad.
Salí limpiándome las lágrimas del baño y unos brazos me tomaron por detrás.
-¡Suéltame! -dije tratando de zafarme del agarre.
-Tranquila, ¿estás bien? soy yo -su voz era dulce, realmente lo era, lo miré a los ojos, era Cedric.
-Sí, estoy bien. -asentí y seguí su abrazo, me sentía tan segura en sus brazos, aunque algo me decía que nunca más sería así.
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En el mismo infierno.
Teen FictionCedric Rumsfeld es un chico especial, no es del todo humano cómo Jeannie cree qué es, está en Whitclock por una razón: Encontrar al Elemento. No tiene idea de qué pueda ser ¿Una persona o un objeto? Jeannie descubrirá pronto un secreto que los unirá...
