Luna

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«Nada de esto fue coincidencia
Sólo que puedo sentir que hoy
El mundo ya es diferente
Y es todo gracias a tu alegría.»


El Dios del Sol había regresado a su sitio de origen, al centro del palacio para restablecer los problemas que había provocado su ausencia, a pesar de haber sido de apenas unas cuantas horas, una noche mejor dicho. A pesar de que los demás astros parecieron estar realmente aferrados a regañarlo y tratar de convencer a los demás de que Ji Min no merecía dicho puesto, les gustara o no, él era la deidad del Sol.

No importaba que hicieran, puesto que a la vista de los humanos el Sol no había desaparecido en ningún momento, simplemente había caído la noche, provocando así que no existiese falta alguna a sus obligaciones. Aunque sabía que tenía sus consecuencias haber escapado de esa manera puesto que, desde ese momento, asignaron a alguien más que no fuese su hermano para estar vigilando que Ji Min no volviese a presentar un extraño “ataque” de nervios que lo hiciera huir.

Una parte si se sentía un tanto molesta, pues le era más difícil admirar a su querida Luna por las noches en que era quien se dedicaba a sus labores en la tierra. Aunque con el tiempo le dejaron en paz de nuevo.

Tal y como había prometido, había comenzado a componer, aunque de una manera algo torpe, música y letras. Canciones que en un principio eran bastante sencillas y muy básicas para cualquier oído, pero que al pasar del tiempo, se fueron convirtiendo en verdaderas melodías que salían desde su alma, siendo capaz de acompañar a las mismas con su voz.

«Quizá ha sido obra del universo
Simplemente tiene que haber sido así
You know, i know
Tú eres yo, yo soy tú.»


Nadie sabía qué le sucedía a Ji Min desde que había regresado.

El número de fiestas que antes se organizaban casi cada tercer día comenzaron a disminuir en una gran cantidad, al grado de reducirse a simples fiestas por cortesía, pero se había inundado de lleno con sus propias melodías, intentando lograr aquella que fuera lo suficientemente fuerte como sus sentimientos para poder llegar hasta oídos de su deidad adorada.

Entre los astros se pensaba y rumoreaba que Ji Min posiblemente tenía una enamorada en la Tierra, razón por la cual había huido un tiempo atrás a dicho lugar, pero fueron teorías que se abandonaron con el tiempo, ya que al parecer el dios rubio no mostraba interés en el hogar de los humanos, pero si le veían inmerso en aquellas canciones.

Aun así, jamás reveló a nadie para quién eran dichas melodías.

Existieron días de gran tranquilidad, en los cuales se dedicaba a la creación de la música y de poder tocar con la mayor calma y destreza del mundo. Hubo otros, sin embargo, en que sentía ganas de entregarse completamente, cantando con el corazón entre sus manos, declarándose de esa forma una y otra vez hacia la Luna.

También hubieron otros tantos en los cuales nada parecía ir a su favor, días en los que se quebraba, en los que su corazón ardía, de una forma cruelmente fría al pensar que jamás podría sentirse amado o hacer que su amor llegase hasta aquel que era su contrario en todo sentido. Eran aquellos días en los que cantaba despacio, se sentía débil gran parte del día y evitaba cualquier festejo para que nadie viese lo que sufría en esos momentos.

«Mi corazón se agita preocupado
El destino está celoso de tú y yo
Todo esto me tiene nervioso…»


Ji Min era capaz de entenderlo. Poco a poco, comenzaba a sentirse consumido por dentro, comenzaba a sentirse ahogado por la tristeza de saberse en un destino separado.

Eclipse «VMin»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora