Ichimatsu paseaba por las calles de Akatsuka, en silencio y soledad con la única compañía de sus propios pensamientos. Normalmente dejaba la mente en blanco, era capaz de hacerlo para relajarse por unas horas. Pero aquel día, no podía evitar reflexionar en algunas pequeñas cosas que se le pasaban de vez en cuando por la cabeza. Todas ellas, tenían que ver con Karamatsu. Quizás se equivocó, pero su cabeza lo veía correcto.
Si en el instituto se habían distanciado, ahora ni tan sólo se cruzaban más de un par de palabras. Y eso, si tenían la suerte de verse.
No es que estuviesen ocupados o saliesen. Ichimatsu se había dedicado a ignorar a Karamatsu durante años y éste parecía que ya se había rendido en cuanto a recuperar esa cercanía que ya estaba tan olvidada. Y el morado lo veía normal, él lo hubiese hecho años atrás.
Karamatsu había cambiado de nuevo, ésta vez, mucho más. Había crecido de nuevo y ahora vestía con ropa mucho más extraña y llamativa que en el instituto. Se comportaba como un chico narcisista y doloroso en opinión de sus hermanos. Y si antes estaba alejado de sus hermanos, ahora ellos eran quienes jamás le tenían en cuenta.
Siempre salía sólo y volvía de la misma forma. Algunas veces, se unía a los demás hermanos y volvía lastimado por esos mismos. Pero nadie parecía notarlo. Ichimatsu en cambio, se esforzaba por no destacar y sólo lo hacía más. Ahora él era mucho más callado y reservado, con una personalidad completamente aterradora y extraña.
Todos habían cambiado, pero los que más, habían sido ellos.
Dicen que las heridas más profundas son las que más te influyen. Te cambian o te ves forzado a hacerlo para tratar de olvidar. Y al parecer, lo habían puesto en práctica sin darse cuenta.
Pero eso no significaba que no tuviesen algún hermano cercano a ellos. Ichimatsu se había vuelto muy cercano a Jyushimatsu en los últimos años, a pesar de no tener nada que ver el uno con el otro. Y Karamatsu, podría decirse que se había vuelto más cercano a Todomatsu y Osomatsu.
Jyushimatsu era consciente de la situación por la que ambos estaban pasando. Especialmente, por la parte de Ichimatsu, el cual le había explicado todo lo que había sentido esos años. Sus inseguridades y miedos, el sentimiento tan extraño que sentía hacia el azul y lo asqueroso que pensaba que era.
Pero amarillo no lo veía asqueroso. Veía el amor que sentía hacia Karamatsu. Veía lo enamorado que estaba desde el principio de él. Y el sufrimiento de haber estado forzándose a odiarle por miedo a ese mismo amor que les unía.
Sacudió la cabeza al pensar en aquello y decidió volver rumbo a casa no sin antes pasar por el instituto donde habían ido de adolescentes.
Porqué te quiero, Ichimatsu.
De nuevo su voz resonaba en su cabeza, diciendo aquella frase que tanto odiaba y le molestaba. Era odiosa la manera en que su corazón se aceleraba y sus mejillas ardían con sólo pensar en la sonrisa de aquel idiota, con el ojo morado tras haberle defendido y algún que otro rasguño más en su rostro mientras decía aquello.
Sin duda alguna, lo odiaba.
Entró por la puerta principal sin tan siquiera avisar, caminando por el corto pasillo para reunirse con los demás. Había algo de alboroto en la sala de estar, por lo que dió por evidente que estarían allí. Pero parecía que estaban celebrando algo.
–¿¡Boda!? –exclamó con sorpresa el azul, quien habia sido de los últimos en enterarse de la gran noticia. Rodeó a su hermano en cuestión con el brazo por los hombros. –¡Congratulations, brother!
–¿Boda? ¿Quién...? –murmuró, confuso al ver todo el revuelo y una palabra que podía emocionar ya asustar a la gente como lo era boda.
–¡Ichimatsu nii-san, has vuelto! –exclamó el amarillo, corriendo hacia su hermano mayor para abrazarle con fuerza, haciéndole reír levemente al ver como su entusiasmo era más alto que lo habitual si eso era posible.
–¡Jyushimatsu se casa! –aclaró Osomatsu, orgulloso del quinto por ser el primero en encontrar pareja y casarse en un tiempo récord. Ichimatsu miró al de amarillo y esbozó una alegre sonrisa. No podía estar más feliz por él.
–Enhorabuena, Jyushimatsu. –le felicitó, acariciando su suave cabello con la mano en forma de enhorabuena mientras el menor reía con las mejillas sonrojadas.
–Tenéis que presentar una pareja en la boda. –informó, siguiendo el plan que habían ideado él y su novia, mirando a sus hermanos que parecían algo confusos. Sabían que a las bodas se iba con un acompañante, pero no sabía porque especificaba de aquella manera.
–Todos lo harán, ¿no? –cuestionó el de verde, para asegurarse de que su pensamiento era correcto.
–¡No, sólo vosotros! –dijo el de amarillo, con una sonrisa inocente, causando que todos los demás se mirasen algo confusos y sorprendidos.
–¿Por qué? –preguntó el más pequeño, ya que no entendía porqué ellos debían ser los únicos en llevar pareja de manera obligatoria.
–¡Os estoy haciendo un favor, hermanos! Podríais invitar a alguna persona especial, ¿no creéis? –cuestionó, con una mirada pícara que sólo dirigió a un sólo hermano para que ese mismo se diera cuenta de lo que quería decir con eso. Ichimatsu le dedicó una mirada también, pero de odio, pensando en una sola palabra.
Traidor.
–Invitaré a Totoko-chan pues. –comentó el de rojo, sacando unas risas a algunos de sus hermanos por su ocurrente comentario.
–¿Totoko-chan? Suerte con eso. –dijo Choromatsu, riendo con superioridad, haciendo que el mayor fruncida el ceño por su actitud tan egocéntrica e infantil.
–No seas idiota, Totoko-chan jamás iría contigo. A ella no le van los idiotas como tú, y probablemente ya tenga pareja. –dijo Todomatsu, burlándose, si cabía aún más, del primogénito que sólo miraba con desprecio a estos dos.
–¡Qué cruel! –se quejó, haciendo una mueca a ambos. –¿Y qué hay de ti, Choromatsu?
–No sé a quien invitar. ¿Todomatsu?
–Yo sí. Atsushi-kun será el afortunado. –dijo, sonriendo atrevido, ya que ya había pensado en invitarlo de todas maneras para tener una excusa para estar con él en un evento. Los otros dos lo obviaron asintiendo con la cabeza, y al ver que no decían nada más, el de morado se decidió por preguntar.
–¿Cómo es qué a Karamatsu y a mi ni tan sólo nos preguntáis? –preguntó, algo molesto. Pensaba que quizás se creían que ellos no tenían oportunidad con alguien o a alguna persona que invitar. Y eso le irritaba de alguna forma. Osomatsu miró a los dos chicos que tan confusos estaban y esbozó una sonrisa.
–Porqué sabemos que vais a ir juntos. –se decantó a hablar él en lugar de todos los presentes, que asentían conformes y con una enorme sonrisa. Los cuatro salieron de la habitación, dejándoles completamente a solas sin tan sólo avisar. Ichimatsu miró con odio la puerta por donde habían salido sus hermanos y rodó los ojos mientras resoplaba.
–Ichimatsu... No tienes que ir conmigo sino quieres. –dijo, rascando su nuca con nerviosismo e incomodidad por el comentario del mayor. No quería volver a estropear las cosas con el de morado, por lo que no intentaría nada.
–Sí quiero. –interrumpió, sorprendiendo al azul que miró con los ojos tremendamente abiertos por aquella respuesta. El morado se sonrojó violentamente al ver como le miraba con aquella expresión. –Quiero decir, no me queda otra, ¿no? –cuestionó, apartando la mirada un instante de él para disimular su rojez.
–Supongo. –se limitó a contestar con esa simple palabra, encogiéndose de hombros para tratar de ser indiferente. Pero su corazón latía a mil por hora. –Me alegro de como mínimo ser una opción. –sonrió. E Ichimatsu comprobó que, lo que más había cambiado de él, era su sonrisa. No era brillante y alegre. Algo dolida y triste, quizás.
–Callate.
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Smiling. | KaraIchi
FanfictionIchimatsu siempre ha estado enamorado del segundo de los hermanos, Karamatsu. Al ser hermanos, las cosas son confusas para él. ¿Qué hará ante esos sentimientos tan prohibidos y crecientes? Portada by @X_GreenEyes_X
