Estaba sorprendido. En realidad, más que eso. Practicamente estaba atontado todo el tiempo mirando a mi alrededor, cuestionándome si eso era real. Era tanta la fascinación que ni caminar podía, por lo que Hoseok debía conducirme por las calles. Sus padres iban por delante, hablando y parándose de vez en cuando a mirar algún escaparate.
ㅡCariño, creo que necesitamos estoㅡ. Dijo la mujer mirando un enorme armario.
Él rio.
ㅡNo, no lo creo. Tenemos la casa llena de armarios gigantes que no usamos para nada. Uno más sería un estorbo.
ㅡPero piénsalo bien, podríamos guardar todo tu material de carpintería.
Formó una fina linea con los labios y llevo una de sus manos a la barbilla. En aquel momento, la imagen de él desapareció, y en su lugar, Hoseok. Ahora ya veía más parecido entre él y su padre y, de alguna forma, aquello me pareció muy tierno.
ㅡTaehyungㅡ. Me susurró Hoseok. ㅡ¿Quieres ir a tomar algo?
ㅡOh, vale. Pero, ¿y tus padres?ㅡ. Me giré un instante para verlos y ambos seguían inmóviles delante del escaparate.
ㅡNo te preocupes. Nos llamaran para la hora de comer.
Sin esperar a que dijera nada, estiró de mi brazo y me metió en una calle poco transitada. La gente caminaba con más tranquilidad y algunos incluso estaban en el suelo leyendo o escuchando música. Me quedé asombrado. En Seul aquello era imposible de hacer a no ser que se fuera a alguna zona verde. La gente vivía con demasiada prisa.
No muy lejos, entramos en una pequeña cafetería totalmente reluciente, aunque, eso no fue lo que me sorprendió sino que, era una cafetería con gatos. Luego me fijé en que en frente había una casi igual pero de perros. Miré a Hoseok, un poco desconcertado, pero él estaba más atento en no acercarse mucho a los gatos que se acercaban. Yo inmediatamente cogí uno.
ㅡEeey, que mono eresㅡ. Le dije al gato. ㅡPareces un copito de nieve. Eso es. Eres Copito.
Hoseok miraba con desdén al pobre gato, como si le hubiera hecho algo horrible y ahora no pudiera perdonarle. Era muy gracioso. Me acerqué a él lentamente pero de inmediato se apartó más de un metro. Yo me rei, era un exagerado.
ㅡ¿Puedes bajar esa cosa?ㅡ. Apuntó Hoseok con la cabeza, quedándose de brazos cruzados en el lugar.
ㅡ¿Qué pasa si no lo hago?
Se quedó varios segundos pensativo para luego sonreir de lado.
ㅡNo me acercaré a ti en lo que queda de día.
ㅡ¡¿Qué?!ㅡ. Medio grité. De inmediato me tapé la boca.
Hoseok sonreía con malicia. Sabía que esa idea no me gustaba y parecía tener poco reparo en utilizarla contra mí.
ㅡQue si no bajas a esa cosa, no pienso acercarme a ti.
ㅡEres un exageradoㅡ. Farfullé. ㅡ¿Por qué no te gustan los gatos?
ㅡ¿Qué pregunta es esa?. Solo basta con mirarlos. Desbordan maldadㅡ. Dijo mirando fijamente a Copito, que se había acomodado en mis brazos.
ㅡMaldad es lo que tienes tú contra ellos.
ㅡEso no es cierto.
ㅡYa, claro. Y si no te gustan, ¿por qué me has traido aquí?
Su mirada cambió totalmente y se clavó en mí, poniéndome algo nervioso.
ㅡPor ti. No has tenido una buena experiencia con los perros y allí, hay muchos como el de aquella vez. No quiero que te pase nada ni que estés mal.
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