Parte 8

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Me queda una puerta, y por descarte sé que se trata de Yaiza. La echo abajo a patadas, porque ya no sé ni dónde tengo las llaves. Entro con todo, pero aquello es una trampa felina. Gatos y más gatos no paran de saltarme encima y arañarme, y no consigo encontrar a Yaiza. No está en el salón, no está en la cocina, no está en su habitación. Voy al cuarto de baño. Se ha suicidado en la bañera. Menos trabajo para mí.

La policía ya está subiendo, pero una vecina aún viva y envuelta en llamas los está retrasando. Se ve que Ely sigue viva, aunque si no muere a causa de las quemaduras, quedará en una cama como una berenjena achicharrada.

Vuelvo a donde se encontraba el cadáver de Sergio, y esta vez me pongo su ropa para intentar pasar desapercibido entre la pasma. Logro llegar hasta la entrada, cabizbajo.

Todo se está llenando de coches de policía, bomberos y ambulancias. Hay un furgón policial sin nadie en el interior, y me subo de estrangis. En cuanto arranco se percatan de lo sucedido, pero ya es tarde para detenerme. 

Próximo destino: el bar de Melany.

En el interior, están viendo por la tele todo lo sucedido en el bloque de edificios, tanto trabajadores como consumidores, sin tener la menor idea de que un furgón de policía está a punto de estrellarse contra la entrada. Entro como agua al Titanic y arraso con media docena de comensales. Samu, Yassir, Taliia...

Mel se encuentra en la cocina, preparando algo que no volverá a probar. Entro arrojando un cadáver a la puerta, porque de tanto irrumpir a patadas me duele la rodilla. Mel me lanza un cuchillo jamonero, pero se lo clava a Roc, que venía detrás de mí para intentar detenerme. Hago lo propio y le tiro vasos, platos y cubiertos. En ese intercambio de cerámica, nos abrimos brechas mutuamente en la cara, pero ya es hora de ir cerrando el chiringuito. Me voy a la zona de las freidoras, y le tiro aceite hirviendo en la cara. En apenas unos segundos le empiezan a salir pompas, y no para de gritar, parece el villano aquél de Robocop. Le agarro el rostro, aunque me queme la mano, y lo apoyo en una cortadora de carne. Empiezo a cortarle la mejilla en rodajas, y cuando llevo un par de filetes, irrumpe la policía y me dice que la suelte y levante las manos. Ya está más muerta que viva, así que la dejo caer. Me giro con las manos en la nuca y voy caminando lentamente hacia el tipo. A medio camino, intento agarrar un cuchillo, pero me cose a tiros y caigo de espaldas. 

Morí, pero con una sonrisa por haber logrado mi objetivo de venganza 😉

Aquí no hay quien mueraWhere stories live. Discover now