5 | Noticias de la primera derrota

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Un haz de luz pálida. Proveniente del único astro luminoso en la parte más alta del Infierno atravesaba el pórtico del costado derecho que se encontraba en frente de la puerta principal de un modesto palacio. El pórtico izquierdo permanecía inhóspito, carente al menos de una señal de vida. En la entrada, justo luego de las columnas que delimitaban el portón de acceso, dos centinelas se encargaban de atender alguna eventualidad inesperada mientras a una distancia moderada sobre el camino de acceso avanzaba un caballo de pelaje oscuro como el carbón... protegido por una coraza de metal que dejaba a la vista muy poco de su cuerpo.

-He traído un mensaje de última hora para la Líder-. El mensajero rompió el silencio del lugar en el que solo reinaba un silbido agudo producido por el viento incesante.

Los centinelas no mediaron palabra. Por medio de gestos se dieron a entender entre ellos y apoyando sus manos sobre las gruesas láminas metálicas que cubrían la entrada ejercieron la fuerza necesaria para permitirle el paso a quién montaba al cuadrúpedo. El mensajero intentó ser lo más rápido posible para cumplir con su labor. Dejó el caballo dentro de un reducido establo y luego se introdujo en el palacio, tras ser autorizado su acceso por otros dos centinelas también ubicados más allá de la muralla... oscura, aparentemente agónica y sin vida como el exterior, caminó sobre la extensa alfombra escarlata, mientras observaba a su alrededor.

De forma repentina, comenzaron a avistarse por las ventanas varios relámpagos, conformando juntos una tormenta seca, que empezó a caer sobre la árida tierra. El mensajero se vio sorprendido por el fenómeno muy a pesar de no ser algo nuevo para él. Consciente de que aquellos de su misma especie, que ostentaban rangos elevados en la estricta jerarquía de aquél lúgubre lugar, tenían la capacidad de alterar con su temperamento el ambiente a su alrededor. Encontró paz interior al entrar en razón. La luz de los rayos entraba por los tragaluces, Cada vez que lo hacían revelaban a medias una multitud de criaturas que flanqueaban los bordes de la alfombra... en medio de las columnas y cubiertos con el manto de las penumbras.

"No los mires a los ojos" se dijo así mismo el mensajero en aras de evitar el contacto visual con aquellos seres que poseían un temperamento volátil. A medida que avanzaba en las pupilas de estos empezaba a brotar un brillo amarillento. Y un murmullo suave fue acompañado el ruido de las descargas eléctricas. El visitante sólo deseaba salir de ahí lo antes posible. La situación se tornaba tensa y desagradable. Al fondo, podía vislumbrarse el destino final de su caminata sobre la alfombra. Era el trono de la Líder quien ya a lo lejos podía distinguirse sentada con una pierna cruzada y la cabeza sostenida por uno de sus brazos apoyado en la silla.

-¿Ya tenemos noticias sobre Asmodeo?-. La voz de la Líder, automáticamente silenció a los Akumas de los extremos. El eco consecuente de la arquitectura del palacio hizo que la voz se extendiera por toda la edificación. Hubo un efecto sonoro de ultratumba. El mensajero se detuvo frente a la silla y se inclinó mostrando el debido respeto ante su superior.

-No precisamente Señora. Aún esperamos el reporte de su subordinado.

La Líder frunció el ceño. Cambió a una postura más seria. Empuñó la mano y golpeó el brazo de la silla con brusquedad.

-Eso significa que el inútil ha fracasado.

-Puede que haya tenido contratiempos allá en el mundo terrenal.

-¿puede? -La Líder se impulsó hacía adelante, apoyándose con fuerza sobre la silla. -Estoy casi segura de eso.

-El Amo... -La voz temblorosa del mensajero fue interrumpida.

-Dile al Amo que esto apenas inicia. Aún tengo movimientos por hacer.

Antes de que el mensajero intentara responder la Líder se trasladó rápidamente hasta el frente de él. El movimiento solo consumió una fracción de segundos, nada más parpadear y el mensajero ya tenía frente a frente a la anfitriona.

-Señora-Dijo atemorizado mientras su mirada se levantaba lentamente hasta resultar en un contacto visual intimidante para el mensajero- resulta que es una orden directa.

-No repetiré lo que tienes que decirle al Amo de mi parte ¿Entendido?

El mensajero agitó su cabeza en forma de aprobación volvió a erguirse y dio unos cuantos pasos hacia atrás. Estando a una distancia de varios metros de su superiora dio la vuelta y con pasos acelerados se retiró del lugar.

La Líder no despegó la mirada del temeroso sujeto hasta haber abandonado el palacio. Volteó en dirección hacia el trono y dando la espalda a los demás Akumas lanzó un suspiro con mucha fuerza. Parecía como si se hubiese quitado un objeto pesado, solo para volverlo a ubicar otra vez en sus hombros.

-Belcebú-. Dijo la Líder en un tono de voz fuerte.

-Sí, Mi Señora.

-Prepárate. Ha llegado tu momento de partir y acompañar a Belfegor... Aquél ya está en camino.

-Como usted ordene-. Detrás del trono había una cortina con una tonalidad vinotinto la cual se fue deslizando lentamente. Del interior apareció el Akuma, que había llamado La Líder por su nombre de pila y su imagen era repugnante.

Belcebú también conservaba una apariencia humanoide pero con unos cuantos rasgos que le hacían sobresalir aún en compañía de otros de su especie. Su cuerpo padecía de una obesidad mórbida que no era bien vista por nadie que lo tuviera en frente. La piel cargaba un color amarillo mostaza. Tenía una voz rasposa y sus movimientos eran lentos... como si los premeditara uno por uno. El Akuma gordo acostumbraba a estar siempre mordisqueando o tragando alimentos.

-No me decepciones-. Le dijo la Líder luego de caminar hasta él y tenerlo en frente. Posó su mano sobre el hombro disparándole una mirada sería difícil de ablandar.

-Haré mi mejor esfuerzo-. Respondió el Akuma mientras dibujaba una sonrisa para su superiora.

Un coro de alaridos se levantó dentro del palacio. Provenía de todos los semejantes que estaban allí junto a Belcebú y la Líder. Esta tomó el látigo, lo agitó con fuerza mientras el inmenso cuerpo del subordinado comenzó a soltar un brillo de luz negra... desapareció en cuestión de segundos. El barullo de los demás calló ipso facto.

La Líder disfrutó por un momento del silencio estando aún de pie. Volvió a tomar posesión del trono postrándose sobre el cojín que amortiguaba su peso y la separaba del áspero mueble.

Una última centella pudo avistarse en la ventana y la calma volvió a apoderarse del Palacio. "Solo espero no tener que involucrar a Legión. Eso resultaría un poco problemático". Pensó la Líder mientras intentaba mantener la calma para desviar sus pensamientos del fracaso que le hicieran perder la credibilidad ante el Amo. Su importancia en aquél mundo estaba en juego y dependía de ella y de los suyos demostrar su valía.

Artilughia | Los Estigmas DefinitivosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora