La oscuridad.

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Eran las 00:00 de la medianoche, y el micro por fin había arrancado. Tato y Gabi decidieron ver una película de terror, mientras comían las golosinas que compraron hace unos minutos. El menor estaba aferrado al brazo del rizado, y tenía miedo, aunque lo negaba. — ¿Vemos otra peli? — preguntó Gabi. El pequeño lo miró, y le bastó para saber que la respuesta era afirmativa. — Bueno, a ver, elegí una vos — ordenó. — No sé que ver, me aburro fácilmente, mejor hablemos. — dijo.

— Gabriel: ¿De qué queres hablar?
— Renato: No sé, de vos.
— Gabriel: Ya sabes todo de mi.
— Renato: ¿Seguro?
— Gabriel: Y si, bah, me olvidé de contarte que terminé con Antonella.

Renato odiaba admitir esto, pero el pecho se le llenó de felicidad cuando escuchó eso. — Uh, que mal che — dijo, tratando de sonar triste. — No hagas como que te pone mal, sé que no es así. Y yo tampoco voy a fingir estar mal, fue un alivio terminar esa relación. — el pequeño lo quedó mirando, entraron en la ruta, y todo era oscuridad. — Un alivio... ¿Por qué? — preguntó, mientras se acercó más al mayor. — Porque no la quiero más, y estaba en una mentira. — contestó, acariciandole la cara, caricia que recibió con gusto, mientras cerraba los ojos. — Está todo muy oscuro — cambió de tema. — Vos iluminas hasta la mayor oscuridad existente Renato — le contestó, mientras lo tomó del brazo para invitarlo a que se siente encima de él, el otro aceptó con gusto, y se sentó sobre las piernas del rizado, mientras éste lo tomaba de la cintura. — ¿Y ahora? — preguntó el pequeño. — ¿Y ahora qué? — contestó con otra pregunta el mayor, tomándolo de la nuca, acercando sus rostros, para quedar sólo a centímetros, sus respiraciones se tornaron pesados en cuestión de segundos, esto era lo que se causaban mutuamente, se agitaban tan sólo con un acercamiento.
— ¿Ahora vas a seguir conteniendote conmigo? Porque yo no aguato más — Gabriel sonrió, viendo como Renato se pasaba la lengua por el labio superior, para luego mordersela formando una sonrisa — ¿Qué no aguantas? — preguntó, haciéndose el desentendido — Las ganas de que me comas la boca — contestó, haciendo que Gabriel pierda la cordura, acortando toda distancia, uniendo sus labios en un beso deseperado, en un beso que contenía demasiada pasión.

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