Ésta historia ocurrió en un área rural, muy apartada y muy solitaria en un pueblito casi olvidado.
Sam Holland era un muy buen niño, un chico fuera de serie, un buen muchacho, al que la vida no agració.
Él nació pobre, y era la peor clase de pobre, porque venía de una familia rota que alguna vez tuvieron la oportunidad de pertenecer a la clase media. Su padre Dominic Holland había muerto hacía mucho, su madre era una mujer que estaba sola. Vivían en un trailer sin luz, afortunadamente la señora tenía un buen amigo, quien era alguien adinerado y tenía una propiedad; un área de muchas hectáreas. Éste hombre dejaba a Nikki y a Sam quedarse en los campos de la propiedad. La mujer podía estacionar el trailer ahí y evitar pagar impuestos municipales.
Afortunadamente, a unos veinte o treinta metros del trailer había un caseta bien pequeña como un cuarto y sí tenía luz. Había un camino pavimentado que estaba cerca del tráiler, iba hasta la casita y después se perdía una milla más allá donde estaba la casa del señor. Había también una cerca de dos metros y detrás un perro que era bastante peligroso. Sam le tenía miedo, pero él lo entendía porque según el dueño había sido maltratado por niños.
Sam jugaba mucho en esa caseta, donde tenía luz y electricidad. Él jugaba con su Sega Genesis instalado con un televisor viejo. A menudo, él invitaba a su mejor amigo Jacobo, pero esta vez durante un fin de semana lo invitó a dormir y a jugar con él al Sega Genesis.
Aproximadamente a las seis de la tarde pusieron Sonic 3 para jugar y se quedaron jugando hasta terminarlo como a las dos de la mañana, pero no estaban cansados, ellos querían seguir jugando a otros juegos. Su madre ya se había acostado a dormir en el trailer y los niños jugaban, jugaban y jugaban. De repente, Sam escucha algo, algo que viene de los árboles que apenas se pueden ver, tenuemente, acompañado por la luz de la luna, un ruido extraño de algo que se venía acercando. La caseta no tenía ventanas pero él lo pudo escuchar.
-¿No escuchaste eso?- le pregunta a Jacobo.
Y él estaba más concentrado en el juego que en otra cosa así que le respondió:
-No, no escuché nada.
Pero de repente el sonido se hizo más duro, y esta vez Jacobo lo escuchó pero no le dio importancia. Siguieron jugando hasta que pasó media hora. Hacía frío, tanto que hacía tiritar a los dos infantes. Jacobo suelta el mando y pone en pausa el juego.
-Mira, necesito ir al baño.
Pero el baño quedaba en el trailer, no había un baño existente en la casita en la que se encontraban.
-OK, te espero aquí- responde Sam un tanto desinteresado, más interesado por el juego, por la pantalla delante suyo.
Jacobo se va y Sam se queda jugando, pasa un rato y él es muy consciente del tiempo como solo un niño puede serlo. Y considera que Jacobo se está tardando mucho. Con el mando, pone pausa, lo deja sobre la alfombra, se pone de pie y se dispone de ir a buscar a Jacobo.
Abre la puerta y pega un grito, porque Jacobo estaba ahí, parado en la entrada y encarando la puerta con los ojos muy grandes y en un silencio total, como si fuera una estatua o un muñeco, con la mirada perdida y completamente quieto. Sam da dos pasos hacia atrás, llevándose la mano al pecho.
- Maldición, me asustaste, ¿qué te pasa?- Él interpreta eso como que Jacobo le quiere jugar un broma- ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? Ya, deja la estupidez.
Sam rodea los ojos con fastidio porque Jacobo no reacciona.
-Voy a buscar algo de comer y aprovecho para ir también al baño
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One Shots: Te Regalo Una Vida (Tom Holland y tú)
FanficDesde princesas, dragones y fantasmas hasta la más cruda y firme realidad ¿Te atreves a sumergirte en un mundo de posibilidades con el señor Tom Holland?