Capítulo 7

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"La manera más rápida de finalizar una guerra es perderla" George Orwell

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Ya pasadas varias horas desde que había despertado, el sol estaba justo encima de la torre, por lo que apenas entraba por la ventana y el calor era tan insoportable por la falla de eléctrica de la última semana que, además de ser insoportable, gracias a ella, Tanner perdió 3 ventiladores y 1 monitor. Después de intentos inútiles , que llevaron toda la mañana, acerca de buscar anomalías dentro del aparato, Tanner lo había dejado y junto con frustración se llevo a la boca otra taza de café, que por algua razón era más amarga que la anterior.

Por el disgusto, el chico prosiguió a vaciar la taza y volverla llenar, procurando ponerle dos cucharadas más de azúcar, que en vez de hacer que supiera mejor, hizo un brebaje agridulce demasiado asqueroso para él. Lo escupió en la misma taza y se dirijió al baño para lavarse los dientes y contrarrestar la horrible sensación que había dejado en su boca la bebida.

Tomando asiento otra vez en la silla, revisó por vigésima vez el aparato del oficial, era un celular común y corriente, las fotos eran de su familia y una que otra eran de él con sus amigos, nada más. Harto de ver la simplicidad del celular, lo aventó al sillón color crema mientras tecleaba unas palabrerías en su laptop cuando una noticia en la pantalla cintiló brillante captando su entera atención, era una alerta, como la de incendios, pero el ruido no era proveniente de la pantalla sino del celular arrumbado en el mueble.

De entre los cojines, alcanzó el celular y este comenzó con una señal débil de radio que, conforme se acercaba a la ventana se hacía más audible.

"~Todas las unidades a las afueras de New Jersey, es una base clandestina~"

Tanner no debía de ecuchar más, tenía que llegar allí antes que nadie. Sin siquiera apagar las computadoras, el pelinegro salió de la casa y camino al garage para encender el mazda y salir lo más pronto posible ya que New Jersey estaba muy lejos y el tiempo se estaba agotando.

El viaje agotador y bajo el veraniego sol de media tarde, era sinónimo de una jaqueca dolorosa y molesta que le causaba unas puntadas en su cabeza. Se detuvo bajo la sombra de un árbol cuando hubo llegado a la ciudad de New Jersey, era fría e inhóspita, en pocas palabras escalofríante. Tanner decidió caminar hasta el lugar, ya que si volvía a entrar al auto probablemente se insolaría y terminaría en el hospital.

Vago un rato por las solitarias calles mientras el sol caía y era cubierto por las cúspides de los apartamentos, iba cayendo la noche y si algo sabía el chico, es que nadie sobrevive una noche desolado y sin protección, y menos en los barrios de mala muerte en los que se estaba adentrando. Caminó hasta dar con una puerta que asemejaba la boca entreabierta de un payaso, espeluznante.

Las demás patrullas que rodeaban el perímetro, no eran más que viejos cacharros que ni siquiera podían cerrarse bien, no le costó abrir la parte trasera de una y sacar el uniforme y el chaleco que estaban adentro. Se cambió tras un bote con forma de pato y guardo el resto de la ropa dentro de la maleta. <<Al menos no moriré por una bala>> se dijo a sí mismo al ponerse el chaleco y la gorra.

Tomando fotos de todo lo que pudiese, no le costó saber que de alguna manera el desastre del parque no era por estar abandonado una gran cantidad de años, sabía distinguir el óxido narural del provocado por químicos y los juegos, que fue lo más sorprendente, tenían un perfecto funcionamiento, el único problema era la electricidad, se necesitaría la energía del barrio entero para poder encender la rueda de la fortuna.

Policías y agentes federales corrían y llevaban papeleo de extremo a extremo del terreno, al parecer nadie notaba a Tanner, aquello era bueno, bastante increíble, pero al parecer lo que encontraron era algo más que drogas o petróleo, nadie haría todo este teatro para ocultar algo tan simple como aquello.

Pretty DangerousDonde viven las historias. Descúbrelo ahora