LXXVIII

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Tu madre me visitó hoy.

Preparó un exquisito almuerzo de domingo para dos.

Cada vez que ella y yo nos reunimos en algún sitio, me siento bien.

Es agradable estar con la única persona en la tierra que me entiende.

Y como ya te imaginarás, tu nombre sale de nuestras bocas en reiteradas ocasiones, hasta que acabas siendo el tema principal de conversación.

Aún sigo conociéndote, cada vez que ella me cuenta de cómo eras de pequeño, tus fobias, tus tristezas y también tus momentos de felicidad.

Y aunque ya no estés, sigues siendo la pieza que nos une.

Ojalá pudiéramos seguir compartiendo los tres, tal como lo hacíamos antes.

Pero por desgracia ahora solo es almuerzo para dos...

- Un casi alegre Wonho

Miss Ur BreathDonde viven las historias. Descúbrelo ahora