Renesmee Cullen tiene una corta edad cuyo número nadie creería al compararlo con su apariencia de estudiante de instituto y sus inteligentes y maduras palabras.
Y es que ciertamente, si Nessie no se ve como se debería de ver a su edad ella tampoco s...
Debo decir que el aroma que invadió el ámbiente tan repentinamente resultaba familiar, pero no podía récordar a quien pertenecía tal rastro y siendo sincera no sabía que asustaba más, si conocer los dueños del aroma considerando la idea de que podrían ser nuestros enemigos, o simplemente que fuéramos visitados por completos desconocidos.
Me encontraba en mi escritorio cerciorandome si todas mis tareas del instituto habían sido hechas mientras Jacob jugaba con Wavy sobre el pequeño sofá de mi habitación, al girarme pude que ver que como yo, el notaba la presencia de los visitantes.
Escuché a mis padres atravesar la sala a paso ligero para salir de la casa, no tarde en seguirlos con Jacob pisándome los talones.
– siento que ya conozco ese aroma. – comento Jacob, parándose junto a nosotros y, como nosotros, dirigiendo su mirada a los árboles, por los cuales escasos minutos atrás habían pasado los forasteros dejando el rastro tras ellos.
– yo también. – comentamos mamá y yo al unísono.
– creo saber quiénes son. – dijo mi padre internándose en el bosque con nosotros detrás de él.
Terminamos frente a la casa de mis abuelos los cuales junto a todos mis tíos ahora estaban formando un grupo en las escaleras del frente, dirigiendo una carismática sonrisa a una mujer morena de cabello rizado acompañada por un muchacho con su mismo tono de piel, dejaron de mirar el frente de la casa para girarse, dedicando sus pulcras sonrisas hacia nosotros ahora, entonces los recordé, se trataba de Nahuel acompañado de su tía Huilen, los testigos claves en nuestro enfrentamiento contra los Vulturis. Nahuel había cortado su cabello y había dejado de vestirse como si fuera parte de una tribu al igual que su tía, fue solo cuestión de segundos para que todos rodearamos a los recién llegado, emocionados por volver a verlos.
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– ¡Dios! Has crecido tanto. – exclamó Nahuel, abrazandome sin previo aviso y tomándome por sorpresa, fue tan solo cuestión de segundos para que Jacob gruñera en su dirección.