Día 1: Primer encuentro.

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Día de adopciones.

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Aquel día no parecía ser uno fuera de lo común. Keith había despertado a la misma hora de siempre, había viajado en el mismo transporte que lo llevaría a su universidad para tomar las mismas clases de siempre. Había hablado con las personas de siempre y había ignorado al resto, como era común. Realmente no parecía ser un día especial.

Excepto, claro, que sí lo era. O al menos eso era de lo que Pidge, su mejor amiga, lo había tratado de convencer.

—¡Es día de adopciones, Keith! —había exclamado la chica apenas lo había visto. Como si no hubiera mencionado lo mismo cada día por las últimas dos semanas.

Pidge era voluntaria en un refugio de animales desde hacía un par de meses, y se le veía bastante feliz con aquel trabajo. Aunque nunca hubiera imaginado que su amiga nerd y gruñona se sintiera tan feliz rodeada de un montón de animales ruidosos. Keith se lo había mencionado muchas veces, a lo que Pidge solo había respondido que "era mucho más divertido de lo que sonaba".

Era la primera vez que Pidge estaría en el día de adopciones y decir que estaba eufórica era quedarse corto. Y había sido tan insistente al pedirle a Keith que asistiera, que al final este no tuvo más que aceptar.

—¡Va a ser divertido! Tal vez encuentres un buen amigo hoy —había dicho emocionada cuando Keith aceptó pasar por el refugio después de sus clases particulares.

Y entonces ahí estaba, parado frente al pequeño edificio que servía como refugio. Se veía bastante colorido y alegre, había letreros por todas partes e incluso algunas fotografías de los animales que tenían en adopción. Pero no había tantas personas como creía... en realidad, el lugar se veía algo vacío.

Keith había pensado antes en no entrar, decirle a su amiga que había surgido una emergencia y le había sido imposible ir... pero, al ver que el lugar estaba tan vacío, sintió un poco de pena por el poco éxito que parecían tener ese día, por lo que pensó que no perdía nada si se daba una vuelta. Pero tampoco le emocionaba la idea... ni siquiera estaba seguro de que le gustaran los perros, o los gatos. Aún así, entró sin vacilar al lugar.

Lo primero que hizo fue buscar a Pidge con la mirada, pero no logró encontrarla en ningún lado. En su lugar, su mirada se encontró con alguien más: un chico, un poco mayor que él, que nunca en su vida había visto, pero que captó su atención al instante. Él no era el tipo de persona que prestaba mucha atención al físico de las personas, pero aquel desconocido era innegablemente guapo. Demasiado guapo para ser verdad. Tal vez se debía a la cicatriz que atravesaba su nariz, o a que su cabello era totalmente blanco, a pesar de que aún parecía ser bastante joven; o a su brazo prostético... o tal vez al hecho de que, a pesar de que se podría pensar que era un chico rudo, parecía ser alguien extremadamente amable y dulce. Sin duda, su presencia era algo que no se podía ignorar.

Keith supuso que era un trabajador del lugar, pues usaba una playera con el logotipo del refugio, idéntica a la que su amiga solía usar. También llevaba un distintivo con su nombre, pero Keith no logró leerlo desde donde estaba. Mientras se acercaba hacia el escritorio en el que chico estaba apoyado, Keith notó la mirada del otro sobre él, por lo que trató de evitarla en todo momento, al menos hasta que estuvo lo suficientemente cerca del otro.

—¡H-Hola! —el chico titubeó en su hablar apenas sus ojos se encontraron con los suyos. A Keith le pareció bastante divertido que un chico mucho más alto y musculoso que él pudiera sentirse intimidado por alguien como Keith, pero claramente no lo mencionó. Simplemente dejó que continuara hablando.— ¿Vienes a ver nuestras mascotas? ¿Estás interesado en adoptar?

Sheith: Fluff Month. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora