Eran las tres de la tarde, cuando un joven de inusual nariz alargaba caminaba por las calles empedradas más alejadas de la ciudad con destino a la casa de su mejor amigo.
Su pasó lento se debía al insensate calor que volvía sus movimientos más torpes. El sudor goteante producto de verano lo incomodo al sentir la ropa pegarse a su cuerpo con una sensación ciertamente molesta.
Bajo su brazo descansaban sus libretas de coloridas portadas flouresentes, las cuales contenían los apuntes que ese día había realizado en la escuela, más unas sencillas investigaciones sobre temas paranormales, donde se inclinaba más a la rama de duendes, troles, pixis y nomos y que tenía planeado entregar a su rubio amigo en horas de clase, pero debido a la inasistencia de este, tomó la decisión de ir personalmente a la casa del rubio y entregárselo, aprovechando de paso recibir una deliciosa comida que seguro su amigo le haría tomar.
La boca se le hizo agua y con eso como incentivo apresuró el paso para llegar a la casa de Sanji lo más pronto posible, apesar del sofocante ambiente seco.
Si tenia suerte podría convencer a Sanji de prepararle algún helado o una bebida refrescante.
Cuando se encontró frente a la puerta de la última casa de la pequeña cuidad y la cual estaba a un par de metros de distancia a la entrada del bosque comenzó a tocar de forma rítmica- Sanji, soy usopp ¡Abreme! - grito el moreno.
Unos segundos de silencio, donde el moreno espero contestación y donde esta brillo por su ausencia. Volvió a tocar con más fuerza en su puño. Silencio todavía.
-Oe Sanji, ¡¿Estas en casa?!- la mano libre se alzó a la altura de su boca y curvandose sobre esta, buscando aumentar la potencia de su voz.
El grito de su amigo fue la contestación que lo exaltó, seguido de estrepitosos ruidos de ¿ollas? Y ¿sartenes? al ser lanzados.
"¿Qué mierda le pasaba a Sanji como para que se atreviera a lanzar sus sagrados utensilios de cocina?"
-¡Sanji! ¿Estas bien?- pregunto un poco alarmado al contemplar la idea de que algún ladrón se hubiera metido a la casa de su amigo con intensiones maquiavelicas, las cuales siempre llenaban las cabezas de ese tipo de personas.
Un andar acelerado de pies ligeros y el ligero clik de la puerta al abrirse le reveló a su rubio amigo. Sin compañía de algún delincuente o de alguna señal de haber sido violentado.
Aunque si lo encontró empapado de pies a cabeza, con el ceño fruncido, una sonrisa divertida tirando de sus labios. Su cabello rubio lleno de espuma blanca y esponjosa y la fragancia de detergente de lava platos impregnada en su piel.
-¡Hola Usopp!- Dijo animado sin prestar verdadera atención al charco de agua que se formaba bajos sus pies- No esperaba tu visita- su peso se recargo en la puerta de madera la cual se hallaba sospechosamente medio cerrada, impidiéndole así mirar adentro del hogar del chef.
-Y yo no esperaba que faltaras hoy a clases - dijo medio en regaño- y mucho menos esperaba verte todo empapado- su ceja se alzó con astucia, examinándolo de pies a cabeza- ¿Que paso ahí adentro?- pregunto mientras estiraba su cuello con la intención de ver lo que se hallaba oculto por la puerta y el propio cuerpo de Sanji- puedo jurar que escuche que dentro de tu casa se estaba llevando acabo una batalla campal.
-No es nada- dijo Sanji cerrando aún más la puerta, reduciendo así el campo de visión de su amigo el cual clavo sus ojos en los del rubio.
-No trates de engañar a un mentiroso, por que no va a funcionar- comentó- Vamos dime que sucede, o tendré que averiguarlo por mi propia cuenta y créeme que no querrás tener al gran detective Usopp examinándo tu casa.
