—¿Qué te pasa ani...?— Henry Intentó preguntar antes de ser golpeado inicialmente por un hombre, luego por varios. Logró salir del ojo del huracán de golpes y patadas, provocando un silencio ensordecedor en el ambiente, todos se miraron entre sí, hasta que un gordo habló.
—No te queremos aquí; tienes cara de enfermo, seguramente eres un desgraciado.
—¡Sí! ¡Vete forastero!—Lo siento, pero primero tengo que reunir unas cosas antes de irme. Si me permiten buscarlas sin ningún tipo de traba, no me volverán a ver dentro de un período muy corto de tiempo— Expresó Henry con una sorprendente calma, que por supuesto, era falsa.
De manera inexplicable, la actuación frívola de Henry consiguió calmar en un inicio a los pueblerinos que lo atacaron, aunque Henry no sabía que mientras los hombres que él veía se encontraban mirándose entre sí, otro hombre ajeno al grupo inicial se acercaba detrás de él con una barra de metal en su mano. Golpeándolo en la cabeza, desmayándolo en ese preciso instante.
—¡Aghhh!, ¡uh!
—¿Ehh? ¿Quién está ahí? — Preguntó con miedo un muchacho.
—¿Dónde estoy?
—Estás en la prisión del Llano del Señor. Por como hablaron de ti, me parece que morirás pronto.
—¿Cuál es tu nombre?
—No tengo que decirle nada a un hombre al que no volveré a ver— Dijo pretendiendo no estar asustado, fallando patéticamente en ello.
Henry sólo miró con desprecio a su compañero de celda. Decidió comenzar a pensar cómo robar alguna arma de esta inmundicia de pueblucho, mientras se encontraba estructurando mil y mil ideas de qué hacer luego de salir de aquí, algo llamó la intención de ambos encarcelados. Una niña había dejado un poco de agua para ellos, el muchacho corrió hasta ella, atrapando su brazo e intentando ver si tenía la llave que los sacaría de esos fríos y tormentosos barrotes. Henry, sin embargo, defendió a la niña separando del abusivo cobarde que la agredía, para luego noquearlo con una devastadora mano derecha bien conectada en su rostro.
—Discúlpame, no te había visto antes. Me llamo Henry y fui apresado injustamente— Tomó una pausa para beber del agua que se le había entregado— ¿Te importaría darme tu nombre?
—No puedo hablar con desconocidos— Sentenció tímidamente
—¿Pero no me acabas de hablar?
— Sólo puedo decir eso
—¡Venga! Dame una oportunidad, sólo quiero hablar
—Ehh... Yo... Éste... No sé qué decir
—Dime lo que quieras
—Bueno, estoy aburrida porque nunca pasa nada en este lugar
—¿La cárcel?
—No, el pueblo
—¿No te gustaría salir?
—¡Sí! ¡Todos los días me quiero ir! ¡Pero los tontos adultos no me dejan ir!
—A mí tampoco me dejan salir, podemos ayudarnos mutuamente
—¿Mutuamente?
—Tú me ayudas y yo te ayudo, sólo tengo que ir con tus padres, pero no puedo hacerlo si sigo atrapado aquí
El objetivo del boca dulce fue alcanzado, la niña inició a tenerle confianza. Más, la respuesta que recibió, lapidó su moral.
—Tengo la llave, no aquí, pero puedo buscarla. Pero no tengo papás ¿no importa verdad? — Antes de estas palabras, pretendía abandonar a la inocente con su familia, ahora esa ya no era una opción.
—No, sólo era para avisarles a ellos
—Okey, no tardo en volver
Y así el manipulador se quedó solo, ni triste ni afligido, sólo pensativo, pues a veces no puede entenderse. La reflexión es el mejor método que conoce para hallar la paz para consigo, por causa de esto es capaz de vivir sin vergüenza... Y sin orgullo.

ESTÁS LEYENDO
Fuego contra fuego
Science FictionHenry es un joven de 23 años quien vaga por un mundo post-apocalíptico, donde el incidente de Chernobyl desencadenó una serie de ataques nucleares que esterelizó a Norteamérica, Asia y Europa; dejando además un invierno nuclear sobre todo el planeta...