- Muy bonito el colgante de tu taxi. – Comentaba Jeremia con el brazo alrededor de Hannah. - ¿Le vas al Legia de Varsovia?
- Sí. – Conteste seco y cortante.
- Yo también lo sigo desde pequeño. Mi padre me inculco el amor por el club. – Se alistaba para contar una historia que me importaba muy poco. – Aunque nací en Lodz, desde pequeño me enamore de esos colores. Siempre lo apoyo a como dé lugar, me veo sus partidos con mi remera puesta. Un enfermo por el Legia.
- Me consta. – Añadió Hannah.
Yo me quede callado.
- ¿Vas al estadio regularmente? – Pregunto Jeremia. – He visto que es una caldera total. El infierno Varsoviano. ¡Que locura!
- Antes iba al estadio, ahora no tanto.
- Vine a Varsovia, por dos razones. La primera, estar cerca de Hannah por unos días. – Beso su mejilla. – La segunda, ir al estadio del Legia. Tengo que presenciar esta maravilla.
Nuevamente, me quede en silencio.
Hannah me había pedido el favor de recogerlos en el aeropuerto. Jeremia había llegado de visita y se quedaría unos días en su apartamento. Un sentimiento extraño se aposento en mí. Un malestar incómodo. Algo que oprimía mi pecho y me sulfuraba al ver sus muestras de afecto, al ver los besos y las caricias, al verlos decirse que se extrañaban, que se hacían falta, que se echaban de menos. Sentía algo difícil de explicar a alguien que no estuviera sentado junto al volante del taxi.
¿Celos?
No, somos vecinos.
Mierda.
Minutos después, llegamos al conjunto, ellos me pagaron el servicio y hasta ahí me importaba.
Yo tome el dinero y proseguí a vaguear por las calles de Varsovia. No tenía muchas ganas de trabajar, pero se acercaba el fin de mes y necesitaba dinero, pero tenía que priorizar.
Las necesidades, son las necesidades.
Llegue a Perdiotinis.
Perdiotinis, era el apodo que los drogadictos le habían colocado al edificio abandonado donde distribuían todo tipo de drogas. Allí encontrabas lo que desearas, desde crack, hasta heroína, desde metanfetaminas, a inhalantes, desde pastillas, hasta lsd. Incluso encontrabas alcohol barato el cual era de dudosa procedencia. Alcohol comprado por los borrachines que caminaban por las calles de Varsovia buscando aliviar sus problemas con alcohol el cual seguramente los dejaría ciegos. Bueno, si antes no morían de cirrosis.
Su fuerte era la protección a los adictos. Podían comprar y al mismo tiempo consumirla, esto gracias a que los expendedores, los protegían de cualquier problema. Allí no existía la autoridad, solo la perdición. Perditionis
Me acerque a uno de los expendedores que se encontraban en el lugar.
- ¿Tienes? – Pregunte.
- Si, pero cuesta cinco veces su precio antiguo. – Respondió.
- ¡No me jodas! – Disimule. - ¿Cómo que cinco veces más?
- Las cosas no andan bien por el otro lado del mundo.
- ¿Qué cojones? – Me estaba alterando. – Nunca ha subido tanto. No puedes hacerme esto.
- No soy yo quien pone los precios. – El expendedor camino mientras hablaba. – Si no quieres, solo lárgate de aquí. Que te den a ti y a todos estos enfermos.
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Me pertenece ©
Mystery / ThrillerElla era como el humo del cigarro. Aquel cigarro que fumaba cada día. Aquel cigarro que mi interior suplicaba a gritos. Aquel cigarro que perturbaba mi vida. Como el humo que representaba la libertad. Aquella libertad que me era negada. Aquella tran...