Ira demoniaca(1/2)

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Después de comer todos se fueron a dormir, Claus dejó que Annaisha duerma en su cama, el fue a dormir en el sofá. Leónidas le preparó la cama a Mithr y él durmió en el suelo.
  —¿Seguro que vas a dormir ahí?
  —Sí, seguro. No me importa dormir una noche en el suelo.
  —¡Okay!
  Mithr se sentó en la cama y Leónidas en su cama improvisada.
  —¡Todavía me sorprende que tu padre nos cuente todo eso!
  Mithr era consciente de la gran relación de ellos dos pero no podía creer que les cuente algo tan importante.
  —A mí también, pero hay algo que está mal...
  —¿A que te refieres?
  —Para que mi padre nos cuente eso debe ser muy importante, me hace tener dudas a lo que pueda pasar...
  —No... No comprendo...
  —¡Qué tiene miedo! Mithr...
  Mithr lo vio sorprendido, siempre le dice Mith, no Mithr. Su expresión era una mas seria y asustada.
  —Si mi padre tiene miedo... Debe ser algo muy malo... Algo catastrófico...
  —Supongo que tienes razón, pero nos lo contó... Eso significa que tiene alguna esperanza y confianza en nosotros.
  —¡Tienes razón!
  La expresión de Leónidas volvió a ser la feliz y energética de siempre.
  —Bueno, ¡buenas noches, joven hada!
  —Buenas noches, joven demonio.
  Los dos rieron, luego Leónidas apagó la luz de la habitación arrojando su zapato al botón.
  —¡Le di!
  Mithr no pudo evitar reír. Cerraron los ojos y después de un rato se durmieron.

  —¿¡Qué!? ¿¡Ese maldito pudo quitar el hechizo de su hijo!? —dijo Gladimor enojado.
  —S-sí, señor... No se como lo hizo —le dijo Celestia.
  Gladimor llevaba puesta una gran armadura de oro con adornos celestes, su pelo era largo color celeste, sus ojos color rojo y su estatura era de 1, 78.
  —¡Ahhhhh!
  Gladimor estaba frustrado, se sentía la desesperación  en su voz.
  —¡Bien! Bien... E-esta bien...
  Gladimor inhalaba y exhalaba constantemente, cada vez mas lento.
  —Traeme al chico...
  Gladimor bajo la mirada, su cabello no dejaba ver sus ojos, exhalaba bastante aire al hablar.
  —Pe-pero... ¿Que hay de C-Claus?
  —¡Asesinalo y traeme al niño!
  Gladimor estaba muy enfadado, su voz se escuchó por todo el castillo, estaba nervioso. Golpeó una columna de cemento al lado suyo, la quebró e hizo un gran temblor en el castillo.
  —¡S-sí señor! —exclamó Celestia mientras se marchaba corriendo.
  Gladimor dejó su brazo justo donde chocó con la columna, estaba temblando.
  —Tranquilizate, "Gladimor"... —dijo César desde la entrada con los brazos cruzados y con una sonrisa.
  César llevaba una armadura celeste, su cabello era largo y de color rojo, sus ojos eran color celeste y su altura es de 1,85.
  —¿¡Y tú qué, César!?
  —Si te frustraz así no podrás pensar con claridad...
  Gladimor suspiró lentamente.
  —Tienes razón, TIENES RAZÓN...
  —Tranquilo, ya la escuchaste... El chico no la atacó... Eso significa que no sabe...
  —Uh... ¡Ha ha! Tienes razón.
  Gladimor tenía una mirada tenebrosa, su risa era la de un loco y se sostenía el cabello con su mano.
 
  Ya en la mañana los chicos estaban desayunando.
  —¡Gracias, Claus!
  —No hay problema, Mithr. Ya apurense, se les hara tarde.
  —¡Sí! —dijeron los dos.
  Annaisha estaba tomando café con Claus, hablaban de cosas de su pasado, cada tanto se reían.
  —¡Terminamos! —dijeron los dos levantando la mano.
  —Bien, ¡ya casi pasa el autobús, rápido!
  Mithr y Leónidas estaban con sus uniformes, tomaron su mochila y se dirigieron a la puerta.
  —Adiós chicos, ¡cuidense!
  —Claro, papá. ¡Adiós!
  Leónidas abrió la puerta y fueron a la orilla del cordón, se acercaba el autobús.
  —Tú primero, Mithr.
  —¡Bien!
  Mithr estiró su brazo hacía la calle, Leónidas hizo lo mismo detrás de él. El autobús estaba frente suyo, pasó rápido, Mithr se agarró de una de las barandillas del autobús y Leónidas hizo lo mismo, estaban agarrados de dos barandillas diferentes, tenían un pie dentro del autobús y su cuerpo estaba fuera.
  —¡Uh, ha ha! ¡Todavía no me acostumbro a esto! —dijo Mithr exaltado.
  —¡Ya lo harás!
  Luego entraron al autobús y colocaron sus mochilas en el piso.
  —¡Hola chicos! —dijo Richie, el conductor.
  —¡Hola, Rich! ¿Cómo te va?
  —Pues, no me quejo, ¿tú qué cuentas?
  —¡Nada, nuevo!
  —Lo imaginaba, ¡ha ha! ¿Y tú, Mithr?
  —¡Lo mismo de siempre!
  —¡Okay!
  Leónidas vio a los pasajeros, eran alumnos del colegio, entré todos estaban Felix y Bide, Felix lo miraba fijamente de forma amenazante.
  —¡Hola, Felix! —dijo Leónidas con una sonrisa y saludandolo con su mano.
  Felix lo vio sorprendido y rápidamente miro hacía otro lado volviendo a su expresión seria. Leónidas lo siguió viendo contento, luego volteó a ver el camino.
  —¡Listo, es aquí!
  —Sí, lo se... ¡Gracias Rich!
  —¡Gracias, Richie!
  —¡Sin problemas chicos!
  Mithr y Leónidas tomaron sus mochilas y bajaron del autobús. Se dirigeron a la puerta de la escuela y golpearon. Salió la portera que dejó que pasaran.
  —¡Gracias!
  La portera vio a Leónidas con poca confianza, lo siguió con la mirada; él seguía con una sonrisa.
  Quedaban quice minutos para que empiecen las clases. Mithr se separó de Leónidas una vez que dejaron sus mochilas en su salón. Leónidas estaba caminando por el pasillo con las manos en sus bolsillos del pantalón.
  —¡Hey, idiota! —exclamó Felix.
  Leónidas se dio vuelta interesado.
  —¡Hola!
  Felix no podía creer que se comporte asi, lo hacía sentir que él lo subestimaba o algo así.
  —No engañas a nadie con esa sonrisa, eres falso Leónidas...
  Leónidas lo vio sin entender, estaba en duda.
  —¿¡Qué te pasa idiota!? ¿¡Por qué me miras así!?
  —Nada, solo... No entiendo a que te refieres...
  Escuchar eso lo hizo enojar, comenzó a acercarse a él enojado.
  —¡Ya es suficiente! ¡Bide!
  Bide estaba detrás de Leónidas, lo sujetó de los brazos con fuerza, estaba sonriendo. Leónidas vio a Felix y de repente su expresión cambio a una totalmente vacía.
  —Veo que ya sabes lo que pasa...
  Felix preparó su brazo, sujetó su muñeca, sonrió y le dio un fuerte golpe en el estómago, lo dejo sin aire.
  —Ha ha, mira su cara, ¿qué, no puedes respirar?
  Leónidas intentaba inhalar aire pero no podía. Sus expresiones eran de un fuerte dolor.
  Felix siguió golpeandolo, le dio un golpe en el pecho luego otro en el estomago. La respiración de Leónidas se cortaba.
  —¿Uh? ¡Viene alguien! ¡Corre!
  Bide soltó a Leónidas dejandolo caer al piso con gran fuerza, se fueron lo mas rápido que pudieron.
  —¿Uh? ¡LEÓNIDAS! —exclamó Emiko asustada.
  Corrió a ver que le pasaba, se arrodilló detrás de él, estaba de espaldas.
  —¿¡Qué te pasó!?
  —¿¡Qué demonios!? —exclamó Mithr.
  —¡Chicos, yo no fui!
  —Lo sabemos, fueron Bide y Felix...
  Emiko tocó la cabeza de Leónidas, luego lo sujetó y lo recostó sobre sus piernas.
  —¿No viste nada, Emiko?
  —N-no... Cuando vine ya estaba así...
  —¡Malditos infelices!
  Mithr estaba enojado, intimido un poco a Emiko, Dakota y Yelen. Luego escucharon a Leónidas tocer.
  —¿Leónidas?
  Leónidas abrió lentamente los ojos, los dejó entre cerrados mirando a Emiko.
  —Ho-hola, Emiko —dijo con una sonrisa.
  Se escuchaba cansado y adolorido.
  —¿Estás bien?
  Leónidas se levantó lentamente, temblaba un poco al hacerlo, y luego se enderezo.
  —Ay, mi espalda.
  Leónidas se estiró un poco.
  —Sí, parece estar bien —dijo Yelen algo avergonzado.
  Leónidas bajo los brazos y miró al piso, parecía dolerle algo. De repente toció y un chorro de sangre salió de su boca, al hacerlo solto un "ugh".
  —¿Q-qué? —se preguntó Mithr.
  Leónidas miró la sangre, se tapó la boca y se limpió la sangre de su boca con una sola pasada.
  —Ya regreso...
  Leónidas se fue camiando rápido al baño sin quitarse la muñeca de la boca.
  —L-lla-llamemos al enfermero...
  —No... No sera necesario, Emiko.
  Emiko se levantó y miró a Mithr confundida.
  —Pe-pero... ¿Por qué?
  Mithr miró hacia otro lado serio.
  —Él estará bien...
  Mithr, al hablar, exhalaba mucho aire. Emiko notó preocupación en la voz de Mithr, decidió no preguntarle más nada.
  —Voy a... Ver que su uniforme esté limpio...
  Mithr se dio vuelta y se fue caminando. Dakota y Yelen estaban preocupados por Leónidas así que decidieron seguirlo.
  —¡E-eperenme!
  Emiko corrió hasta Dakota y Yelen. Dakota se dio vuelta a esperarla.
  —Emiko, Dakota ¡vamos! —dijo Yelen sin parar de caminar.
  —¡Sí, claro! —exclamó Emiko.
  Dakota y Emiko caminaron juntas, Dakota estaba del lado izquierdo y Emiko del lado derecho.
  Mithr entró al baño de hombres y vio a Leónidas frente al espejo lavandose la boca y las manos.
  —Hey... ¿Estás bien amigo?
  Leónidas cerró la llave y bajo la mirada, su cabello no dejaba ver sus ojos. No le respondió, luego escupió una gran cantidad de agua con sangre.
  —¡Sí! Estoy bien —dijo con una sonrisa.
  Mithr lo vio a los ojos con desconfianza.
  —Ya, enserio Leo... No tienes que aparentar estar bien.
  —Tranquilo, estoy bien, enserio Mith... Solo me molesto que Emiko me viera así...
  —Ya veo...
  Mithr miro unos segundos al piso, Leónidas se vio al espejo.
  —Vamos, amigo. Tengo que limpiar la sangre antes de que alguien la vea.
  —Sí, claro...
  Mithr espero a Leónidas, Cuando estaba frente suyo se dio vuelta y caminó hasta la puerta. Los chicos estaban esperandolos afuera, Yelen y Dakota estaba apoyados en una pared, Emiko estaba a su lado.
  —¡Hola!
  Emiko al verlo se alegró mucho y fue corriendo hacía él.
  —¡Leónidas!
  —Hola, Emiko.
  —¿Cómo te sientes? ¿Te duele?
  —Nop, no me duele. Me siento un poco mareado, eso es todo, pero no me vendría mal una visita al efermero, ha ha.
  Emiko lo vio a los ojos con asombro, le sorprendía que no esté molesto ni adolorido.
  —Sí, deberías ir ahora...
  Leónidas miró a un lado, fijando su vista en Yelen.
  —Claro, Yelen. ¿Me acompañan?
  Leónidas comenzó a caminar por el pasillo, dirigiendose a la sala de enfermería. Los chicos lo siguieron, él iba con las manos en sus bolsillos.
  Una vez allá Leónidas se detuvo antes de entrar.
  —Chicos, ¿me dejan un segundo con Emiko?
  Lo vieron confusos, Yelen y Dakota se vieron mutuamente.
  —Sí, claro Leo...
  Dakota y Yelen vieron a Mithr un poco molestos. Mithr se los llevo lejos de Leónidas y Emiko.
  —Emiko... —dijo Leónidas serio y con la cabeza baja.
  Ella se puso nerviosa, no sabía lo que le iba a decir, comenzó a explorar las posibles respuestas.
  —¿S-si, Leónidas?
  —Lamento mucho que me vieras así...
  Leónidas cerró sus puños con fuerza, los brazos le temblaban. Emiko al escuchar eso y al ver su preocupación se relajó.
  —N-no hay problema, Leónidas...
  —Solo estás hace un día aquí y ya parecemos grandes amigos... No quería que vieras eso...
  —¿Pero no lo somos?
  Leónidas dejo de temblar y se concentró en la voz de Emiko.
  —¿Acaso no somos amigos?
  Leónidas, sin levantar la cabeza, sonrió.
  —Sí... Claro que lo somos...
  —Tú y los chicos me han recibido muy bien, no se vieron nerviosos al hablar conmigo... Me dieron su confianza y amistad...
  Emiko se acercó a él lentamente, le temblaban un poco las piernas pero avanzó igual.
  —Leónidas, no debes preocuparte por eso...
  Emiko puso su mano en su hombro, Leónidas levantó la cabeza y vio la mano de Emiko un poco sorprendido, luego la vio a los ojos.
  —Tarde o temprano me iba a enterar, ¿no?...
  —Tienes razón... Gracias...
  Leónidas recordó lo sucedido, visualizaba la imagen de Emiko ayudandolo. Emiko le sonrió, él mostró una pequeña sonrisa.
  —No... Gracias a ti, Leónidas.
  Todo quedó en silencio por unos segundos, Emiko quitó su mano del hombro de Leónidas.
  —¡Okay! Vuelvo en unos segundos —dijo Leónidas de forma energética.
  —¡Sí!
  Leónidas se dio vuelta, abrió la puerta y entró a la enfermería.
  Minutos mas tarde salió, miró a su alrededor, los chicos no estaban, solo Yelen.
  —¡Hola, Yelen!
  —¡Hola Leo! ¿Cómo te fue?
  —¿Bien? Me dijo que no tenía nada...
  —Oh... Que raro...
  —Hey, ¿y los demás?
  —Oh, ehh... Están en el patio, creo...
  —Ya veo... ¡Rápido! Ya casi es hora...
  —Sí, te sigo.
  Leónidas y Yelen fueron caminando hasta su salón. Una vez allá entraron, estaban todos hablando con Emiko excepto Felix y Bide. Mithr y Dakota intentaban alejarlos pero se les hacía imposible.
  —¿Qué sucede? —dijo Leónidas con una ceja levantada.
  De repente todo quedo en silencio, todos voltearon a ver a Leónidas, tenían expresión de miedo.
  —¡Leónidas! —exclamó Emiko saliendo del círculo de alumnos.
  Todos la observaron impresionados y desconfiados, no podían creer que le hable de esa forma. Una vez frente a Leónidas Emiko lo vio a los ojos con los brazos detrás de la espalda.
  —¿Cómo te fue?
  —Bien... Según él no tengo nada.
  —¿¡Qué!?
  Emiko estaba impresionada, no podía creer lo que escuchó.
  —Sí... Tampoco lo entendí.
  —Me impresionas.
  De la multitud de alumnos se escuchaban murmuros respecto a Leónidas y Emiko.
  —¿Qué demonios le hizo para qué le hable?
  —Esa chica ya está muerta...
  —¿Nadie le dijo lo qué es?
  —Esta perdida...
  —No puedo creerlo...
  —Maldito demonio... De seguro le lavó el cerebro...
  —¿Cómo es posible?
  Leónidas se inclinó un poco hacía la izquierda y fijó su mirada en los demás alumnos.
  —¡Puedo escucharlos! He he.
  Mithr, Dakota y Yelen tenían una mirada fría y amenazante.
  A todos se les puso los pelos de punta, estaban nerviosos, algunos se sonrojaron, otros se taparon la cara y otros se dieron vuelta, notaron la sonrisa en la cara y la calidez de la voz de Leónidas.
  Leónidas volvió a pararse normalmente.
  —Emiko, quería preguntarte algo.
  —¿Eh? ¿Qué cosa?
  —¿Quieres venir con nosotros a tomar un helado después de la escuela?
  Emiko se sorprendió por la propuesta.
  —Ehh... Claro, ¿por qué no?
  —Ha ha, bien.
  Leónidas se dirigió a su pupitre y se sentó, todos los alumnos lo observaron seriamente.
  —¡Bien clase, a sus lugares!
  El profesor entró motivado por la puerta, parecía traer una sorpresa o solo estaba feliz. Todos fueron a sus pupitres. Emiko se puso a pensar en Leónidas, parecía que él sabía que el profesor estaba cerca.

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