Todavía no entiendo ni lograré entender por qué me pinté los ojos esa tarde.
Había decidido intentar creer que no había pasado nada y que todo estaba bien. Que sólo había sido una pelea y que al otro día llegarías como si nada hubiese pasado.
Que todo iba e iría bien sin ti, y también quería fingir que nunca exististe y que nunca me sentí tan extrañamente feliz.
Llevaba media hora tendida sobre la cama, hecha un ovillo, con el rímel más que corrido y casi llegando al final de mi nariz.
Me sentía mal, sucia y humillada. Había intentado de todo para hacerme creer, nuevamente, que estaba todo muy bien.
Lo siento, todavía estoy en proceso de superación.
Abi, aunque le llamé, no llegó. Yo entendía.
Su madre estaba grave en el hospital. No quería que cargara con mis problemas también.
Tú eras mi problema. Toda esta mierda sigue siendo mi problema y al mismo tiempo mi tormento. Dime, ¿a quién le gusta vivir así?
Cuando me di cuenta, Eliot, supe que ya dependía de ti.
Que todo iba mal sin ti. Sin tu presencia.
Todo se ponía gris si no estabas. Siempre moría de ganas por verte y por estar contigo.
Fue demasiado tarde cuando supe lo que estaba pasando entre nosotros.
Yo estaba acercándome mientras tú te estabas alejando. Yo no estuve al tanto de eso, Eliot, y estoy más que dolida.
Siento que no debería decirte todo esto, pero una parte de mí está realmente convencida de que necesitas saberlo.
Sólo quiero que sepas lo mucho que te quise. Que fui muy feliz contigo. En verdad lo fui, y gracias, de nuevo, por todo.
Como pude, me acerqué a uno de los burós y tomé del cajón una cajita de tranquilizantes. Llevaba mucho tiempo sin tomarlas.
Saqué una y la puse sobre mi lengua. La pasé en seco y volví a recostar mi cabeza sobre la almohada, a esperar que la pastilla hiciera efecto.
Tardó mucho tiempo. Fueron los dos minutos más eternos de mi vida.
Eliot, Eliot, Eliot...
Aquí termina esta estúpida y eterna carta. Algo muy pequeño que pude rescatar. Lo único que pude salvar de nuestra relación cuando este barco se hundía en lo más profundo del Triángulo de las Bermudas.
Este único pedacito que quedó en mi corazón ese día que te pedí que te fueras, te lo devuelvo ahora mismo, porque ya he cargado con él durante mucho, mucho tiempo. (Dos meses también son eternos sin ti).
No te deseo lo mejor, pero sí espero que estés muy bien. Yo lo estoy.
Que todo vaya bien con Chelsea, o con quien sea que estés saliendo en estos momentos.
Recuerda, Eliot, jamás seas como yo. Así de débil, de creyente, con timidez, con... dificultad. Terminarás lastimado.
Como ya verás, vienen adjuntas todas nuestras cosas (a excepción de la tonta sudadera que compraste ese día en una tienda de segunda mano. Sí, lo sé).
Incluso logré recuperar el maldito mapa de Brasil que colgaba sobre nuestras cabezas el día que te conocí en mi cafetería. En mi lugar. Lo invadiste y ahora también es tuyo.
Pero hoy termina, Eliot, termina entregándote estas cosas.
Guárdalas, échalas al basurero, véndelas, quémalas, tira todo por la ventana. Rompe todo.
No me interesa más nada lo que tenga que ver contigo.
Espero que algún día me entiendas.
Con cariño, Allison.
Pd. El "con cariño" no tiene ni una sola gota de él.
ESTÁS LEYENDO
Coffee cup.
Teen FictionCon una taza de café. Con esto comenzó todo. Con esta insignificante cosa, te conocí, y entraste a mi vida sin querer salir. Con esto, te pido que te salgas. Que te alejes. No quiero verte más. Y si crees no saber por qué quiero esto, lee toda la c...
