Prólogo

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Grité lo más alto que pude, el frío viento hacía que mi pelo chocara contra mi cara humedeciendo mis cabellos con mis lágrimas. Intenté correr hacia la zona donde se encontraba mi familia, pero por más que lo intentaba no conseguía avanzar lo suficiente como para impedir lo que estaba ocurriendo. Mientras yo era testigo, estaban asesinando a mis padres.

La angustia se apoderaba de mí por momentos, la sensación de frustración y rabia inundaba todo mi cuerpo, corrí a mayor velocidad hasta que pude llegar al lugar donde se encontraban todos, una gran masa de oscuridad lo llenaba todo, no era capaz de ver con claridad a ninguno de los miembros de mi familia, pero sabía que eran ellos a ciencia cierta.

Me acerqué al asaltante a sabiendas que era inútil, comencé a lanzar patadas y demás golpes donde se suponía que se encontraba aquel hijo de puta, todo parecía no dolerle demasiado, lo que acrecentaba mi rabia, conseguí pegarme a él lo suficiente como para cogerlo por el cuello, en ese momento agradecí internamente las clases chapuceras e improvisadas que había recibido por parte de mi amigo Daniel. Lo escuché gritar levemente, cuando el aire empezó a faltarle y yo sonreí inconscientemente, quería matarlo, que sufriera, por un momento olvidé que eran mis padres lo que estaban tirados en el suelo, cubiertos por aquella espesura que parecía encontrarse también en mi cerebro.

Sentí el impacto de algo duro sobre mi abdomen, había recibido un puñetazo, solté mi agarre instintivamente mientras me desequilibraba durante unos segundos. Supe que estaba todo perdido cuando lo vi sacar un cuchillo enorme, lo miré a los ojos mientras se acercaba a mí, me reuniría con mis padres rápidamente pero al menos podría saber quién nos había enviado a los brazos de la muerte.

Sus ojos claros no mostraron ningún ápice humano, en ese momento comprendí que era alguien capaz de matar por mero placer.

El filo del aireWhere stories live. Discover now