Abrí los ojos nuevamente, mis ojos no eran demasiado grandes pero en ese momento debían ocupar al menos la mitad de mi cara. Levanté la vista del libro lentamente, temiendo lo que podía encontrarme. Ahí estaba, de pie apoyado levemente en la pared frente a mí. Lo estudié durante unos segundos y su aspecto no era para nada amenazador o al menos no en un sentido de miedo, poseía un atractivo fuera de lo común, miré sus ojos, yo conocía aquella mirada.
Seguí mirándolo, aunando todo el valor que quedaba en mi cobarde cuerpo, despegué los labios para posteriormente volverlos a unir. Esto debía de ser real.
- No me mires así que no voy a hacerte nada malo.- dijo mientras clavaba sus ojos en los míos causando que un escalofrío recorriera mi columna, era demasiado guapo, aunque aquella palabra no era la más adecuada. Era atrayente, cada parte de su cuerpo destilaba misterio, confianza, fantasía... Me sorprendí de mis propios pensamientos, me gustaban los hombres y había tenido mis tonterías por ahí pero no era el tipo de chica que babeaba por nadie, siempre había pasado de relaciones imposibles.
- ¿Hola?- di un respingo ante su cercanía.
- ¿Quién eres?-
- Marco.- contestó despreocupado.
- ¿Qué haces aquí?- comencé a sentir un miedo real.
- Tranquila no tengo ningún interés oculto, simplemente me aburría, como ya te he dicho no quiero hacerte daño y aunque quisiera no puedo.- fruncí el ceño sin entender nada.- Estoy muerto.
Pestañee excesivamente intentando procesar la información, yo era de ese tipo de personas que creía en energías y más allá, pero esto resultaba demasiado.
- ¿Es broma no?- dije mientras me levantaba, recobrando el control sobre mí misma.- ¿Por dónde has entrado?
Rió ante mis preguntas.- Vamos a ver... ¿para qué iba yo a hacerte una broma? Si no te conozco.- noté un deje de superioridad en él,
- ¿Y para qué va a venir un muerto que ni si quiera conozco a mi habitación?- el orgullo pareció emerger de mis poros, sería un fantasma, estaría buenísimo y todo lo que él quisiera, pero yo tampoco estaba dispuesta a dejarme chulear.
- ¿Con sinceridad?- asentí repetidas veces.- me aburría, y como no quiero ver como sufre mi familia pues... me dedico a ver lo que hace la gente.
- ¿Y por qué me has seguido a mí?-
- Bueno, te explico, como hace poco tiempo que morí estoy aún muy unido a... mi cuerpo y me gusta ver lo que hacen con él.- lo miré asombrada, el debió entender mi mueca y siguió.
- Doné parte de mi cuerpo a la ciencia y vi como los niños.- enfatizó en la última palabra con desagrado.- toqueteaban mi cerebro.
- Eso no responde a mi pregunta, a esa sala habrán entrado cientos de personas en apenas una semana.- yo misma fui sorprendida por la seguridad que destilaban mis palabras, me sentí verdaderamente orgullosa de mí misma por primera vez en mucho tiempo.
- No te lo creas mucho.- se acercó a mi oído como si quisiera contarme un secreto.- eres de las que mejor lo han hecho de todos.
Reí inconscientemente ante su comentario, no solo era guapo en el amplio sentido de la palabra. Era encantador, no solo por lo cumplidos baratos que pudiera dedicarme, poseía un aura magnética que me tenía atrapada desde aquel sueño.
- Por eso esperaba más de tí.- dijo señalando el libro y rompiendo toda la magia que mi cabeza había creado.
- ¿Nunca te han dicho que no hay que juzgar un libro por su portada? Además las historias pastelosas también tienen su público.- se limitó a curvar los labios en un leve asentimiento, mientras recorría con los ojos mi habitación.
- ¿Y no haces nada más?.- preguntó tras unos minutos de silencio incómodo,
- Lo siento...- fingí una sonrisa amable.- no sabía que tenía que entretener a nadie, tengo una vida muy normal creo que deberías rondar a alguna persona más... interesante.- me arrepentí automáticamente de aquellas frases, odiaba la forma que tenía de auto-sabotearme en ocasiones, aunque estaba claro que había sido pura casualidad y que era ridículo por varios motivos pensar que aquel fantasma buenísimo tenía algún tipo de interés, tenía curiosidad por saber. Quería probar hasta dónde podía llegar esta situación.
- Perdona, tampoco quería ofenderte.- sonó sincero.- Solo he pensado que podías ayudarme, sinceramente no sé la razón pero estoy perdido en una tierra de nadie y los días son demasiado largos. Es difícil encontrar personas que no lloren o se pongan histéricas al pensar en la muerte.-
Me sentí tremendamente mal, comprendí que estaba siendo demasiado egoísta. Era una situación rocambolesca a más no poder, pero yo siempre había creído en esto. No debía tener muchos más años que yo y estaba muerto, había dejado una familia, amigos, seguramente una pareja, sueños... y encima debía ver como la vida seguía a su alrededor mientras el no podía hacer otra cosa más que exactamente eso, mirar.
- Ahora lo siento yo, me has dejado en shock, comprende que esto resulta demasiado fuerte y la verdad es que no sé como ayudarte, mi vida es demasiado aburrida como para entretener a alguien.- dije con franqueza.
- No necesito que me entretengan, eso suena demasiado raro... solo alguien que pueda hablar conmigo, como si fuéramos amigos.- hizo una pausa mientras parecía pensar.- No pienses que estaré pegado a ti, ni que te espiaré cuando pienses que nadie te mira.
Sonreí enternecida, tras toda esa fachada se encontraba alguien que sufría, que vivía con la soledad y el dolor. Justo en ese momento supe que haría lo que pudiera por aliviar aquel sufrimiento.
- Cuenta conmigo, Marco.-
Abrí los ojos lentamente, la luz solar comenzaba a traspasar la fina tela de mis cortinas despertándome por completo, parpadeé un par de veces tratándome de acostumbrar a ésta. Finalmente claudiqué, me levanté cual vampiro en busca de algo que llevarme a la boca, daba comienzo lo que parecía un día terriblemente aburrido.
Era sábado por la mañana, algo que parecía alentador a simple vista, pero para mí lo único que podía darle la categoría de atrayente era la idea de poder vaguear libremente. No tenía planes, y no había sido por falta de intentos, puesto que había hablado con todos los integrantes de mi escueto círculo social en busca de algo que me hiciera sentir una persona normal. Aclaro, no es que yo no fuera una persona normal, pero mi timidez e inseguridad habían hecho que me costara demasiado conseguir amistades fuertes. Intentaba dejar esa sombra atrás, fingir que no seguía siendo esa niña vacilante que fui algún día, pero en días como estos esa sombra conseguía devorarme y hacerme pequeña.
Fui hacia la cocina intentando borrar los pensamiento de mi mente, cerré los ojos y suspiré en busca de fuerzas. Cogí un brick de leche mientras ojeaba la nevera sin muchas esperanzas, me resigné a repetir el mismo desayuno de siempre.
Ojeé el móvil mientras sumergía la cuchara en el cuenco de cereales, habían pasado semanas desde que aquella sucesión de cosas del más allá habían sacudido mi cabeza. Me sentí abandonada y desilusionada los primeros días, pero había conseguido reconocer lo ridículo que era aquello y había intentado hacer uso de los 20 años que en mi carnet figuraban. Habían dos opciones, la primera haberlo imaginado todo fruto de algún trauma oculto o cualquier fallo de mi cerebro o la segunda que un fantasma encantador y buenísimo había caído en mi habitación porque se sentía solo y desamparado y casi suplicaba mi atención para después ignorarme como a una mierda. Estaba claro cuál era la más lógica. Suspiré nuevamente, un sentimiento de tristeza me recorría. A veces conseguía ser tan ridícula...
----------------------------------------------------------------------------------------------------
Me encantaría saber si esta historia consigue gustarle a alguien así que agradecería cualquier comentario sobre ella o sugerencias para mejorar. Muchas gracias a todos y todas de antemano.

YOU ARE READING
El filo del aire
Teen FictionEl tiempo me ha hecho ver con claridad todos aquellos sucesos que tan intensamente viví. Tras conocerlo nada volvió a ser igual, yo no era la misma. Para bien o para mal se había sumergido en mi vida y yo me había impregnado de él.