05. Gracias por todo

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   «Creo que puedo faltar hoy, si puedo encontrarle la cura a Corazón Roto, mañana tal vez pueda ir con él»

   Mente Obstinada era algo rebuscada cuando de encontrar soluciones se trataba. Tal vez era por eso que había tardado tanto en levantarme de la cama. Me llegó un mensaje, era El Chico de las Flores con el que hablaba a menudo. Me preguntaba por qué no había pasado esta mañana por su puesto y si me había ocurrido algo. Sonreí ante su interes. En cuanto la mueca curvó mis labios oí a Corazón Roto suspirar.

—Corazón eres muy injusto, si no quieres ser feliz por lo menos deja serlo a los demás —Dije con dureza.

   Me arrepentí apenas terminé de pronunciar esas palabras. Corazón Roto no quería estar triste, sólo lo estaba y yo no ayudaba en absoluto diciéndole esas cosas.

   Ahí fue cuando lo entendí. «Si no quieres ser feliz por lo menos deja serlo a los demás» Yo no era alguien más. Yo era Corazón Roto, y Corazón Roto era yo. Había cometido un error al dejarlo en la cama y mudarme al sillón sin él; al salir a caminar, trotar y correr; al salir de fiesta tres veces; al tener sexo; al hablar con El Chico de las Flores; al compra a Rosa y encariñarme con ella y lo más difícil de todo, levantarme de la cama.

   Mente Obstinada, Corazón de Repuesto y Cuerpo Cansado me habían ayudado a levantarme y les había costado horroridades. Y yo pretendía que él, pequeño, lastimado y enfermo gracias a esa bacteria llamada soledad, se levantase sólo. Solamente por el hecho de que yo me estaba recuperando.

   Lo único que lo hacía era hacerlo sentir peor. Me había levantado y a él lo había dejado ahí acostado. Y le restregaba en la cara todos mis pequeños grandes logros.

   Fui a mi armario, y dejé ahí a Corazón de Repuesto.

—Corazón de Repuesto, gracias por todo, sin ti no lo hubiese logrado. Fuiste un buen corazón, me recordaste lo que era llevar uno que no esté dañado. Pero es hora de volver con Corazón Roto, él me necesita como yo te necesité a ti. Prometo recordarle todo lo que tú a mi y darte el crédito, porque eso es importante.

   Me miré al espejo, recorrí mi cuerpo con mis ojos y me quedé mirando mis piernas, ya un par fuerte.

—Cuerpo Cansado, gracias por aguantar las tres largas fiestas, la noche de sexo, las semanas de caminatas, trotes y corridas y sobre todo por obligarme a levantarme de mi cama. Sé que estás cansado porque no dormimos en toda la noche , pero te voy a pedir una cosa más antes de dejarte descansar. Ya eres fuerte, cuando me acueste con Corazón Roto, no permitas que me quede ahí, ayudame a levantarme una vez más. Y si no quiero, oblígame.

«Ya te voy diciendo que esta vez será más difícil, mi corazón debería pesar unos doscientos cincuenta gramos, pero la bacteria llamada soledad lo lastimó tanto, lo hizo sentir tan sólo, que se hizo amigo de sentimientos que desearía nunca hubiese tenido que vivir con ellos de manera tan solitaria. Ellos fueron: el miedo, la desesperanza, la ansiedad, la depresión, el odio, el dolor, la ira, la rabia, el rencor, el remordimiento, el enojo, el resentimiento, la irrivitalidad, la desconfianza, la hostilidad, la animadversión y sobre todo el miedo. Pesa mucho más de lo que debería. Se muy fuerte por favor, confío en ti. Pero si no lo logras, te lo agradeceré de todos modos»

   Ahora vas tú, la que más testaruda y difícil de convencer de todas.

—Mente Obstinada: Gracias por ayudarme a convencer a Cuerpo Cansado de levantarse, aunque yo tuve que convencerte a ti de que estés de mi lado. También te pediré ayuda una vez más antes de dejarte dormir. Ayuda a Corazón Roto a que ya no se sienta triste. Sé que tú y él antes eran un buen equipo y se llevaban bien. Has que esos días vuelvan.

   Suspiré, me puse el pijama que solía usar cuando no salía de mi habitación, solté mi cabello y guardé mis zapatillas deportivas negras debajo de mi cama.

   Me acosté. Cuando Corazón Roto volvió a mi sentí como mi mundo volvía a ser gris. Entendía por que él no quería salir de las cómodas y calientes mantas, y en una cosa tenía razón: era más fácil estar ahí que salir del mundo. Cerré los ojos, casi convencida de que lo mejor sería volver a mis antiguos hábitos. Había sido lindo salir a tres fiesta; tener sexo; caminar, trotar y correr; hablar con El Chico de las Flores, encariñarme con Rosa y tomar nota de ella; y estar un rato fuera de la cama. Pero que sentido tenía hacerlo si de todos modos me iba a volver a sentir mal. Era un desperdicio de tiempo, de energía y de dinero en bus.

   Pero Mente Obstinada y Cuerpo Cansado ya se habían desacostumbrado a estar postrada. Y Corazón de Repuesto golpeaba el cajón, rogándome que vuelva a él si el roto no cedía. Le pedí a mi mente que me ayudara, que buscase las palabras justas, yo no era buena para eso.

HUYE © [COMPLETA]✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora