Fue una noche lluviosa, donde no estaba perdida pero tú me encontraste, sentada, mojada por la lluvia y el dolor.
Hacía un frío cruel que te atravesaba la piel, pero tomaste mi mano y sentí la calidez de tu corazón; sabía que era una locura, pero yo nunca estuve cuerda.
Desde aquella noche, creo que me enamoré de tí. ¿Será que lo estoy imaginando? Lo dudo.
Recuerdo las noches en que las gotas de lluvia golpeaban tu cristal, con una furia por no pertenecer a nuestro mundo.
Recuerdo cuando recorría, con dedos temblorosos, tu rostro cuidando de no lastimarte; tu solo podías mirarme con esos ojos color amor, como si fuese tu ángel,pero tú siempre habías sido escéptico.
Existieron esas tardes, benditas tardes, donde te veía tocar esa maldita guitarra con dolor, rasgando cuerdas y llorando al cantar con aquella voz ronca, mientras las pequeñas hojas del otoño bailaban sobre tí, disfrutandote.
Madrugadas donde te recitaba a verne y amabas mirar el alba, la paleta de colores en el cielo, las estrellas riéndose de tí, a millones de kilómetros.
Esa vez que te ví bailando como un pequeño niño, cuando amabas como un loco inocente y la brisa te dejaba el pelo de punta, tu desbordando vida y atrapando mariposas con dulces juegos.
Te ví aquella tarde, con los dedos pintados de azul y en tu rostro los lunares como agujeros negros en el espacio. Eras toda una galaxia, nunca fuiste un chico común.
Te escuché una vez llorar, una maldita noche donde me rogabas que no te dejase jamás, pero yo jamás dejaría a mi otoño, por preferir un invierno.
Recuerdo cuando abrazabas de una forma única, donde podías reconstruir un corazón deshecho y convertirme de pedazos en arte, en una diosa digna de Miguel Ángel.
Y es que en tu boca yacían moribundos mis labios, yo un débil Ángel y tú un pobre diablo; y éramos colores de una misma acuarela, aunque la lluvia tratase de disolvernos.
Tu corazón era una pequeña hortensia que vivía protegida por jardines con espinas; tenías miedo de un mundo real.
En las noches, mi boca recorría tu cuerpo dulce como el amor, tu buscabas mis manos entre las sábanas y tu voz se perdía entre los truenos del cielo, enfurecidos de nuestra felicidad hecha pecado.
Quizás tu alma desapareciese algún día, pero las arrugas en tus labios y tus ojos son curvas de diversión del viento juguetón, y la evidencia de una vida utópica.
Si me voy, no te preocupes, que el camino de las luciérnagas te guiará de nuevo a la luz, de nuevo hacia mí...
~F.G.
