Gracias por iluminar mi vida.
Por enseñarme tu risa.
Por darme tus instantes de felicidad.
Por darme tus alas y poder volar.
Por venir cuando tenía pesadillas, y mecerme en tus brazos.
Por llegar y rescatarme cuando los gritos de agonía me desgarraban la garganta y me dejaban inconsciente.
Por protegerme de la oscuridad en la que viví.
Por mostrarme lo hermoso que es ser amado y amar.
Por matar los demonios que me acechaban en las noches.
Por ser mi mejor amigo y confidente.
Por aceptarme con mi pasado, alegrar el presente y anhelar mi futuro.
Por darme el amor que tanto necesitaba y librarme del peligro.
Por esperar hasta que me durmiera y me dieras el más plácido de los sueños, solo estándo a mi lado.
Gracias por darme esperanzas de un mundo destrozado.
Por ser mi psicólogo gratuito, el padre que nunca tuve y el hermano que tanto anhelé.
Por hacer que mi corazón brincara, esperando tu llamada.
Por los 15 minutos de euforia, hablando de locuras y temas inesperados.
Por hacerme sentir cosas inexplicables cuando tomabas mis manos.
Por darme un hombro en el cual llorar por mi vida, por el mundo, por el dolor y la rabia.
Por dejarte enloquecer con mis cursilerías y estupideces.
Por ser quien velaba por mi felicidad, quien me devolvió una sonrisa cálida, por darme un abrazo que juntase todos los pedazos de mi vida; pero sobre todo, por ser quien sacudió mi corazón por primera vez.
Gracias.
