Primer recado: Unos chicos llamados Ahn Daniel y Lee ChanHee.

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Llevaba semana y media trabajando para Bang Minsu. Y sus funciones no estaban mal; su jefe había resumido todo a limpiar y atender de vez en cuando. Tareas sencillas y mundanas perfectas para su ser menor de edad.

Aprendió bastante sobre cómo quitar manchas y sustancias que esperaba impresionaran a sus padres lo suficiente cuando le hicieran limpiar la casa en algún castigo. Y otra cosa sorprendente que había aprendido es, sin duda, descubrir la variedad de personas que pasaban a hacerse tatuajes. Desde gente atemorizante e increíble como su jefe a simples oficinistas, algunas mujeres maduras, personas solas, en pareja e incluso en diferentes grados de sobriedad. Que, bien, solo fue una vez pero iugh, fue él quien tuvo que limpiar ese vómito luego.

Minsu tenía una buena reputación en la zona con su creatividad para diseñar y su buen pulso con las máquinas. De alguna manera saber eso le gustaba.

-HwanHee, necesito que lleves este mensaje a la tienda de mascotas.

Su jefe entraba al depósito que limpiaba con una sonrisa radiante y una mirada algo maliciosa. Llevaba poco tiempo ahí pero conocía bien el tipo de humor que se cargaba lo que no eran experiencias divertidas para su persona.

-Busca a Daniel y espera en la tienda su respuesta.

- ¿No sería mejor llamar o algo así?

- ¡Ah! ¿y dónde está la diversión en eso? Puedes terminar aquí luego. Ve ahora.

Sin más salió del depósito y lo dejó solo. Con un suspiro acomodó los utensilios de limpieza, poniendo los guantes y mascarilla a un lado para tomarlos luego y se alisó la ropa asegurándose de no haberse ensuciado.

Confundido por el pedido tomó la nota y la guardó en su bolsillo; lo que fuera que estuviera escrito mejor no leerlo por su estabilidad mental.

Sonrió algo entusiasmado. Parecía que Minsu accedió a darle una responsabilidad más aparte de limpiar, limpiar y limpiar; éste era su primer recado fuera de la tienda de tatuajes. Iba a hacerlo perfecto para obtener una mejor imagen ante su jefe. Pasada la impresión inicial, lo cierto era, que le caía muy bien Bang Minsu. Era agradable y amable cuando no quería jugarle alguna broma para despistarlo o avergonzarlo debido a su inexperiencia en ciertos temas privados.

Una partecita de su ser lo admiraba un poco.

Tenía su mejor sonrisa cuando cruzó el umbral del local de mascotas, no había forma de que ese día fuera malo en absoluto.

-Bienvenido, ¿qué desea ver?

Apenas había hecho cuatro pasos dentro del lugar y ya era abordado por un empleado. Eso fue tan rápido e inesperado que solo pudo quedárselo viendo unos segundos antes de reaccionar.

-Umn.-No estaba seguro de cómo comenzar a explicar su presencia en ese lugar, él no tenía mascotas-No vengo a comprar, estoy buscando a Ahn Daniel-Habló rápido alejándose un paso del otro, ¡estaba muy cerca!

-¿A Daniel?

-Si, ¿él está?

El muchacho se veía amable y accesible, sus posibilidades de hacer ese extraño primer recado con éxito parecía una realidad.

-Puedo llamarlo.

Con un guiño y una última sonrisa desapareció con el mismo sigilo con el que apareció dejándolo sorprendido. Esa habilidad le sería bastante útil para escaparse de algunos compañeros molestos.

Se distrajo viendo algunos de los cojines para mascotas que tenía cerca en lo que esperaba. Recordaba algunas fotos de Minsu rodeado de perros, ¿compraría sus cosas ahí y por eso conocía a ese tal Daniel?

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