Era un día como cualquier día triste y gris.
El sol quemaba, el aire desintegraba cada fibra de mi ser.
Me sentí como si estuviese desnuda frente a una multitud de hombres acusados de abuso sexual.
No importa,
Sabía que hoy era el día, el día en el que le haría a todo el mundo un favor, un regalo de mí a todos.
Llego a casa, lo hago, no hay vuelta atrás.
Despierto en un jardín, difícil de imaginar, espectacular, digno de admirar. Lloré de felicidad, el éxtasis, el placer. Un orgasmo que nunca en vida pude provocar. Ese cosquilleo cuando orinas por fin, después de aguantar 12 horas.
Era un paraíso que no quería abandonar, era el lugar al que siempre quise llegar, mi sueño por alcanzar.Cerré los ojos y al levantarme del pasto; al abrir mis ojos, solo pude ver sanguijuelas esparcidas en todo mi cuerpo. El río era vómito; la lluvia olía a drenaje y el suelo eran ojos, vellos púbicos...
Me quedó claro. Cometí un error y tuve que morir para entenderlo...
Ni modo, tendré que enamorarme de su bizarra belleza.
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POEMARIO I
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