Capítulo 5

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La cena había sido tranquila. Tres personas se sentaron alrededor de una mesa y las delicias de Mebuki Haruno habían adornado una cálida reunión. Naruto la observaba moverse, sonreír delicadamente, servirle el alimento y charlar con esa seguridad tan poco común en las mujeres. Le recordaba demasiado a Sakura. En cuanto a Kizashi Haruno, se mantenía cordial y tranquilo, pero Naruto podía leer en los gestos del padre un esfuerzo descomunal por sostener una actuación.

La comida fue deliciosa, y para el postre hubo esa torta de fresas con crema que a Sakura siempre le había fascinado. Tanto Mebuki como Kizashi, desearon realizar una velada agradable para Naruto. Y en muchos niveles lo habían conseguido, de no ser por las fotos en los muebles alrededor. Donde se veía la figura de Sakura repetitivamente, que le recordaba al joven Shinobi su infierno particular.

-Sakura-chan intentaba siempre cocinar como usted Mebuki-san…-sonrió Naruto recordando- pero simplemente le resultaba impracticable.

-¿incendió tu cocina muchas veces? –Indicó divertida la mujer- porque la mía quedaba chamuscada día si, y día también.

Los tres sonrieron, los padres porque recordaban como la muchacha había intentado aprender a cocinar para Naruto como mucha tenacidad, y el rubio que recordaba como siempre la besaba diciéndole al oído que prefería mil veces devorarla a ella, que tener una buena cocinera.

Mágicamente, como si acaso la joven Sakura estuviera presente, comenzaron a recordar anécdotas de ella. Mebuki conto muchísimas de cuando su hija comenzaban a salir con Naruto. Kizashi aportó algunas de cuando era más pequeña. Naruto las del mundo ninja y la academia. Por algunas horas la sintieron viva, casi podían tocarla y verla avergonzarse por las historias. Tal vez hasta algún coscorrón al infortunado Naruto por revelar alguna chiquillada secreta. Pudieron olerla, pudieron verla sonreír y se sintieron mejor. Solo fue por algunos momentos, escasos e irrepetibles.

Horas después, Naruto se despidió de ambos y encaminó a la salida. La invitación de los Haruno había sido para verlo y charlar con él. Lo sentían como un hijo, sabían lo que había hecho con el hijo de Fugaku Uchiha y sabían lo que demostraba amar a Sakura. Kizashi lo acompañó hasta la puerta de salida, mientras su esposa se escondía en la cocina para llorar. Ambos tuvieron un mal presentimiento sobre Naruto. Lo vieron en sus gestos, lo leían en sus ojos.

-muchacho…-le dijo Kizashi en la puerta- nunca tuve hijos, solo una niña que me hizo sentir muy orgulloso siempre. Se los problemas que tienes con tu familia. Se lo que ibas hacer por ella, y que lo hiciste honrando su memoria.

-Kizashi-sama….

-quiero que sepas…-le interrumpió el hombre firme pero sin traicionar su emoción- que las puertas de mi humilde casa estarán siempre abiertas para ti. Que te aprecio como un hijo, y que seré tu padre…. si acaso el Hokage ya no quiere o puede serlo.

Y lo abrazó, mientras Naruto no podía hacer nada más que dejarse estar. Mientras el corazón del joven estallaba en pedazos por la pena, y la vergüenza que le corroía. Se sentía culpable, por culpa de amarla, ella había muerto. Si no la hubiera seducido, jamás los Uchiha hubiesen tenido la necesidad de matarla. Naruto no podía llorar, desde hacía muchos meses que no podía. Ver las lágrimas del hombre pelirosado, diciéndole que le apreciaba, que lo quería como un hijo. Y aun así Naruto no podía llorar. Sus lágrimas se habían consumido en la furia. El dolor estaba en su piel, no en su interior. No lo ocultaba, lo llevaba como una medalla a la vista de todos. Era el frio odio lo que ocultaba, porque solo quien ama con total entrega, puede conocer los límites de la locura.

-Kizashi….Oto-sama….-dijo Naruto haciendo sonreír levemente al hombre- yo tengo algo que hacer.

-Hijo….-intentó el hombre- usted ya hizo todo lo que podía. No destruya también su vida por una venganza.

La Revancha De Naruto Donde viven las historias. Descúbrelo ahora