Al día siguiente, muy temprano, Marcelo escuchó que alguien tocaba la puerta de la habitación. Con fastidio se levantó para abrir. «Con que sea ese imbécil, le voy a...» pero sus pensamientos quedaron incompletos al abrir y ver a un hombre casi de su misma edad, muy bien arreglado, frente a él.
—¿Q-qué pasa aquí? ¿Usted es dueño del motel?, ¿hubo algún crimen en medio de la noche? Porque déjeme decirle que el hombre que ayer llegó conmigo no tiene que ver en mi vida, solo le di un aventón hasta aquí pero yo no hice nada...
El otro se echó a reír.
—Tranquilo. Mi nombre es Gustavo Morales y vengo de parte del alcalde.
Marcelo puso cara de confusión.
—En este pequeño pueblo todos somos muy unidos —explicó—, al alcalde le encanta darle la bienvenida a los nuevos miembros de la comunidad. Por cierto, ¿cuál es su nombre?
—Mi nombre es Marcelo Benítez y permítame informarle que yo no me quedaré aquí, de hecho solo quería desayunar algo para irme a mi casa...
—Ayer en la noche nos informaron que usted llegó con otra persona. El alcalde se enteró y organizó un pequeño desayuno. Acepte ir, que es un honor, no todos los días el alcalde del mejor lugar del mundo lo invita a desayunar.
Marcelo se quedó pensativo.
—Está bien, acepto un desayuno, después me iré.
—Claro, no hay problema. —El hombre le mostró una sonrisa amplia—. Por cierto, su amigo también está invitado, ya pasé con él y aceptó gustoso.
—Oh, claro, pero no es mi amigo.
Gustavo ignoró ese comentario y dijo que esperaba a ambos en media hora fuera del motel para llevarlos directo con el alcalde. Después de eso, Marcelo se dirigió al buró y trató de llamar a su jefe y a Susana pero fue en vano. Su celular no tenía señal allí.
A la hora acordada, Marcelo, vestido muy elegante y perfumado, con su pequeña maleta en una mano y el celular en la otra, se dirigió afuera del motel. Los otros dos ya lo estaban esperando.
—El señorito es impuntual, ¿eh? —Se burló Luis.
—Estoy a tiempo.
—Sí, está a tiempo. —Se entrometió Gustavo para evitar una disputa—. Ahora suban a aquella limosina. Estaremos muy pronto en la casa del alcalde. —A pesar de que las distancias eran cortas y bien podían ir caminando, el alcalde amaba esa clase de lujos innecesarios.
—Puedo irlo siguiendo en mi auto. —Señaló su pequeño vehículo, que no se comparaba en nada con aquella belleza que le mostró Gustavo.
—Si gustas.
***
La mansión del alcalde era muy grande y lujosa en comparación con los demás lugares de ese pueblo. Pintada de blanco con toques dorados, tenía un pequeño riachuelo que cruzaba por un puente, una fuente con peces adentro, y un enorme jardín lleno de árboles y todo tipo de flores. Marcelo no notó nada de eso porque estaba muy ocupado viendo su celular. Intentaba marcar tanto a Susana como a su jefe y no entraba ninguna llamada. Gustavo les explicaba a ambos acerca de la arquitectura implementada pero ninguno le hizo mucho caso.
Al entrar a la mansión, un mayordomo los dirigió a la cocina. Luis notó que el alcalde contaba con muchos empleados domésticos, que se la pasaban de un lado a otro arreglando cualquier imperfecto o limpiando los rastros de polvo, por más diminutos que fueran.
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Bienvenidos a Villaoscura © |Completa|
Misteri / ThrillerMarcelo Benítez tiene una vida feliz: cuenta con un gran trabajo y pronto se casará con el amor de su vida. Una tarde va de camino a una reunión laboral y se encuentra con Luis, un convicto que escapó de la cárcel, que lo obliga a llevarlo a un luga...
