-¿Te enamoraste?-. Me preguntó con una sonrisa cómplice, aunque realmente, no creo que haya sido una pregunta, sino, una afirmación.
-¿Por qué lo dices?-Le cuestioné curiosa.
-Dije su nombre y sonreíste-. Después de su respuesta, sentí mí sangre centrandose en mis mejillas.
