Tal vez sí desearía tener 13.
Pero no para volver a ponerme las medias blancas del uniforme, ni para tener los mismos amigos. Desearía volver a tener 13 para sentirme viva, decir lo que parece que nadie quiere, gritar y reír hasta que me duela el estómago.
Recuerdo que las reglas del miedo no eran tan estrictas. Que ningún pensamiento podía arruinar una buena noche. Que dormir era mi cosa favorita en el mundo. Y un día, todo cambió. Un verano fue suficiente para que el fuego en mi pecho se convirtiera en una presión en mi cabeza y una visión de túnel. Deseo dejar de escribir de ello porque se haya vuelto irrelevante, y pueda decir que mis heridas se han curado.
Pero mientras,
la sangre seguirá haciendo patrones en el piso.
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