El fantasma de blanco

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Tan fría era la noche que podría congelar hasta el más cálido corazón. Un cántico de dolor y desesperanza que haría llorar hasta al más risueño.

Todos se habían ido hace mucho tiempo, quedando sólo él estancado en un templo en ruinas porque se ancló al dolor y remordimiento sin poder superar el impacto que los acontecimientos causaron en él.

Y ni siquiera sabía porque la verdad había causado un profundo agujero en él que parecía no tener fin y se agrandaba con el paso de los días.

Sí, le mintieron en la cara por mucho, mucho tiempo; sí, se inclinó a favorecer a sólo uno la mayor parte de tiempo cuando en realidad eran un equipo de tres que trabajaba con la intención de ayudar no sólo a sus propias sectas si no a las demás contra un solo enemigo y que al encarar la verdad sintió un vacío que se asentó en todo su ser.

Trató de recuperarse luego de tan trágicos acontecimientos pero era más que evidente que no pudo recuperarse de ello porque a pesar de haber entrado a reclusión, de haber invertido horas, días, semanas, meses en la meditación aislada para sanar su mente no pudo seguir adelante.

Y llegó un momento en el que se preguntó por qué, lo que parecía una nimiedad en el registro, en el libro de la vida, en comparación con toda la creación que se conocía y todo aquello que aún no conocían, todo aquello que no alcanzarían a ver, logró afectarle tanto hasta el punto de desmoronarle y hacer un abismal e histérico drama de ello.

La respuesta parecía tan simple, pero tan compleja a la vez. Complicada de explicar y comprender.

Simplemente se ancló al dolor.

Y eso le había permitido presenciar otras historias y tragedias sin abandonar el recinto al que confinó su desesperada alma. Incluso pudo distinguir terror enloquecedor en los ojos de un sujeto que una vez se aventuró a las ruinas de aquel templo a altas horas de la noche.

Ya se había resignado, mucho tiempo atrás, a admitir que entendía porqué muchos optaban por la muerte. Ya no se tenían preocupaciones, ni desgarres del alma o heridas del corazón; simplemente descansabas en una eterna oscuridad. Un deseo egoísta, que por más que anhelara, no se cumpliría.

No gozaba del dolor, a pesar de vivir con ello todos los días y noches durante tantos siglos ya, no quería sentirse así. Pero, ¿qué podría hacer? Ese era su destino, pasar toda la eternidad siendo una alma en pena añorando el consuelo que solo la muerte podía dar. A veces era tanta la pena que dejaba escapar su voz para contar aquello que sentía. Y qué irónico era, pues se hallaban entonando una angelical melodía cuando salía del trance.

Noches de lluvia, noches de truenos, noches sin luna. El sol se ocultaba, la oscuridad se esparcía, el frío molestando a todo aquel sin refugio al caer la noche y él cantaría la desdicha con la voz más hermosa que alguna vez se haya escuchado. Por supuesto, aquel que escuchara no entendería el mensaje porque la historia se narraba en un lenguaje difunto de siglos perdidos entre guerras y sobre vivencia.

No existía bálsamo alguno que pudiera brindarle el alivio que tan ambicioso deseaba.

Una noche su rutina fluía dentro su asfixiante monotonía; cantaba ya no con sentimiento simplemente para matar el tiempo y extraordinariamente encontró un accidental visitante. Su canto se detuvo de forma abrupta al escuchar un quejido cerca de lo que antes fue el umbral de aquella habitación y en el suelo vio tendido a un niño. El jovencito estaba aterrado así que no se acercó en lo más mínimo, lo mejor era desaparecer de allí ya que de todas maneras el chiquillo saldría corriendo para no volver.

Y aunque, de hecho, el joven sí se fue de allí aquella noche, hubo otras en las que volvió y con cada vez que iba parecía perder el miedo a lo desconocido, perder el temor al espíritu que flotaba en las ruinas del templo, perder el espanto al fantasma de blanco que al desplazarse por el aire parecía una pálida mantarraya con esas túnicas prístinas moviéndose con elegancia. Y el espíritu se mostraba curioso y encantado con aquella presencia.

Dos seres alienados se encontraron y unieron en su soledad para convidarle el uno al otro de consuelo y refugio. Jiang Cheng, el nombre del amigo de corazón latiente, ofrecía compañía y anécdotas para Lan XiChen, nuestro desdichado amigo fantasma, quien deleitaba al joven con su melodiosa voz. Ambos se tenían el uno al otro.

En algún momento, Lan XiChen empezó a albergar en su corazón el deseo de sentir a Jiang Cheng, de estar vivo para no apartarse de su lado, para ser su apoyo. Obviamente sabía y entendía que aquello sería imposible, pero se valía soñar.

En una noche de luna llena Lan XiChen descubriría una verdad que rompería aún más su destrozada alma. Jiang Cheng le contó que nuevamente se desató un conflicto en su hogar, si lo podían llamar así, y el fantasma le ofreció un cántico para animarlo a lo que el joven accedió, no a la primera hay que decir.

El Lan cantaba con una pequeña sonrisa en los labios, un pequeño gesto que reflejaba su genuina alegría al haber encontrado un compañero. Ojos violetas con destellos azules se posaban embelesados, casi hipnotizados, frente a él y allí se dio cuenta.

Su preciado A-Cheng alguna vez, en los tiempos de gloria de las sectas y el arte de la cultivación, fue conocido como Sandu Shengshou por su carácter de los mil infiernos y lengua afiliada, crueldad encarnada en persona; era el líder de secta Jiang WanYin. Pero lo que le rompió el corazón fue el darse cuenta de que él estaba enlazado al Jiang menor. Un escalofrío recorrió su espina dorsal al caer en la profundidad de esos hermosos y cansados orbes que reflejaban un llamado de auxilio porque estaba harto de su situación, de los conflictos entre sus padres, de ser llamado inútil, de ser tachado de poca cosa.

Jiang Cheng fue designado para compartir la vida con Lan XiChen.

El fantasma comenzó a entonar de forma dolorosa, como si el llanto rasgara sus cuerdas vocales. Se lamentaba por haber condenado al dueño de su vida a una travesía solitaria, y a sí mismo a contemplar cómo era lastimado sin poder ayudarle en lo más mínimo.

Hagan de su tristeza, estrés, dolor un impulsor para lograr lo que se proponen. Conviertan todo eso en energía para seguir adelante ☺️

Btw, #StayAtHome2020

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