En las buenas y en las malas

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⚠️ Advertencia: se tratará un tema delicado en esto, nada profundo en realidad, sólo menciones pero igual. El tema tratado es aborto espontáneo. Mucha precaución. No leer si te afecta.

-No entiendo por qué no me dejas comer curry picante -se quejó de forma exasperada el menor de los Jiang al salir de aquel edificio. Sin duda las hormonas lograban que su humor se volviera aún más volátil; era su tercer embarazo y ya se encontraba en el octavo mes.

-A-Cheng, sabes que puedes hacer cuanto quieras siempre y cuando no te lastimes. Simplemente pienso que no sería prudente comer chile en este momento -su esposo trató de explicarle con tacto para no alterarle más. Ambos esperaban por su auto.

-Puedo asegurarte, Lan Huan, que no pasará nada aún si como chile. Es más, la ciencia está de mi lado porque está comprobado que el chile tiene muchas vitaminas, propiedades anti cancerígenas y es estupendo para prevenir enfermedades cardiovasculares.

-A-Cheng tiene razón -comentó para tranquilizar a su esposo.

-Por supuesto que tengo razón -Jiang Cheng podría estar embarazado, pero conservaba su fuerza intacta y no temió tomar al Lan de las solapas para mirarlo de forma amenazante-. Y más te vale conseguirme un curry indio auténtico o me las pagarás con creces.

Lan XiChen estaba más que acostumbrado a lo explosivo, y un tanto agresivo, que Jiang Cheng podía ser cuando se molestaba. Prefería no intentar hacerle cambiar de parecer o la situación empeoraría. La celestial paciencia del Jade salía a flote al escuchar lo que el Jiang tenía que decir.

A-Cheng se veía aún más precioso de lo que ya era; con sus ojos resplandecientes bajo aquel ceño fruncido, su cabello recogido en un moño, su pancita de ocho meses. Lan Huan no pudo resistirse, y aunque WanYin continuaba descargando su enojo, el mayor se inclinó para robar un beso de esos labios que tanto adoraba.

-¡Lan Huan! -Jiang Cheng lo golpeó en el pecho al sentirse avergonzado. Trató de regañar al idiota que tenía por esposo pero terminó escondiendo su rostro en el pecho del Lan. Se vio tentado a golpearlo de nuevo cuando escuchó que reía encantado.

-No me disculparé, A-Cheng; eres tan lindo que no me pude resistir -XiChen lo envolvió con sus brazos y sonreía tan feliz.

-Me hiciste perder cara, ahora tienes que recompensármelo.

-Como diga mi señor -en aquel momento se le fue entregado el auto por el valet. Como todo un caballero, el Lan abrió la puerta del copiloto para que su amorcito subiera.

-Entonces quiero curry -Jiang Cheng se acomodó en el asiento y dejó que le pusieran el cinturón.

-Veré lo que puedo hacer. Pero A-Cheng, aún no hemos ido a ese nuevo restaurante japonés en el centro -antes de tomar su lugar como el conductor, XiChen dejó un beso sobre la frente de ChengCheng.

-¿Y por qué no me has llevado? Tu bebé y yo tenemos hambre, Lan Huan.

-¿Adónde crees que vamos? A-Cheng merece ser consentido.

Y así fue como Jiang Cheng se olvidó de la comida picante aquella tarde.

Jiang Cheng apenas entraba a los veinte cuando se casó con Lan Huan.

Era un simple estudiante de primer año de universidad cuando conoció al prodigioso muchacho del que ya había escuchado. Los profesores no tenían pelos en la lengua cuando comparaban al resto de la población estudiantil con aquel regalo de los cielos.

Ambos se conocieron al trabajar en una obra de teatro en el festival de caridad que la universidad organizaba al final del año. Jiang Cheng lo hacía para obtener cierta cantidad de horas sociales y avanzar de una buena vez con eso, contrario a Lan Huan quien lo hacía por pura filantropía.

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