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Hinata se miró, un largo Kimono de color blanco y hecho de seda cubría su cuerpo, su cabello era adornado por hermosas flores de la temporada de primavera que Hanabi había insistido en colocarle, su rostro estaba maquilado resaltando sus pómulos.

Pero todo eso era una falacia, la sonrisa que le dió a Hanabi solo fue para tranquilizarla y convencer a los demás de que deseaba ese matrimonio. Hinata no quería eso, ella deseaba estar en casa, rodeaba por su manada y disfrutando de los meses que llevarían el embarazo.

Él maquillaje era abundante por algo, cubría las marcas en su rostro por las lágrimas que había derramado durante la noche, al darse cuenta de que nada volvería a ser como antes.

Y no le parecía justo, había aceptado hace mucho tiempo a compartir y ser compartida; su relación era sana, sus alfas la amaban y protegían incondicionalmente,  obtuvo una amiga con la que se apoyaba mutuamente y que apreciaba.

Una familia.

— Hinata.

Apartó la mirada del espejo y la centró en su padre, aquel hombre que antes le hizo competir con su hermana por su cariño y un poco de atención ahora quién la llevaría a su fin.

Irónico, muy irónico.

— Es hora.

Las palabras eran frías, pero Hinata no se sorprendió en absoluto, estaba acostumbrada a esa actitud de su parte desde que era una niña temerosa e insegura; no esperaba su apoyo en sus decisiones, prácticamente el hombre casi se desmaya cuando se enteró de su estiló de vida.

Hinata permanecío callada, tomó el brazo de su padre e inmediatamente las puertas se abrieron, dejando ver un hermoso jardín decorado especialmente para ese día; hermosas flores colgaban del techo, una alfombra blanca cubierta de pétalos estaba en el medio y los invitados estaban a los costados de cada alfombra, las personas la miraban espectantes y con una sonrisa en su rostro.

Todos ellos pensaban que de verdad quería eso, pero no era así; sus amigos mantenían un rostro neutro y la miraban con preocupación, atentos a los pasos que daba acompañada de su padre.

Hinata les dió una sonrisa falsa, tratando de calmar sus afligidos corazones y perturbadas mentes, cualquiera pensaría que ellos estarían felices de acabar con su apoyo al teatro que esa manada daba frente a los demás; sin embargo no era así, tanto tiempo siguiendo esa rutina y viéndolos tan felices termino por ayudar a que lo aceptarán.

Ese era su estilo de vida, así era como vivían y de esa forma eran felices.

Estaré bien. — Hinata elevó su vista, mostrando una sonrisa consoladora a sus compañeros de equipo—. No me pasará nada.

Pudo sentir como el agarré de su padre se hacía más firme en su brazo, dándole a entender que no debía actuar de esa forma delante de los demás o habrían consecuencias.

Siguió caminando, sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a su padre para defender su felicidad, simplemente desde que había madurado se dió cuenta de que tanto empeño por obtener el amor de Hiashi era una causa perdida.

Su padre no la amaría, pero al menos debería aceptar que la forma en la que había vivido la hacía feliz y que no permitiría que él interfiriera con eso.

Sabes, se que no he sido el mejor de los padres— murmuró Hiashi—, pero siempre quise lo mejor para ti.

Hinata lo miró, confundida por sus palabras; esas cosas nunca las diría él hombre que la había criado, no aquel que la obligaba a entrenar día y noche para luego insultarla.

Esas palabras concordaban con aquella imagen de su padre a la que se había aferrado, a ese hombre que la había amado y protegido hasta el momento en que su madre murió.

Te veía llorar y me molestaba que ya no podía hacerte feliz— siguió—, pero molestaba aún más la idea de que alguien te dañará.

Hinata lo escuchaba y recordaba las veces en que había discutido con ellos, las ocasiones en que no salía de su habitación y se mantenía totalmente callada por la angustia que sentía dentro de si misma.

Pero nunca había sufrido a causa de ellos, había sufrido por las personas que rodeaban su mundo y querían acabar con su alegría.

Ellos nunca me hicieron daño...— respondió Hinata—. Me han protegido.

— ¿Ellos te hacen feliz? ¿Incluso ahora?

Los ojos de Hinata miraron con dulzura a sus alfas y a su amiga, incluso en esos momentos tan difíciles habían aceptado eso y estaban dispuestos a hacerlo si podían seguir juntos.

Incluso ahora, ellos me hacen feliz.

Continuará...

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