Comenzaré desde el principio mi mamá y yo vivíamos en un barrio de clase media en nuestra ciudad. Ella era ama de llaves y no es que ganará mucho, pero al menos nos alcanzaba para vivir cómodamente. Como pueden notar aquí no hay mención de un padre, bueno como la mayoría de los hombres me abandonó en cuanto pudo. Esto no detuvo a mi madre, así que me crío ella sola sin problema alguno.
El día que ocurrió era un martes 18, recuerdo haber recibido un mensaje diciéndome que ya había salido de la casa de su jefe y se dirigía para la nuestra. También me acuerdo qué me llamó para pedirme que comprase algunas cosas para la cena cuando yo regresará de la escuela. Como me arrepiento de haber ido ese día a la tienda. Ese día al llegar a casa mi madre no estaba, me asombró un poco, pero creí que quizá le había surgido algún inconveniente y que debió haber retornado a su trabajo, eran las 4:30 de la tarde cuando yo llegué así que no me pareció tan raro y decidí esperar. Un par de horas más tarde fue cuando me comenzó a preocupar pues daban las 8 y mamá todavía no aparecía, por lo que decidí mandarle un mensaje de texto, pero no respondió es más ni siquiera le llegaban los mensajes.
Pasadas las diez mi angustia no podía y decidí ponerme en contacto con su jefe, el señor Enrique, recuerdo que él respondió muy amable pero que su tono cambió en cuando escucho la angustia en mi voz preguntando por mi madre. Él negó haberla visto, y me dio aviso de que ella había salido de su casa a eso de las 3 pero que no había tenido respuesta, rápidamente se ofreció a acompañarme con las autoridades para dar aviso de lo ocurrido. Llegó tan pronto como pudo y me acompañó, las autoridades de este país son un verdadero asco, pues dijeron que nada podían hacer si ella tenía más de 24 horas de no estar presente en mi vida. Su exjefe se volvió una fiera y amenazó a todos los presentes de despedirlos si no hacían nada al respecto, después de dar inició a su búsqueda me llevaron a casa.
Cuando pisé la sala de mi casa me desplomé por completo y comencé a llorar "Querida madre... haz roto tu promesa, no llegaste a la cena, no contestas mis llamadas, ni te llegan mis mensajes; mami querida ¿Qué te ha pasado?" pensaba en mi mente. Lloré hasta quedarme dormida o eso creo, después de ello desperté a causa de unos golpes alarmantes al otro lado de mi puerta. Cuando la abrí vi a la señora Tere, nuestra vecina y la mejor amiga de mi madre, me dijo que ella recién se había enterado y que había corrido para estar conmigo, la abracé muy fuerte ya que ella era lo más cercano a un familiar. Mi mamá no era de esta ciudad y mis abuelos ya habían muerto años atrás así que no había a nadie quien buscar.
Esos días la pase sumamente mal, cuando el vecindario se enteró vinieron a darme apoyo y comenzaron una búsqueda exhaustiva. Mi mamá mejor conocida como la señora Carla era muy querida en el vecindario, y ¿cómo no iba a serlo? Si no se metía con nadie y siempre trataba de ser amable... Todos los de la cuadra conocían a mi madre y es que a pesar de ser una señora un tanto mayor, ella era bastante guapa así que no era inusual para mi cuando los vecinos de por aquí la invitaban a salir; sin embargo, ella siempre los rechazaba pues decía que no tenía tiempo para un hombre en su vida. La única cosa que realmente le importaba a mi mamá era yo, su única y no tan menor hija.
Conforme pasaban los días mi angustia iba en aumento, las autoridades no daban respuesta y los vecinos tampoco hallaban huellas. Absolutamente todos estaban metidos, desde los adultos mayores a los niños más chicos. Habían hecho varias jornadas de búsquedas en basureros y barrancas, también me traían de comer y se encargaban de cuidar que nada me faltará, decían que era por el cariño que le tenían a mi madre y yo estaba muy agradecida. Dentro de esta pseudo familia, había un vecino que se veía realmente afectado, el señor Genaro quien había estado perdidamente enamorado de mi dulce madre por muchos años, él era el que primero salía a buscarla y era el último que regresaba a su casa.
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Último aliento
Non-FictionUn salto, un recuerdo, un beso o quizá un trago sean lo único que se necesite para acabar con su vida, a veces un instante puede dejar de ser uno más para convertirse en el último de su existir y a lo mejor ninguno de ellos se dio cuenta. Quizá alg...