Seguía ahí con el teléfono en la mano, ésta temblaba cómo si no hubiera un mañana y mis lágrimas manchaban la pantalla de la misma.
No eran lágrimas de tristeza, sino de coraje, ni siquiera cuando estábamos cortando, pudo admitir sus errores, siempre justificándose de maneras idiotas. Sólo quería golpearlo, decirle que no tenía que tratarme así, quería odiarlo, pero... no podía, en el fondo de mi corazón sabía que, a pesar de todo, mi amor por él era más grande, aunque quisiera no podía odiarlo, sólo estaba lleno de un rencor insano, quería sacarme esto del pecho, llorar hasta que no hubiera un mañana...
-Hey, ¿estás bien?-un chico con una cara cuadrada y cabello color borgoña me tocó el hombro. Mierda, olvidé que estaba en la calle ¿Qué hago? ¿Me sincero con esté completo desconocido o voy con Jimin? -No, acabo de cortar con mi novio.- me acarició el hombro, mientras me daba una sonrisa sincera.
-¿Puedo hacer algo para ayudarte? Sé que soy un desconocido pero, por favor déjame ayudarte, no me gusta ver a alguien tan lindo cómo tú llorando.-su tono de voz era suave y sentía que él, verdaderamente, quería ayudarme.
-Si te soy sincero, sólo quiero llorar. A ese maldito le di dos años de mi vida y me dejó.
-Si quieres podemos ir a un lugar para que estés más tranquilo y me cuentes que pasa, ¿te parece si vamos a la cafetería de aquí a la vuelta? Yo invito.- él seguía acariciando mi espalda intentando que no siguiera llorando.
-Está bien.- tomé su mano. -Vamos a hablar.- mi voz sonó bastante triste y entrecortada.
Caminamos durante unos cinco minutos, llegamos a una cafetería bastante pequeña, los tonos eran entre cafés y beiges; parecía ser que no estaban muy llenos, ya que la mayoría de mesas estaban desocupadas, un menú de gis decoraba la entrada poniendo el especial del día y unas promociones.
Él susurró a mi oído.
-No te preocupes, pide lo que quieras, en serio.- mientras volvía a sonreír hacía mi. Su sonrisa era demasiado bonita, me hacía sentirme bien a pesar de que sólo quería llorar. Ni siquiera sabía su nombre, pero, el simple hecho de que me ayudara, cuando estaba llorando en medio de la calle, me da a entender que es un gran ser humano, con una gran vocación para ayudar. -Vamos, pide lo que quieras, si aún no te has decidido o no sabes que pedir te puedo recomendar algo, aunque aquí todo está súper bueno.-
-Quiero una malteada de chocolate, por favor.- dije con la voz aún temblorosa por haber llorado.
-¿Con crema batida o sola?- preguntó la barista.
-Con crema batida.- contesté, tratando de modular mi tono de voz.
-Yo voy a querer un sprite, por favor.- dijo el chico que me había estado acompañando.
-Claro que sí, en un momento les llevo su pedido.- finalizó la barista con una sonrisa en su rostro.
Nos sentamos en una de las mesas, ubicada junto a la ventana, me gustaba ver el paisaje urbano de la gente apurada y los carros pasando constantemente. Ya me sentía un poco más tranquilo y podía comenzar a hablar con el chico.
-¿Te sientes listo para hablar o quieres más tiempo? No quiero que te sientas presionado con el tema.- me tomó la mano y volvió a sonreír, ¿podría este ser mi ser amado?
-Creo que sí, sólo que si comienzo a llorar, no me odies.-
-No lo voy a hacer, tranquilo. No podría odiarte por expresar tus sentimientos. Sólo quiero ayudarte a que te sientas mejor. Además agradezco que hayas confiado en mi.- este chico era cómo una sonrisa andante, no sólo sonreía con sus labios si no también con sus ojos. Seguía triste y lamentaba lo de Jungkook pero aún así, no me sentía sólo.
Finalmente le hablé de mi relación con Jungkook y él porqué habíamos terminado, él sólo se la pasaba consolándome y diciendo que no era mi culpa, me gustaba su compañía.
Sentía como si hubiéramos sido destinados para conocernos, en mis 22 años de vida no me había sentido tan unido con un desconocido. Finalmente él habló.
-Me la he pasado bien, y agradezco que me hayas contado tus problemas. Pero me tengo que ir. Espero que volvamos a coincidir alguna vez.- me dijo con un tono bastante triste.
-No te preocupes, espero que podamos volver a vernos.- le sonreí y el chico salió rápidamente de la cafetería cuando me di cuenta que no le había preguntado su nombre.
Decidí ir a mi casa, llamar a Jimin y contarle lo que había sucedido.
Cuando llegué a mi casa me sentía más tranquilo, mi conciencia había descansado.
Tomé mi teléfono y le marqué a Jimin.
-Hola TaeTae ¿qué pasó Jungkook te dijo que si?
-Él y yo cortamos.
-Por fin te diste cuenta.- exclamó Jimin en un tono bastante animado y ¿aliviado? -¿Cómo te sientes?
-Me sentía bastante triste, pero hace un rato, hablé con un chico y me sentí mejor, su aura me daba mucha tranquilidad.
-¿Y cómo se llama?-podía sentir la curiosidad de Jimin en cada uno de mis poros a pesar de que estábamos a través del teléfono.
-Olvidé preguntarle su nombre.
-Si para pendejo no se estudia, Tae. Espero que lo vuelvas a ver y si lo haces pídele su número, no seas idiota.
-Ya lo sé, sólo que me dijo que estaba en un apuro y se tuvo que ir.
-Chale, pues ya ni modo.- mencionó Jimin decepcionado, tomó unos minutos en silencio para luego decir y cambiar su tono a uno más alegre. -Recuerda que mañana es nuestra clase de zumba. No lo olvides, iré por ti a las 8:30 y pobre de ti si no estás listo.
Mierda había olvidado la clase de zumba.
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Zumba || HopeV
Teen FictionJimin invita a su mejor amigo Taehyung a ir con el a unas clases de zumba en la iglesia de su barrio sin saber que podría terminar enamorándose del instructor de la clase. °Historia hecha en colaboración para una dinámica de Facebook.°
