EN LA OSCURIDAD

157 14 10
                                        

Me encontraba leyendo frases de terror a altas horas de la noche como todos los días antes de dormir. El silencio que se sentía en la habitación era bastante tranquilo. Aun no me daba sueño y continúe leyendo, pero de pronto percibí algo moviéndose en mi habitación. Antes de poder asustarme, pensé que tal vez era mi mascota, pero recordé que mi mascota había salido horas atrás de mi habitación y no había vuelto a entrar. Ya con un poco de miedo, ilumine con la linterna de mi teléfono recorriendo las cuatro esquinas de mi habitación. Entonces, ahí, frente a mí, estaba una joven alta, de pelo largo y negro. Además portaba un vestido desgarrado, lo poco de piel que tenía, era cubierta por moretones y una sustancia negra espesa y a la vez liquida como la sangre, sus ojos eran horribles, estaban abiertos de par en par y una sonrisa forzada se formaba en sus labios. Era tan aterradora como un ventrílocuo.

Me paralice y toda mi sangre se helo, haciéndome perder el control de mi cuerpo.

—Melissa —dijo mi nombre con voz ronca y cortada.

Ese día no pasó nada más, tan pronto como menciono mi nombre se desvaneció en la oscuridad. No logre dormir.

Los días siguientes fueron igual de aterradores. Por las noches esa joven nuevamente me visitaba y susurraba mi nombre, solo con la excepción de que yo, ya no iluminaba aquel lugar. No quería verla de nuevo.

Un día por la tarde me aventure a buscar maneras de ahuyentarla. Llego la noche y lo mismo se repitió. Encendí mi linterna e ilumine hasta encontrarla, una vez frente a mi tome el tarro que había colocado a un lado de mi cama, el cual contenía solo sal y agua. Había escuchado que eso mataba a las brujas. La lance contra ella, sin embargo fue un grave error.

Solo parecía que era exorcizada, se movía muy raro y pronto saco algo dentro de ella. Retrocedí, pero caí. Ella solo me continuo observando de manera macabra y se acercó a mí. Con sus largas uñas negras y puntiagudas, sujeto uno de mis pies y rasguño mi pierna.

Paso la noche y tan pronto como amaneció me apresure a decirle a mis padres. Todo lo que dije no fue convincente ni creíble para ellos. Solo me juzgaron demente.

—Debió haber sido el gato —dijeron ambos.

Ya no dije nada más y me retire.

Pronto mi gato apareció frente a mí. Su cabello parecía estársele cayendo y note unos puntos rojos en él.

 Su cabello parecía estársele cayendo y note unos puntos rojos en él

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


¡Hola!

¡Espero y les haya gustado la historia!

Cabe aclarar que está historia es real y fue enviada por melycontre.

Gracias por tu contribución🖤


RELATOS DE TERRORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora