10| Somos multitud

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Nota: Es complicado darle cabeza a distintas historias para mantener la originalidad.

Para Lupa, su día a día desde que Lincoln la escribió a ella, y a sus amigas en la escuela de Royal Woods, a sido muy jodida.

Los estudios, las actividades y las tareas son horribles. Además, no es la única que sufre por la escuela. Tener a tantas personas en una sola casa, no hace más que empeorar el estrés de las estudiantes.

Siempre y cuando todos se ayuden, facilitan la vida en esta casa. Y Lincoln da gracias por eso.

La chica albina… bueno, en esta ocasión habrían dos chicas con el cabello blanco, Lina y Lupa, en este caso estamos hablando de la última mencionada. Lupa pasó a un lado de la habitación de Lyra esperando encontrarla ahí y poder pedirle ayuda en la tarea de esta semana, que técnicamente sería dejar a Lyra que la haga por ella.

Era un domingo por la mañana y Lupa aún tenía muchas actividades pendientes, y no es por que fuera algún tipo de chica que le gustara holgazanear. Lupa vive en esta espaciosa casa con las amigas que conoció a lo largo de sus diecisiete años, por así decirlo. Su niñez, como el resto de las demás, no fue muy normal. Aún cree que esos tipos siguen vivos y en cualquier momento podrían venir a buscarla.

Volviendo al tema principal, Lupa no es floja, más bien, es una procrastinadora. Para que no sepan que es lo que sufre Lupa, la procrastinación es un hábito en algunas personas para retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables por miedo a afrontarlas. Y sí, Lupa tiene miedo de fallar en la escuela.

Ahora, es claro que a Lupa no le agrada ir a la escuela, después de todo, la vida que llevó anteriormente no la necesitaba, pero justo ahora vive en compañía de sus mejores amigas y junto al hombre que las ayudó a salir. En pocas palabras, Lupa no quiere decepcionar a Lincoln, por todo lo que él a hecho por ellas.

"¡Está vez voy por un diez!" exclamó Lupa con un papel en sus manos delante de la puerta de la nueva habitación que se construyó hace tres años, de ahí, justo en el marco de la puerta que estaba abierta, Lincoln tenía los brazos cruzados mientras observaba como Lupa lentamente iba girando su cabeza a su dirección.

Lupa estaba divagando por todo el pasillo sin darse cuenta hasta llegar a la habitación de Lincoln, un cuarto pequeño pero suficiente como para que él y dos personas más pudieran dormir más cómodos y así él no tendría que lastimarse la espalda en el sofá o ser convidado por las chicas a dormir con ellas por sentirse mal de estar acaparando todas las camas sólo para ellas. Aunque en un principio Lincoln se negó, él accedió durante un tiempo pues el dolor de espalda lo estaba matando para su joven edad.

La idea de una nueva habitación se extendió a tres más, esto debido a la misma razón. Las chicas estaban creciendo. Lincoln se sentía incómodo al dormir con jóvenes en crecimiento, y más con las mayores que sólo tenían uno o dos años más que las demás. Sus cuerpos eran más grandes y curvos, y las camas donde dormían hasta tres chicas, ya pedían que solo las utilizará una sola persona o máximo dos.

Así que Lincoln no tuvo más opción que hacer una reubicación. Gracias a Dios que es el hombre del plan, si no fuera por eso, el estrés ya se lo fuera comido vivo al tratar con tantas chicas y sus diferentes tipos de personalidades.

Dejando de lado las aclaraciones por un momento y volviendo a la escena anterior; Lincoln tomó la hoja que Lupa tenía en sus manos, cuando Lupa vio como las cejas de Lincoln bajaron un poco, ella inmediatamente miró a otro lado sujetando su brazo derecho con la mano de su brazo izquierdo.

Lincoln dio un rápido suspiro entregando de nuevo el papel a Lupa. Era un examen con un seis, pasó, por poco pero pasó.

"Te estás esforzando lo más que puedes, eh." mencionó Lincoln acariciando el cabello de Lupa. "No dejes de intentar, ¿ok?" Lupa asintió repetidas veces.

Bunny Loud'sHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora