Capítulo 2

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-Inspector Ritchson, bajé el arma si no quiere que le quite la vida a esta chica, mírela bien, no es la chica más guapa y valiente que has visto nunca -dijo Eduardo con su acento mexicano y sonriendo vilmente, mientras ella inflaba los agujeros de la nariz y entre cerraba los ojos con furia. Pero ahora mis ojos se fijaban en su mejilla, que estaba tomando un color morado, y tenía el labio roto, era la primera vez que me dolía y me enfadaba tanto ver a alguien así a la vez-. Dile hola a tu héroe, pequeño diablillo -dijo arrancándole la cinta de la boca.

Haley G. Winter

19:27

Me quedé sorprendida en cuanto le vi entrar, es decir, semejante belleza, pelo rubio, ojos azulgrisáseo, boca fina, musculoso, grande, un hombre hecho y derecho.

En cuanto me quitó la cinta de la boca yo le escupí en la cara, y se llevo la mano ocupada con la pistola a la cara para limpiarse. Entonces el inspector le dio con el rifle en la cara.

-¿Está bien? ¿Le ha hecho algo? -preguntó preocupado, mientras me desataba las manos, asentí a su pregunta sobadome las muñecas. Luego me desató el pie derecho de la pata de la silla y yo desate el pie izquierdo-. ¿Su móvil lo hackeó?

-Sí, esta en la mesa -lo señalé y me agaché para con las mismas cuerdas que me habían atado a mi atar a el tal Eduardo García. Le até las manos, luego los pies y por último las manos con los pies, y por ultimo le puse la cinta en la boca-. Qué se joda -dije mirándole con asco.

-Haley, ¿sabe usar un arma? -preguntó mi guapo rescatador. Asentí y me dio una pistola-. Necesito que me cubra mientras... -soltó un quejido quitándose el chaleco antibalas dejando ver una gran mancha de sangre.

-No jodas -dije mientras se quitaba la camisa mostrando una gran herida y quemadura. Se sentó en el suelo y se tiró un vaso de agua por encima de la herida y suspiró por el alivio. Pero no fue eso en lo que me fijé, sino en su robusto torso, marcados pectorales y abdominales, muy... sexy-. Hay que curarle eso -dije soltando el arma-, será mejor que se cubra usted solo -dije buscando un botiquín.

-Yo me puedo curar solo -dijo agarrando el rifle.

-Ya, ¿y qué más? Se puede tocar la nariz con la barbilla -abrí el botiquín, no habían vendas, solo gasa y alcohol, lo cogí además de unas tijeras y me arrodillé ante el inspector. Notaba su intensa mirada sobre mi, analizándome-. Le va a arder -dije echando alcohol en una gasa. Y se la coloqué en el centro de la herida, y dando toquesitos al rededor, oí como gemía y cerraba la boca fuertemente aguantando el dolor. Le miré a los ojos, y lo vi mirándome a los ojos seriamente. Luego volví los ojos a su fornido torso y le limpie la sangre.

Cuando estaba ya desinfectado pensé en que usar para sujetarle con una gasa. Y yo llevaba una camisa de botones roja y negra y una blanca lisa ajustada debajo, así que acabe de desabrochar la camisa que llevaba y recorte un buen trozo de mi camiseta por el borde inferior, haciendo que se me viera el ombligo debido a la ancha franja que recorte, hice que resbalara por mi cuerpo, de manera que quedaba un círculo. Ritchson me miraba con curiosidad, puede que sorprendido por mi ingenio. Luego cogí dos gasas y superpuestas las puse sobre la herida, le miré y entendió que quería que la sujetara, lo hizo sin dejar de mirarme, sinceramente estaba empezando a ruborizarme debido a su insistente mirada. Yo resbalé la tela por sus hombros, pasando antes por su cabeza, él saco los brazos, y cuando ya estaba en su torso la solté y saqué su camisa que había quedado enganchada dentro de la tela y luego la coloqué bien sobre la herida. Le quedaba bien apretada esta claro que no es lo mismo su cuerpo bien ancho y fuerte, que mi delgada figura.

-Ingeniosa idea -dijo sonriendo con la boca cerrada.

-Gracias -susurré y me levanté y volví a coger la pistola. Mi protector se abrochó la camisa y sacó la bala del chaleco para luego ponérselo.

Inspector R.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora