CAPITULO 3

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   Pov Alba

No sabía hacia donde iba. Estaba asustada de sí misma, de cómo había reaccionado a todo aquello. Había recibido su boca, su lengua...

¿Qué demonios me había pasado?

Nunca le habían atraído las chicas. La verdad era que nunca se lo había planteado siquiera, y de pronto aquella mujer parecía haber accedido a un lugar dentro de su mente que ni ella conocía, moviendo los cimientos de todo lo que daba por hecho, revolviendo sus sentimientos... Haciendo que sintiera como su cuerpo la deseaba como Nunca había deseado a nadie antes. «Eso está mal, muy mal», me repetía mientras buscaba con la mirada un taxi. Un coche oscuro giró la esquina a mis espaldas a toda velocidad, y se detuvo como si se lo hubiesen ordenado.

—Sube al coche —Natalia se había detenido a su lado y su voz sonó como un trueno. Un relámpago que descargó su fuerza sobre mi columna haciendo que se estremeciera—. No me hagas bajar y meterte a la fuerza. ¡Sube al maldito coche, Alba! —gritó y paró el motor.

—No... Gracias —dije —Puedo ir sola — Empecé a caminar

— ¡Joder! Sabes perfectamente que este barrio es una mierda, y no voy a dejar que te vayas por ahí a solas a las cuatro de la madrugada—Natalia bajó del coche y se puso delante de mí, me paró en seco esquivando su mirada— Así que sube al puto coche de una vez.

—No puedo... no...

— ¡Y una mierda! No pienso excusarme por lo que soy, ni mucho menos por lo que siento por ti. Da igual lo que haya pasado, si no quieres volver a verme en tu puta vida mi parece estupendo, pero te subirás al coche, ¡ahora!

—Por favor, Natalia...

—Déjalo, ¿vale? No tienes que preocuparte por infectarte de mi rollo lésbico ni mierdas de éstas. Te he llevado a casa miles de veces, no tienes que tener miedo de nada — dice enojada —. Sube al coche, ¿de acuerdo? Sólo... déjame acercarte a casa y después podrás olvidarte de mí o lo que quieras —Natalia dio un paso al frente.

—No... No te acerques... —Le digo.

—No pretendía... no quería que las cosas acabasen así. Por eso no me acerqué a ti en meses, y ojalá no lo hubiese hecho nunca. Eres mi mejor amiga, no quiero perderte...

—No lo entiendes... —susurro mientras se alejaba de ella.

— ¿Qué es lo que no entiendo? ¿El que me veas como a un bicho raro? ¿Qué te asquea la idea de haberte besado con otra mujer? Ya he pasado por eso... sé lo que piensas y no te culpo por ello, deja que te acerque y luego...

— ¡No entiendes una mierda! —grite y Natalia se abalanzó sobre mi.

Rechazando el contacto, di un paso hacia atrás mientras Ella avanzaba.

—Dime que es lo que no entiendo entonces, dime por qué...

— ¡Porque tengo miedo! Estoy... asustada y... confundida... por Dios... tengo miedo...

—Lo sé, cariño... lo sé... —con su voz convertida en un susurro, Natalia se acerca más. Sus manos rozaron mis brazos y yo me encogí.

Volvió a insistir, y entonces me abrazó.

—No...

—No digas nada... sube al coche —nuestras frentes estaban pegadas, nuestros ojos cerrados mientras absorbían el aliento la una de la otra.

—Nat... —murmure, y ella deslizó sus manos por mis brazos, sosteniendo el contacto. Le sujete el rostro entre mis dedos tímidos, y ella gimió. —Tengo miedo... —susurre una vez más, mientras nuestros labios se rozaban.

Empezar  de cero /AlbaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora