Clint Barton

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Catorce dólares; Clint Barton

El teléfono sonaba al vibrar contra la mesa al lado de la cama, habías concordado en ignorarlo, pero ya había sonado otras cuatro veces; extendiste tu mano y tanteaste la mesita antes de llegar al aparato. — ¿Hola? — Respondiste por la línea aún con los ojos cerrados, tu voz somnolienta llegando a los oídos de Clint, una sonrisa triste se posó en su rostro, recuerdos de cuando volvía de misión y le esperabas en el sofá de su apartamento compartido, luchado contra el sueño y le recibías con esa voz rasposa y adorable volvieron a su mente. — ¿Aló? — Repetiste al no tener respuesta, solo escuchando una música al fondo, reconociste la canción Hotline Bling por Drake.

—Me gustaría odiarte. — Susurra él al teléfono, mirando con melancolía el fondo de su vaso vacío. — Enserio me gustaría ¿Sabes? Poder odiarte, odiar tus ojos, tu sonrisa, las pequeñas arruguitas en tus ojos al reír, tu forma de ser...

—Clint ¿Que ha— No pudiste terminar la oración antes de ser interrumpida por él.

—Shh, calla y escúchame. — El chico había extendido su dedo índice como callándote, pero no le veías, frunciendo el ceño con concentración, ya se encontraba considerablemente borracho y sabía que podía arrepentirse de esta llamada más tarde, pero no ahora, ahora todo lo que quería era quitarse ese peso de encima y contarte todo. — Lo siento mucho, demasiado. Cada mañana pienso en cómo solías despertar a mi lado, recordando tu rostro desubicado a la vez que quitabas tu cabello de tu rostro y me saludabas con esa linda sonrisa somnolienta.

Te sentaste en la cama en silencio, frotaste tus ojos con la palma de tu mano tratando de despertarte un poco más, escuchabas ese tono borracho en su voz a la vez que arrastraba las letras.

— ¿Recuerdas aquella vez que viajamos con Nat a Alemania? ¿Qué te perdimos en el aeropuerto de Berlín? Casi perdemos el vuelo por tu culpa. — Una risa perdida y nostálgica salió de su garganta, posicionando una mueca triste en tu rostro, sabías que no había otro sentimiento más que tristeza en esa risa. — Tu cara al encontrarte fue todo un poema, no sabía si querías abrazarme o pegarme una patada, aun así, me diste con tu bolso reclamando por habernos adelantando. Mierda, extraño como disfrazabas tu vergüenza con esa risa tambaleante.

—Clint, vete a casa, es de madrugada y si no me equivoco tienes trabajo; Nat te matará si llegas de goma. — Suspiraste con cansancio, subiste tu mirada a la ventana que quedaba frente a ti. El cielo estaba oscuro y las luces de los edificios alumbraban a la ciudad que nunca dormí y el único otro ruido era el sonar de los autos, debería de ser como las dos o tres de la madrugada.

—¿Sabes? Yo creí que eras la correcta cuando te conocí, entraste a la sala de reuniones y no pude dejar de verte, de admirar lo hermosa que te veías con tu cabello recogido y tu rostro natural. Supe que quería tenerte en mi vida. — Escuchabas sus reclamos, pero no le veías señalando a la nada en el bar como si estuvieras frente a él, cosa que no sucedía desde hacía meses. El corazón de ambos se revolcó con un leve sentimiento de tristeza mezclado con indignación y dolor. — Casi me vuelvo loco tratando de impresionarte, aprendí los nombres de todos los personajes de The Vampire Diaries y vi cada capítulo de la maldita serie para poder hablar contigo de algo cuando llegaras a trabajar. ¿Y para qué? ¿Para qué termináramos tres años después? ¿Para qué salieras de mi vida de la misma manera como entraste? — Sentías como el dolor en tu pecho crecía por cada palabra que decía, pero no paraba de hablar, querías que parara.

—Clint...— trataste de detenerle, pero no quería escucharte, quería que le escucharas.

—No _______, no me intentes callar, no lo haré. Por favor, te lo ruego, sal de mi cabeza de la misma manera que lo hiciste de mi vida, no soporto seguir pensando en tí y saber que no puedo tenerte a mi lado, pensar en tus labios y no poder besarlos. Y si no vas a salir al menos vuelve. — Clint era un desastre emocional a este punto de la noche, casi gritaba al teléfono mientras que movía su mano de manera exagerada a su alrededor. Sabías ese tono de voz, sabías que en su garganta se formaba un nudo, así como en la tuya.

Cerraste los ojos unos segundos tratando de alejar esa tristeza y dolor repentino, diste unos segundos al silencio antes de comenzar a hablar, te dolía que hablara como si todo hubiera sido color arcoíris. — ¿Sabes Clint? No me gusta lo que estás haciendo, yo no fui quien optó por salir de tu vida, tú me echaste, me apartaste de ti y me sacaste de tu vida. No puedo creer que me estés culpando de salir de tu vida si tú ya no me querías en ella. ¡Ya no me prestabas atención Clint! Te ahogas en los momentos lindos y olvidas todos esos recuerdos amargos donde te ibas a mitad de la noche después de pelear y volvías tres días después. — Subiste tu rostro y miraste al techo blanco de tu apartamento, parpadeando múltiples veces para alejar esas lágrimas de tus ojos, no te ibas a permitir llorar esta noche. — Estás siendo egoísta al echarme toda la culpa y lo sabes, no quieres aceptar que fue tu culpa que me marchara si así quieres llamarle.

Él cerró sus ojos mientras te oía hablar, no podía negarse a lo que decías y le dolía aún más oír el dolor en tu voz. — Vuelve a mi vida ¿Si? Por favor, ya no soporto este sentimiento en medio de mi pecho que me carcome día con día. — suplica al teléfono, pero tú no ibas a ceder, no ibas a correr devuelta a sus brazos como si nada hubiera pasado y esa era una realidad que él no quería aceptar.

—No lo haré Clint, me lastimaste mucho ¿Sabes? Duré meses en sacarte de mi cabeza, Nat lo sabe y no quiero... No volveré a la rutina contigo, no puedo. No creo que mi corazón pueda aguantar lo que pasamos otra vez ¿Si? Déjame ser feliz, por favor. Ambos sabemos que esto, nosotros, no funcionó ni va a funcionar, nos hacemos mal el uno al otro. — Declaraste y hubo silencio al otro lado de la línea, sabías que no había colgado porque aún escuchabas los ruidos del bar. — ¿Clint?

—¿Me amas?

—¿Qué? — Preguntaste con confusión ante el cambio.

—¿Me amaste? — cambió un poco la pregunta con un tono de leve esperanza en sus palabras, esperando tu respuesta. — Y dime la verdad.

Suspiraste, tu cerebro quería colgar la llamada, pero tu corazón pedía a gritos que le dijeras la verdad con la esperanza de estar en sus brazos de nuevo. — Lo hice, sí. — Murmuraste al celular, tu mirada perdiéndose en la ventana. — ¿Y tú? ¿Tú me amaste Clint?

—Aún lo hago _______. Me gustaría no hacerlo, pero aún te amo. — Un suspiro pesado y cansado se escuchó en la línea silenciosa; ya el efecto del alcohol comenzaba a pasar de a poco y Clint volvía a sí lentamente. — Lo siento no pregunté cómo estabas. — Murmura buscando alejarse de todo lo que acaba de suceder. — ¿Cómo estás?

Una corta risa rota y dolida escapó de tus labios, sabías lo idiota que podía llegar a ser, pero sabía cómo hacerte sonreír. — Con sueño ¿Y tú cómo estás? — Hubo un silencio en la línea antes de oír su respuesta.

—Bueno, son las cuatro de la mañana, estoy en un bar pagando catorce dólares por una bebida que no sé ni qué tiene, me emborraché, llamé a mi exnovia y ahora está bajando el alcohol. Supongo que bien ¿no? — Habla mientras que dejaba su vaso a un lado. — Yo... lo siento, _______, no sé qué pensaba al llamarte, lamento haberte despertado. — Murmura mientras pasaba su mano por su cabello. — Si quieres podemos hacer que esto nunca pasó y...

—No, está bien. Yo... Me alegra que hayas llamado, me has librado de un peso de encima al decir lo que pensaba. — Rápidamente le corregiste, formando una sonrisa en su rostro. — Quizá, solo quizá, podríamos volver a iniciar, intentar sobrevivir a nosotros mismos una última vez. Si no.... si no funciona lo dejamos morir ¿Sí? — Sugeriste con cierto nerviosismo, sorprendiendo a Clint.

— Oh... am, sí, claro, me parece una gran idea. — La sonrisa sorprendida en su rostro ocasionaba arruguitas en sus ojos, su mano rascó su nuca con nerviosismo.

— ¿Tomamos un café el jueves? Como amigos. — Dijiste mientras mirabas la ventana, aún sentada en tu cama.

—E-Está bien, un café el jueves, como amigos. — No sabía que acababa de pasar, pero le agradaba. — Um...

—Hablamos luego Clint, ya vete a tu casa. — Dijiste ocasionando que carcajeara un poco.

—Está bien, hablamos luego.— Tras eso ambos colgaron la llamada.

Te acostaste nuevamente pero no podías volver a dormir sin saber que acababa de pasar, su cabeza seguía procesando la llamada y tu corazón brincaba con felicidad. Quizá podía funcionar.

Por su lado, Clint observaba la pantalla de su teléfono sin creer que acababa de pasar, quizá la llamada no había sido tan mala idea, quizá fue la bebida o la hora, pero estaba agradecido con lo que sea la mierda que le sirvió el bartender por catorce dólares.


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⏰ Última actualización: Jun 01, 2020 ⏰

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