La tormenta había llegado. Cada hoja, cada rama y cada partícula del bosque estaba mojada. En el suelo se empezaba a formar una gran capa de barro.
—Qué pelotudo, quién se cree que es...
Cuando se fue del campamento, Alan comenzó a caminar sin un rumbo fijo. Iba mirando el suelo, con las manos metidas con fuerza en los bolsillos. Concentrado como estaba en su odio hacia Patricio que no vio la raíz que surgía del suelo. Tropezó y cayó en el suelo embarrado. Se levantó rápidamente y le dio una patada a la raíz, pero resbaló y terminó cayendo de culo al suelo. No pudo contenerse. Alzó el rostro al cielo y lanzó un grito. Sentía la garganta áspera y la boca salada por las gotas de lluvia que le entraban. Se levantó como pudo. Tenía la espalda y el pantalón embarrado. Unas volutas de vapor emergieron de su respiración. Una espesa niebla se asentó sobre el bosque. Sucedió tan deprisa que Alan apenas tuvo tiempo de reaccionar: el aire se volvió denso, le costaba respirar y no podía ver a más de dos metros de su cuerpo.
Un resplandor apareció a lo lejos. En un primer momento pensó que serían sus amigos, que iban a buscarlo, pero algo le dijo que estaba equivocado. Se sentía observado y un murmullo resonó en sus alrededores. Oyó tras de sí un repiqueteo seguido de un golpe sordo, como un toro enfadado, golpeando el suelo impaciente por agarrar a su domador. Intentó caminar pero su pie se hundió hasta el tobillo en barro mezclado con pasto y una sustancia glutinosa que no llegó a detectar. Los murmullos, indescifrables voces que intuían un profundo lamento, aumentaron.
Y bajo la lluvia, el frío y la niebla, un único pensamiento dominó la mente de Alan: voy a morir.
Como si hubiera esperado que digiera sus últimas palabras, se abalanzó sobre el niño de cabellos rojizos extrayéndole hasta el último pedazo de su alma.
***
Gonzalo estaba guardando toda las cosas que quedaron alrededor de la fogata: primero debía preservar lo que los mantendría vivos esa noche, luego buscaría a sus amigos. Pero un grito de sufrimiento a lo lejos lo hizo cambiar de decisión. El grito parecía ser de Alan. Supuso que su amigo había tropezado y lastimado con algo. Comenzó a andar, no podía perder tiempo. El aire helado le escocía los pulmones al respirar y el banco de niebla no le permitía ver con claridad.
—Alan ¿dónde estás? Contéstame. Mierda, Alan, ¿estás bien?
Unos alaridos de lamento captaron su atención. De inmediato corrió al lugar de origen. Se escuchaban cada vez más cerca. Llegó de donde provenían los gritos, pero lo que encontró lo desconcertó: hojas, barro, niebla y lluvia; nada más. Pero los lamentos provenían de ahí, de alguna parte. Avanzó unos metros más sin saber muy bien qué hacer.
—Alan, ¿estás ahí?
A los lamentos de su amigo se sumó una verdadera multitud de voces ininteligibles que transmitían su profundo sufrimiento. Las gotitas de lluvia le recorrieron el rostro. Una luz lo iluminó, junto a los árboles del bosque.
Gonzalo, cubriéndose el rostro y entrecerrando los ojos, distinguió una silueta. Apretó en el bolsillo, de forma inconsciente, su navaja, la navaja que su padre le dio. Pensó que seguramente iba a morir allí, pero que se iría matando esa cosa, sin importar lo que sea.
Un pensamiento ajeno le recorrió la mente. Solo hizo falta eso para doblegarlo.
«Yo ya morí»
***
Con los puños apretados con fuerza a los lados y la boca cerrada en una fina línea; Patricio avanzaba entre la penumbra. Sólo tenía un rumbo incierto: donde estuviera solo. Pero pasados unos minutos comenzó a razonar y darse cuenta de la estupidez que acababa de cometer. No sabía dónde estaba. Se detuvo. En un lugar así no podía dejarse llevar por las emociones. Intentó ubicarse pero todos sus intentos fueron en vano: trató de regresar sobre sus pisadas pero la lluvia las hacía imposible de localizar y en el cielo no reconocía ninguna estrella que le sirviera para ubicarse.
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El bosque
Horror¿Sabes cuál es el problema en la adolescencia? Aceptación. Pensalo unos momentos. Cuando uno es adolescente, ser aceptado es una de las mayores prioridades. Y Alan, Gonzalo y Patricio no son la excepción. Es por eso que quieren entrar a Los Reyes, e...