Flashback: Parte 1

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Todo ocurrió 3 años atrás, el 12 de mayo. Todas las alarmas saltaron en la Pizzería Familiar de Vito. Vito Kiniolini era un anciano de 87 años, de aspecto jovial y tierno. Perdió a su esposa debido a un cáncer de hígado 8 años atrás, pero nunca permitió que eso fuera una carga que impidiera seguir adelante. El anciano caballero no tuvo hijos, pero conocía a todos los infantes del barrio y siempre tuvo un trato amable con ellos. Sobretodo con la pequeña Cinzia Testa, recién llegada de Italia por mandato de sus padres. Esa tarde, Cinzia estaba tomando "la Margarita di Margarita", la pizza especial del chef, nombrada así en honor a su difunta esposa, puesto que era la favorita de la dama. Mientras almorzaba, Cinzia charlaba con el anciano. Vito le contó que su esposa nunca cocinaba, no porque no fuera capaz, sino porque ella siempre decía que la comida era más deliciosa cuando su marido la cocinaba. Vito nunca supo con certeza si eso era cierto, pero amaba escucharlo. De improviso, un personaje sospechoso entró en la pizzería. Llevaba un traje muy elegante negro y llevaba su rostro cubierto por una máscara. Además, sus manos estaban cubiertas por guantes. El individuo sacó una fotografía de uno de los bolsillos del traje. Observó detenidamente la imagen y luego escudriñó el local. Una vez su mirada localizó a la chica, guardó la foto y llevó su mano derecha a su espalda baja. De ella surgió una pistola P08 Luguer Mauser que apuntó a la dama. El individuo apretó el gatillo del arma y una explosión inundó la sala. La chica cerró los ojos atemorizada y tardó en abrirlos, pero una vez lo hubo hecho, deseó no hacerlo. Vito se encontraba frente a la chica, tras usar su cuerpo como escudo. La miró sonriendo y pronunció sus últimas palabras: "No pude salvar a mí mujer, pero pude salvarte a ti". Una vez exhalado su último suspiro, se desplomó contra el suelo, sin vida. El asesino había huido de la escena del crimen, dejando a una asustada niña con el cadáver de quién consideraba un amigo. Sin embargo, también dejó, en su temerosa huida, el arma que efectuó el crimen. Nadie quiso hacerse cargo del caso, pero el recién licenciado detective Ethan Smith de 18 años lo tomó sin demora. Nadie conocía el motivo de esta decisión, pero la determinación que mostraba no dejaba lugar a dudas. Iba a encargarse de ellos. Sin importar el precio a pagar.

El Caso McKenzieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora