Flashback: Parte 2

17 5 0
                                        

Tras aislar la escena del crimen, el detective se cubrió las manos con guantes, para evitar dañar las posibles huellas que el arma pudiera tener, aunque sospechaba que no habría ninguna. La empuñadura del arma tenía grabada una calavera con una "T" rodeando la cavidad de los ojos y la cavidad nasal. "Crimen organizado", pensó el detective y se quedó mirando a la única testigo del crimen. Anotó en un un pequeño bloc de notas su descripción: Un metro y cincuenta y cinco centímetros de altura, cabello corto negro, ojos verdes, complexión ligera, ascendencia mediterránea, quizá italiana o española. Tras ello, se acercó a la joven, para tomar su declaración. La joven temblaba de miedo mientras estaba siendo custodiada por las fuerzas del orden. Alzó la vista cuando vio al joven acercarse y noto que había perspicacia en su mirada y seriedad en su semblante afeitado. El detective tomó nota de lo sucedido mientras la chica relataba. Al terminar, le enseñó el arma a la testigo. El detective enarcó una ceja al ver a la chica palidecer.

- Señorita... ¿Me podría decir su nombre?
- Sí.... Eh... Es Cinzia... Cinzia....
- ¿Apellido?
- Testa....
- ¿Reconoce el arma?
-  No... —la chica miró a otro lado, evitando la mirada analítica de su interrogador.
-  Pues debería, pertenece a la mafia italiana. Para ser más específico, a la familia Testa.

La chica lo miro atemorizada, sin embargo el detective se marchó sin más. Volvió a la escena del crimen, pero todo rastro físico había sido borrado. No había casquillos de bala ni manchas de pólvora. El cadáver fue retirado por los forenses y la pizzería clausurada.

Lo que más le llamaba la atención a Ethan, era el objetivo. Estaba claro que querían acabar con la chica, lo que no sabía era el motivo de ello. Ella era el nexo que mantenía junto este caso, así que decidió volver para hacerle más preguntas.

Para su sorpresa, la muchacha había desaparecido. El joven negó con la cabeza y buscó un posible rastro que la escapista hubiera dejado. Nada. Sólo encontró unas pocas fibras capilares, pero eso no le llevarían a ningún lado.

- ¡Ethan!

La voz alzada de su ayudante lo traje de nuevo a la realidad, ya habían llegado a la comisaría.

- ¿En qué estabas pensando?
- Nada... Simplemente una vieja historia

El Caso McKenzieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora