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Capítulo 2: Sol, playa y arena

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                                                                                                                "Nada es una coincidencia."

—Hola hermana.

Llegue a casa y me llevo con la sorpresa de Nicolás. Casi nunca esta en casa. Mi hermano o lo que sea que es. Alto, piel canela y molestosamente guapo y tonto. ¿Porque tuve que salir tan fea yo? Los hermanos son las versiones de lo que podríamos haber sido. ¿Porque la que tiene acné y mal carácter fui yo?

¿Porque mi hermano se llevó toda la belleza?

Al menos, soy lista. Y si, él es cliché viviente popular con las chicas es un idiota y nada inteligente. Por eso, odio las películas. Ósea si, no tengo con quien verlas, pero igual. No lo soporto. Los chicos siempre son los mismos en las películas para adolescentes, literal todas las pocas que vi.

Ya me quedó claro que estas semanas serán más pesadas con su presencia. Siempre se va con sus amigos, y el viejo se lo permite. Envidio esa libertad. Envidia. Otra emoción negativa. Yo tengo hora de llegada, ropa adecuada cuando viene el viejo. Mi hermano hace lo que quiere. Yo soy... dominada. Creo en las leyes del universo y mi realidad puede ser una mierda, pero es mi realidad entre gritos insultos y golpes es algo que sé que merezco y no se puede mejorar. Por lo menos el viejo viaja mucho con todo el dinero invertido en negocios gracias a mi madre es una pena que falleciera y no pudiera gozarlo. Dudo que venga por un tiempo.

La vida es estúpidamente innecesaria. No te llevas nada. Ni lo vivido. Desapareces. Como una miga de pan comida. Y sí, el pan es rico. Pero siempre se acaba demasiado rápido. La Gran Explosión, el principio del universo. ¿Una estúpida e insípida explosión?

Simulación, ilusión, reencarnación, sueño, maldición, prueba. Vida. Mierda.

Lo miro a Nicolas y lo mando a San Pedro con la mirada. Se ríe. Él se hecha a reír y me mira fijamente.

—Qué feliz de verme, hermanita —enfatiza lo último con burla. Ah, lo odio.

—Hola, idiota. ¿Qué te trae por aquí? Estaba genial estando sola —insinúo.

—No es novedad que lo estés —ríe con vacilación—. Pero, ¿ese noviecito tuyo, el moreno alto?

—¿Ah? La marihuana hace mal, chico.

—¿Te da vergüenza admitirlo? Está guapo, lo más atractivo que podrías tener —se ríe en mi cara y luego cambia su expresión—. Es broma. No me mires así. ¡Eres una diosaaaaaa!

No le creo. Ni siquiera sé qué cara hice.

—¿Qué cara hice?

—Ni sabría explicártelo. Como el emoji confundido o triste. Siempre tienes cara de culo. Así que cuando cambia, es fácil notarlo. Ya te dije que eres más guapa que yo no sé por qué te ofendes. ¡Eres más guapa que cualquier chica! Una diosa.-Lo dice con su sonrisa ladina.

Lo ignoro. Siempre es un idiota.

—Ni siquiera sabría descifrar qué es sentirme como el emoji confundido o triste —pienso, pero él ya está...

—¿Qué?

Lo ignoro. Error.

—Dimeee —suplica. Me irrita más. Así que cambio de tema.

—Jake es como un mejor amigo. ¿Esos que van a tu funeral?

Esa es mi única definición de amistad.

Me mira como si supiera que "tramo" algo. No lo entiendo. Porque no tramo nada. Y me da mucha curiosidad saber por qué cree eso.

¿Novios? Eso jamás. No quiero ni necesito uno. Y mucho menos a Jake. 

LA JUGADA PERFECTAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora