Capítulo 2

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Harry entro a la pequeña tienda de varitas en el callejón Diagon, donde nadie lo reconoció y vio al señor Ollivander ahí parado en una esquina, era demasiado viejo y frágil, pero Harry había aprendido a no guiarse por las apariencias.

--- Ah, señor Potter --- lo saludo con la voz tenue --- el señor Black me dijo que vendría, mi pregunta es, ¿Por qué un joven prometedor e hijo de una de las familias más importantes en Gran Bretaña quiere trabajar como auxiliar en una vieja tienda de varitas?

--- Quiero hacerme de mi dinero, probarme a mí mismo que puedo con ello --- contesto Harry decidido --- siempre me intereso el arte de las varitas, a decir verdad. Pero mi educación magia fue dirigida para otros términos.

--- ¿No te molesta ensuciarte las manos muchacho? --- quiso saber Ollivander, por lo que Harry negó --- el trabajo consiste en limpiar, ayudar con los inventarios de varitas, subir y cargar cajas pesadas. Así como realizar diversos mandados que yo no pueda. Tendrías que estar aquí antes de las seis, ¿Qué opinas de ello?

--- Que estoy dispuesto --- dijo asintiendo con firmeza

--- El señor Black me dijo que no tendrías donde quedarte, tengo una habitación disponible, es para mi futuro aprendiz, pero mientras la puedes usar tu --- dijo sonriendo y señalando las escaleras.

--- ¿En verdad?, se lo agradecería mucho --- dijo emocionado Harry, era algo de lo que no debía preocuparse

Los días pasaron, todo iba bien con el señor Ollivander, de hecho se sentía a gusto, trabajaba como nunca lo había hecho en su vida, pero al recibir su primer pago se sintió mejor, que cuando solo iba a sacar dinero de la cámara de los Potter. Estaba decidido en no gastar, más que lo indispensable.

Pero un día llego un hombre algo raro a la tienda, tenía túnica costosa y veía a Harry más de la cuenta, Harry pensó que ese tipo le resultaba familiar, pero por el momento no sabía cómo o a quien le recordaba. Se encerró con el señor Ollivander por tres horas seguidas y después salió rápidamente sin comprar nada.

--- Harry --- le llamo el señor Ollivander, parecía nervioso, por lo que se acercó --- tienes que limpiar la chimenea, luego los ventanales...

--- Los limpie ayer antes del cierre --- dijo dudoso Harry

--- ¡No me digas que lo hiciste!, los veo sucio y los vas a limpiar --- dijo, luego paso su dedo por el mostrador ---- igual el mostrador, mira que es esto --- dijo enseñándole un dedo, pero Harry no veía polvo ahí, de hecho lo había sacudido hace dos minutos --- eso pasa, por contratar a niños ricos, que no saben hacer las cosas...

--- Una disculpa señor, ahorita mismo me pongo a limpiar.

Las cosas la siguiente semana empeoraron, lo ponía hacer el doble de trabajo, no lo dejaba subir hasta ya bien tarde en la noche y varios días lo despertó a golpes antes de las cinco, para que "ayudara" con cosas que para Harry podía esperar, pero en ninguna ocasión se quejó o protesto, siempre trato de hacer todo con una sonrisa.

El día de su descanso, era el mismo día que le pagaban, por lo que Harry se tuvo que esperar por más de dos horas, hasta que el señor Ollivander se decidió pagarle, estaba ansioso, porque había quedado en verse con sus amigos Draco y Blaise en la heladería.

--- Aquí tienes ---- dijo entregándole nueve galeones, Harry los miro desconcentrado --- ¿Qué?, ¿tienes algún problema con el pago?

--- Es que me había dicho que eran doce...

--- Yo no lo dije, la primera vez fueron doce, porque hubo más ventas. Mientras menos movimiento haya, menos te puedo pagar, ¿tienes algún problema con ello?

Todo o NadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora