Esteriotipos a la italiana

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Los Biersack, una familia italiana de gran prestigio en la ciudad de Sheffield, Inglaterra.

Migrantes desde hace más de cien años los Biersack habían llegado con la esperanza de un nuevo comienzo, deseaban ser reconocidos por sus magníficas habilidades culinarias, así que de generación en generación el negocio había pasado a manos del primogénito de la familia sin excepción.

Eran italianos, por lo menos de corazón y cada tradición perpetuaba en su familia desde su primer pisada en Inglaterra.

O al menos eso es lo que le decía Chris a su hijo cada vez que este rezongaba para trabajar.

No es que Andy odiara trabajar en el restaurante familiar, solo que aún no tenía paciencia para interactuar con algunos clientes por mucho que le pagaran, él simplemente terminaba siendo él, no se puede esperar mucho con un chico de once años.

—Hazme un sándwich —ordenó cierto castaño al muchacho de la caja quien abrió los ojos sorprendido ante la descortesía del contrario.

—¿Disculpa?—espetó Andy confundido frunciendo el entrecejo y agarrando un pedazo de pan, deseaba arrojárselo a ese idiota.

—Aceptada mi afeminado amigo, quiero que me hagas un sándwich,—respondió Oliver sonriente mostrando los billetes—emparedado o como lo conozcan en tu pueblo, con esas manitas, no quiero uno de la barra—explicó haciendo un gesto despectivo a los ya preparados.

Andy sentía su sangre arder, nadie le hablaba de esa manera, como es que ese completo desconocido se atrevía a actuar de ese forma con él, alzó el pedazo de pan con intención de tirarlo.

—Que te pasa pedazo de imbécil stronzo, en mi ...—

Oliver se cubrió la cara preparado para el impacto mientras Andy se preparaba para lanzarlo, sin embargo Chris detuvo la mano de su hijo dandole una mirada desaprobadora, y regañándolo enfrente del otro muchacho.

Andy tuvo que preparar el emparedado, no obstante farfulló todo el tiempo, hasta se quejó con su padre cuando tuvo que agregar el pastelito extra que saldría de su salario, entregó el pedido sin voltear a ver a ese castaño.

—Genial, ¿me darías salsa extra?—dijo Oliver viendo que tenía un pastelito de cortesía.

Ese había sido el colmo para Andy, tomando un bote de salsa lo apretujó en la cara del castaño manchándole la cara con salsa de tomate.

—Ciao, no vuelva jamás al restaurante no nos interesa su dinero— despidió Andy agitando su mano fervientemente ante la rápida huida del castaño.

A todo eso Andy seguía sin comprender que era la palabra afeminado, debía ser algo malo por la manera en la que el otro muchacho se lo dijo o era una broma para los chicos con cabello largo, tendría que discutirlo con sus padres, el solo era si mismo y quería mostrárselo al mundo, algún día estaría en las revistas de todo el mundo siendo famoso, pero aún no sabía cómo.

Oliver quería desquitarse del mocoso por lo que le había hecho, se sentía tan humillado teniendo que limpiar su cara y playera con unas servilletas en el autobús, había aprendido a teñir ropa esa mañana y aquel desconsiderado había arruinado su trabajo, pero no podía enojarse tanto con él, le parecía lindo cuando sus mejillas enrojecieron de ira.

Los meses pasaron, Oliver había decidido pasarse entre semana al restaurante para molestar al niño, le gustaba verlo enfadarse y la comida era realmente deliciosa, aún más si la cocinaba él.

One-shots sysackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora