Un mísero sistema

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Para Natasja los días comenzaron a ser grises y robustos, pesados y sin sentido, había visto a una mujer muerta déjese dicho triturada, despellejada con aire más allá del simple dolor. Los días siguientes recordó paulatinamente los hechos de manera casi patológica, como se levantaba de la cama con tanta tranquilidad, ventanas cerradas, ¿qué habría pasado ahí?, , cortinas disminutas, manubrio del baño frío, como si la misma muerte se avecinó y dejó sus huellas por doquier. El cuerpo de una amiga que hoy no está, demasiada información en poco tiempo o muy poca para tanto problema.

Aún sin saber nada de Joseph o los demás amigos.

Habría entrado un ladrón, ya eso era seguro para la mujerzuela, bebiendo alcohol estaban ebrios, alguno habrá dejado sin seguridad la puerta, tan achispada se encontraba que sus amables compañeros (y el amor de su vida) la dejaron en cama dormida, le cerraron las ventanas para que el sol no la despierte en la mañana y trágicamente el ladrón entró poco después localizando la hermosa diadema revestida en plata en el pelo de Alejandra, la cual puso resistencia y la desmenuzó, a lo que los demás habrían podido escapar por suerte, ¿y si no fue uno siendo toda una banda de malhechores?, la policía investigaba el caso, pocas respuestas, y la información estancada en alguna parte.

- suena el celular de Joseph -

Natasja desesperada, esperando una señal de vida, preocupada y emocionada porque posíblemente esta vez Joseph sí conteste el teléfono.

El número que ha llamado, no se encuentra disponible en estos momentos, por favor intente más tarde.

Se detuvo para respirar varios segundos, cerró el movil, y dispuso a darse una suculenta ducha "me lo merezco", "estoy estresada".

Se dispuso a corregir sus faltas, a ser mejor persona, volvería a la universidad, y trataría de llevar a cabo tantos consejos que Alejandra le daba.

Las gotas tibias de la ducha caían en su cuerpo mientras recordaba el plácido verano donde una de sus tardes había sido testigo de la pérdida de su frágil membrana, su inocencia se desvaneció flagrante y sus lágrimas decendieron de la misma manera que las rosas se marchitan y pierden su brillo. Así era Koprivova, una hermosa rubia de pocos senos que sucumbía ante los engaños de un pene, el cual más que sexo, le otorgaba emociones, y demás sensaciones abstractas las cuales tan pocas curvaturas y piernas no podían mantener. Ese mismo verano Alejandra dormía con ella aconsejándola, y secandole sus pequeños diamantes que recorrían sus rosadas mejillas, Joseph, la había abandonado de manera repentina y esporádica, pero ese no es el caso, Natasja no esta sincronizada a sus veinticinco años para pensar en el pasado, había cambiado, madurado, evolucionado, no era la misma rosa fúnebre y dolida de aquel entonces, aquella damisela que esperaba que su príncipe volviera por ella, al contrario, se sentía más paladín que el mismo caballero de la armadura oxidada, Homero, Hamlet, Darcy, Hércules incluso Frankenstein cuando juraba que no cometería más crímenes, que incluso quemaría su "mísero" cuerpo, y entienda bien usted lector, misérrimo en el caso de Koprivova.

Pasaba jabón por su hermosa piel dorada, tersa y enrojecida. Ciertas lágrimas balbuceaban en los lábios de la insignificante persona, que se trasformaron en abundantes estorbos para sus volátiles pensamientos de naturaleza altruista. Odiaba el hecho de aceptar muerta a Alejandra, tanto afán que demostró en vida para ver a su "pequeña desteñida" volver a entrar a la Universidad y postmórtem era la primera vez que ésta reconsideraba una vida profesional y ordenada.

Llegaron sus manos a sus genitales desolados y carentes de sentido. Cambió de jabón por uno sin olor como de costumbre y comenzó suavemente a aplicar higiene a sus entrepiernas, notando súbitamente algo extraño y poco usual, sus frágiles labios menores enrojecidos y un poco alargados, pasando sus dedos más al fondo encontró una minúscula herida dando a entender que un pequeño insecto la mordió con fervor , muy cerca de su entrada. Introdujo sus dedos en su cavidad para investigar lo que hizo que de repente sienta una profunda aflicción, multitudes de bolitas se encontraban en toda su cavidad palpable, similar a los granos de arena. ¿Joseph pudo haberme hecho algún daño estando borracha? No pudo ni mantener la duda por medio instante, no era ni siquiera posible imaginarselo. Joseoh no era más que un simple muchacho confundido en sus sentimientos, tan desgraciado y malafortunado como ella misma.

El sistema OcultoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora