| Enferma |

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Capitulo 27

Todo a mi alrededor comenzaba a volverse mas pequeño y de un momento a otro mi cabeza había vuelto a dar vueltas, llevábamos algunos minutos dentro de aquel elevador, Jorge seguía hablando pero si era sincera no recordaba nada de lo que salía por su boca. Solamente veía sus ojos analizarme con suma preocupación y como cada 2 segundos su mirada se redirigía a su celular con estrés y nerviosismo notorios. 

Quería mostrarme fuerte y demostrar en el error que el se encontraba, era casi imposible que tuviera temperatura, hace unos minutos moría de frio y justo ahora sentía como me derretía bajo aquellas 4 paredes de metal. Relamí mis labios con delicadeza, se encontraban partidos, aquello lo pude adivinar por la rasposa textura de estos, eleve una de mis manos para tocarlos, mal movimiento por mi parte porque al siguiente segundo me encontraba casi cayéndome a causa de mi actual inestabilidad. Mi brazo estaba siendo mi soporte dentro de aquel minúsculo lugar. Jorge estiro una de sus manos tratando de estabilizarme. Negué con lentitud un tanto avergonzada, y simplemente me limite a reincorporarme con movimientos un poco lentos. Justo cuando me había compuesto, las puertas del elevador se abrieron dejándonos ver el largo y ancho pasillo que yacía enfrente de nosotros.

El castaño se giro a mirarme y tomo una de mis manos para posicionarla detrás de su cuello, lo observe con confusión.

—Vamos...— moví mi mano con un poco de brusquedad provocando que el se alejara de mi, lo mire con atención y trague saliva con nerviosismo. La cercanía de Jorge extrañamente me ponía realmente incomoda. El ojiverde me miro con confusión en su semblante y relamió sus labios, claramente buscando alguna respuesta ante mi extraña actitud. Carraspee un poco mi garganta y enseguida hable.

—Yo puedo caminar sola...

El comenzó a reírse.

—Si...— ceso su risa por uno segundos —no mientas cariño.

Lo observe un tanto atónita ante su apodo y me quede en completo shock admirándolo, el aprovecho mi momento de distracción para tomarme entre brazos y sacarme del elevador. Fruncí mi ceño aturdida y lo observe con detenimiento. 

—No me llames así— solté al instante que sentí como el volvía a bajarme, para poder abrir con mayor facilidad la puerta de mi habitación, el castaño me miro sobre su hombro y sonrió descaradamente.

—¿Así como?— cuestiono. —¿Cariño?

—Aja...— susurre con pena mientras sobaba uno de mis hombros con inquietud. Jorge abrió la puerta por completo y me observo con cautela.

—¿Por?

—Es confuso.— solté por inercia, los ojos del castaño se abrieron de par en par y enseguida su sonrisa volvió aparecer.

—Para ti o para mi?— su sonrisa socarrona deslumbro mucho mas en su rostro, me moví un tanto incomoda y con pasos torpes comencé a caminar hacia adentro de la habitación, Jorge tomo una de mis manos y la paso por detrás de su cuello para ayudarme a caminar sin trastabillarme. 

Su sonrisa seguía estando y su mirada creída seguía en sus ojos, una ola de molestia paso por todo mi cuerpo, provocándome descontento al instante, aquella sonrisa de su parte era realmente irritante.

—¿Por que sonríes? No sonrías...

—Me han dicho que sonría cuando necesito quitarle la tensión al momento—aclaro el al instante, lo mire por unos segundos y observe la concentración con la que me ayudaba a sentarme sobre la cama, sus ojos pasaron por los míos y después una gentil sonrisa salió por sus labios.

Adorable CoincidenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora