Ya eran cerca de las ocho de la noche. Caminaba directo a la dirección que me había enviado Mackenzie minutos atrás justo cuando me había terminado de alistar para la fiesta. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, obviamente lo estaba, volvería a ver a Poché y probablemente las cosas terminarían peor, pero no me costaba intentarlo una vez más (o una última vez), necesitaba enfrentarla ya.
El ambiente se comenzaba a sentir aún cuando me faltaban algunos metros para llegar a su casa ya que podía escuchar un poco el ruido de la música y mirar a las personas llegar a la fiesta o ya estar ahí en el patio de aquel lugar.
Creo que lo único bueno que puedo sacar de aquí, es que esta fiesta no son como las de Mackenzie, son más pequeñas y "discretas", además de que no me quedaban lejos.
Bajé la mirada para sacar mi celular del bolsillo de mi chaqueta negra, el último mensaje que me envió Zie fue hace unos momentos avisando que se dirigían hacía acá, así que calculaba que llegarían en menos de diez minutos. Respiré hondo preparándome para lo que se avecinaba y seguí mi camino hacía la fiesta.
El patio era medianamente grande, así que había gente aquí platicando entre sí o también bebiendo mientras observaban, ya sea el cielo oscuro, o la calle contando cuantos carros pasaban. Eso era lo que los entretenían.
—Ey Calle, hola— alguien se interpuso en mi camino. Felipe estaba sentado en las escaleras del porche y, al verme, se levantó para saludarme. —Nunca pensé verte aquí, era más seguro que la policía apareciera en esta fiesta que tú— bromeo mientras se recargaba en el barandal.
—Hola, Felipe— saludé con una pequeña sonrisa ignorando todo lo que antes había dicho. Por instinto miré sobre mi hombro por si Poché se aparecía con Mackenzie antes de lo acordado.
No me gustaría que me viera en medio de la entrada a la casa, estoy segura que si sabe que estoy aquí, daría media vuelta y regresaría a su casa para no toparse conmigo.
—¿Qué tanto miras?— él siguió mi mirada y, como era de esperarse, no vió a nadie de interés.
—Nada— le respondí tranquilamente. Felipe le dio un trago a su bebida sin apartar sus ojos de mí.
—Bueno, ya que estas aquí sorprendentemente, ven, te acompaño a la fiesta— propuso mientras me tendía su mano. —¿O esperas a alguien?— preguntó.
—No, vamos— tomé su mano y lo arrastre hacía adentro de la casa.
Mi seguridad en entrar aquella fiesta había caído en el momento que pise un pie dentro. Todas aquellas personas que estaban me intimidaban demasiado, y más porque no las conozco.
—No seas tímida— sentí pequeños empujoncitos en la parte baja de mi espalda que me obligaron a entrar a pesar de mi inseguridad.
—No, no lo estoy— mentí mientras me dejaba guiar por la mano de Felipe en mi espalda.
Nadie volteó a vernos cuando entramos, todos estaban demasiado sumidos en las cosas que estaban haciendo. Dónde había más gente reunida era en la sala y todo porque estaban jugando a alguna dinámica que, a primera vista, se parecía al juego de la botella. El pasillo de la casa que conecta a todas las habitaciones estaba medianamente vacío, ya que había una que otra pareja hablando. La cocina no era un buen lugar para estar, solo había gente compitiendo para ver quien bebe más. Lo único que puedo rescatar es la música, era demasiado buena y hacía un ambiente tranquilo pero a la vez vivaz.
Felipe supo desenvolverse bien en la fiesta, nos escurrimos como animalitos entre las personas mientras él en ocasiones saludaba a la gente que conocía.
Llegamos a una parte casi lejos de la música y sin ninguna persona al fondo de la casa. Las escaleras que daban al segundo piso estaban totalmente vacías.
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Efecto Mariposa
FanfictionUn 8 de Agosto del 2014 fue el día en que María José desapareció. Nadie, ni siquiera yo, comprendimos el como ni el porque, pero lo que si se tenía en claro es que su desaparición fue un hecho misterioso. Años después de aquel doloroso día, regresé...
