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—¡Esto es tan delicioso!— ella exclamó al momento de probar de su helado —Debemos venir aquí más seguido— ella propuso y yo solo reí al verla. Me encantaba mirarla tan feliz —¡Calle, Calle!— su gritó llamó mi atención

—¿Qué pasa?— detuve mis pasos al ver que ya no avanzaba. Segundos después caí en cuenta que eso era debido a que no apartaba su mirada de mi cono. Oh, no.

—¿Me puedes dar de tu helado?— me pidió con uno de sus famosos pucheros, el que no le puedes negar nada.

—Poché...— susurré seria. Ella sabe que el helado es sagrado.

—Por favor, por favor— pidió mientras se acercaba a mi.

—¿Por qué no comes del qué pediste?— traté de cambiar de tema para que quite mi helado como su objetivo.

—Es que se me antojó el tuyo...— respondió con un tono de voz baja.

No pude con esta mujer.

—Te tengo que querer tanto para compartirte de mi helado— bufé acercándo mi cono a sus labios. Sus ojos brillaron al momento de ver mi acción y, con una sonrisa, le dio una probada.

—¡Gracias, gracias! Te amo mucho— sus labios impactaron en mi mejilla con cariño —Eres la mejor del mundo— añadió mientras achinaba sus ojitos aceitunas.

Yo rodé mis ojos con una sonrisa que aún no desaparecía de mi rostro. Poché se acercó a mi solo para entrelazar su mano con la mía y dirigirnos a otra tienda del pueblo en  busca de donde más entretenernos.

Estaba segura de que iría a donde ella quisiera, la seguiría hasta el fin del mundo si hace falta. No la volvería a perder de vista.

[...]

Mis pies dolían y seguro los de Poché también. Habíamos caminado por mucho tiempo, pero aún así faltaban dos horas para que las clases terminarán y así volver a su casa cada una como si nada de esto hubiera pasado.

—Wow, mira...— mi cuerpo dio un pequeño tirón hacia atrás cuando Poché dejó de caminar de repente —¿Tanto show solo para una simple persona?— dijo con algo de incredulidad.

Mi vista se dirigió hacia donde ella miraba y mi respiración se cortó al ver lo que presenciaban sus ojos. Estábamos justo frente la Iglesia y en esta pusieron un gran cartel de aproximadamente tres metros. En el había una gran imágen del "Profeta" con sus manos extendidas y arriba grandes letras negras que dicen "Todos somos culpables, pero decides si cargar solo con tus pecados o acercarte a mi y ayudarte a cargar con ellos."

—Es tan escalofríante— Poché tembló.

—¿Por qué lo dices?— pregunté sin apartar mi mirada del cartel. Había algo que no alcanzaba a leer muy bien...

—Bueno, míralo solamente— me susurró señalando con los ojos el cartel —Es un hombre con una máscara de un cráneo de ciervo y túnica blanca, ¿no crees que es algo tenebroso? ¿Por qué aceptan una imagen así como una autoridad? No creo en Dios, pero... dudo que eso sea lo más cercano a él— confesó.

—¿No crees en Dios?— aparté mi vista del cartel para verla sorprendida.

—¿Es en serio, Calle?— ella alzó una ceja sin entender —Pensé que lo sabías.

—Ah, ya, olvidaba que tú familia no es para nada religiosa— dije recordando perfectamente como rechazaban esas ideas, pero también las respetaban —Creo que ustedes son los únicos que no creen en Dios como todos aquí.

—Cada quien tiene su forma de vivir, y si ellos prefieren dedicarle su vida a alguien que, probablemente, no exista, en su problema— se encogió de hombros despreocupada. Me alarme un poco al oírla decir eso, alguien podría escucharla —Sin ofender, eh— me miró y yo negué con la cabeza.

—No te preocupes, tampoco somos tan devotos a la religión— mencioné mirando a todos los que pertenecen a la Iglesia de un lado a otro, parecen estar decorandola, o algo por el estilo —Entonces, ¿ni cuando eras pequeña pisaste aunque sea una capilla?— le pregunté con interés.

—Boba, ni siquiera para bautizarme— ella se ríe levemente mientras pasa de mi para seguir un camino lejos de este lugar.

Sus palabras me dejaron pensando demasiado en algo que escuché hace días. Alcé mi cabeza y me centré en las letras que no podía ver antes en el cartel, pero al pasar los segundos logré enfocarlas y pude divisar mejor el texto. Estas ponían que habrá un evento próximamente y que él mismísimo Profeta daría una Santa Misa en aproximadamente tres semanas, justo como pasó hace cinco años. Me quedé pensando en eso, ¿entonces él vendrá personalmente a mostrarse ante todos, eh? Mordí mi labio levemente al pensar que él es la causa de todos mis problemas. Si él no estaba, todo se acabaría, pero también es imposible hacerle algo con decenas de personas siguiéndole la espalda. Tendré que esperar si quiero actuar.

—¡Calle! ¿Vienes o no?— preguntó Poché Poché metros alejada mientras agitaba su mano derecha para llamar mi atención.

—¡Voy!— grité caminado hacía ella. Eché un último vistazo hacia atrás solo por curiosidad. El cartel tenía algo que no me permitía dejar de verlo.

A lo lejos pude ver a personas cargando papeles y otras instrumentos dentro y fuera de la Iglesia, pero una llamó especialmente mi atención dejándome pasmada.

—¿Pasó algo?, ¿qué viste?— preguntó Poché cuando llegué a un lado suyo. Su vista comenzó a buscar con la mirada algo que pudo captar mi atención así.

—No, nada importante— respondí con una sonrisa para no preocuparla y así poder seguir nuestro camino.

Después de un rato recorriendo los pocos establecimientos en el pueblo, ninguno lograba que dejará de pensar en esa persona que miré hace minutos, ¿qué hacía Lucas entrando y saliendo de la Iglesia? Me preguntaba una y otra vez. No lo sé, pero tendré que averiguarlo pronto.

Efecto MariposaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora